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Jóvenes talentos del cine de América Latina llevarán este año “sorpresa y emoción” al Festival de Biarritz, a través de una fuerte presencia de México y Argentina, el regreso destacado de Brasil y una atención especial a la producción de Chile.

“Tenemos una hermosa selección este año”, adelantó a la AFP el delegado general del Festival, Marc Bonduel, al presentar el evento previsto del 30 de septiembre al 6 de octubre en esa ciudad balnearia de la costa vasca del suroeste de Francia, sobre el Océano Atlántico.

En el menú hay 10 largometrajes, 10 cortos y 14 documentales, en competencia por los “Abrazos” que distribuirán los distintos jurados el 5 de octubre, junto a otros premios del palmarés.

La responsable de la programación, Lucile de Calan, adelantó que la misma buscará este año “sorprender, emocionar, e incluso conmocionar”.

“Sobre las 10 películas que compiten en la categoría largometrajes, 6 son primeros filmes de realizadores, que tienen alrededor de 30 años”, explica Calan.

Entre ellos, los chilenos Marcela Said (que trae "El verano de los peces voladores" presentada este año en el Festival de Cannes en la Quincena de los Realizadore), y Mateo Iribarren ("El Tío"); los mexicanos Claudia Sainte Luce ("Los insólitos peces gato") y José Luis Valle ("Workers") o el brasileño Caru Alves de Souza ("De menor").

“Este año tenemos filmes muy interesantes de Brasil en todas las categorías: documentales, cortos y un largometraje ” , comenta Bonduel. Destaca además la “increíble riqueza” del cine mexicano, que este años arrasó con varios premios en Cannes.

Fuera de concurso, una decena de filmes integrarán un “Enfoque en el cine de Chile”, incluyendo “Post Mortem” y “Tony Manero” de Pablo Larraín.

El cine chileno es actualmente objeto de renovado interés a nivel mundial, y no sólo por un mero motivo de calendario, tras la reciente conmemoración del 40º aniversario del golpe de Estado de 1973, sino ante todo por la creatividad de sus artistas jóvenes.

Películas chilenas se lucieron recientemente junto a las mexicanas en festivales de Toronto, Rotterdam o Berlín. En Francia, “No” de Pablo Larraín vendió más de 300 000 entradas.

Chile también estará presente en una exposición de “street art”  (arte urbano) de sus jóvenes graffiteros, que destacan a nivel mundial, y un homenaje al escritor fallecido Roberto Bolaño.

Entre los largometrajes destacan además “7 cajas” , de los paraguayos Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, también una primera obra, “Pelo Malo” de la venezolana Mariana Rondón, ya galardonada en Biarritz en 2007, mientras que Argentina presenta “La paz” de Santiago Loza y “ Wakolda” de Lucía Puenzo, también ya proyectada en Cannes.

El festival de Biarritz, que Bonduel define como “de ambiente” no se limita al cine sino que incluye conciertos, encuentros con cineastas o escritores, y espectáculos musicales.

Este año destaca un concierto del veterano cantante español Paco Ibáñez, otro de “ cumbia digital ” del grupo colombiano Sistema Solar, y en la fiesta de cierre estará presente la música electrónica “ rabiosa y comprometida ” del Instituto Mexicano del Sonido.

 La versión actual del festival de Biarritz existe hace 22 años pero la cita del cine de América Latina en este balneario comenzó en realidad 13 años antes, bajo otro formato.

“En 35 años, todos los artistas, realizadores, actores y actrices pasaron algún día por Biarritz ” , explica Bonduel. “ Hay muchos vínculos entre el País Vasco y América Latina, muchos emigraron y muchos otros vinieron en el otro sentido, después, por otras razones”.

El Festival goza de un clima amistoso, casi familiar, que perdieron otras citas internacionales del cine. Se vive como una especie de viaje de “arte y cultura” a América Latina. “Los miles de festivaleros que acuden, es como si se fueran de viaje una semana”, comenta Marc Bonduel.

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