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El disfraz de Burka Avenger, la primera superheroína animada de Pakistán, ha creado reticencias por las connotaciones sexistas del burka, pero sus autores recalcan que la serie defiende todo lo contrario y los espectadores lo respaldan.

"En la serie no se usa el burka en el sentido tradicional, nadie está oprimido", argumenta a Efe el creador de la serie, el cantante y estrella del pop local Haroon, quien hace una encendida defensa de los valores de igualdad y de defensa de la educación de su heroína.

El argumento gira en torno a Jiya, una huérfana que deviene joven maestra del ficticio pueblo de Halwapur (algo así como Villadulce) y que, en sus ratos libres, aplica sus habilidades en las artes marciales para luchar contra un político corrupto y un mago malvado.

La maestra, instruida en un nueva disciplina denominada takht kabbadi (lucha de la pizarra), ataca con libros y lápices a los villanos, que intentan por todos los medios cerrar la escuela del pueblo.

Las alegoría sobre las amenazas para la escolarización de los valientes alumnos, liderados por una niña, son claras: un político avaricioso y un malo de turbante negro y luenga barba llamado Baba Banduk, que se puede traducir como el hombre de las pistolas.

"Jiya solo usa el burka para esconder su identidad como cualquier superhéroe", prosigue Haroon, quien atribuye a parte de la prensa internacional cierta polémica por usar en una serie infantil una prenda a menudo asociada con la opresión de las mujeres.

En Pakistán, el burka -bastante diferente del afgano y más próximo al niqab árabe, que deja ver los ojos- es usado ampliamente en áreas rurales por las jóvenes, en especial las casaderas, para frenar miradas indiscretas que pongan en riesgo el honor familiar.

El disfraz y los movimientos de la Lara Croft paquistaní, en cualquier caso, recuerdan más al de los tradicionales ninjas que a las mujeres cubiertas en las calles de muchos países musulmanes.

"En Pakistán no ha habido ninguna polémica", añade el popular cantante y creador del personaje en una opinión respaldada entre los espectadores del pase especial que se dio el pasado fin de semana en un cine de la ciudad de Rawalpindi, vecina a Islamabad.

A decir verdad, la prensa local solo se ha hecho eco de la polémica a través de agencias y medios extranjeros, y la reacción mayoritaria ha sido de indiferencia o de apoyo a un producto audiovisual local que sitúa la educación como algo a defender.

"Aparentemente hay lugar para la controversia", escribía el pasado lunes la columnista Hajrah Mumtaz en el diario Dawn, ya que "la batalla por la igualdad de las mujeres paquistaníes incluye darles plena propiedad de sus cuerpos".

Sin embargo, Mumtaz -que confiesa no gustar de "burkas, niqabs, hiyabs ni, para que conste, barbas"- relativiza el debate sobre Burka Avenger porque el mensaje que transmite va más allá de su disfraz e incluso cree que puede tener un toque "subversivo".

La columnista recuerda que la protagonista de la historieta es una mujer que trabaja, "que mantiene el control de sí misma y de su vida, no está para nada desamparada y con quien es mejor no meterse".

Muchos destacan que la polémica prenda no aparece más que como disfraz e incluso la veterana defensora de los derechos femeninos Farkhanda Aurangzeb no ve nada reprobable en el cómic y apunta que "la maestra (sin disfrazar) va vestida de una forma muy moderna".

"No creo que lo del burka en la serie sea ningún problema", dice la joven Madiha tras ver dos capítulos en el cine de Rawalpindi, y añade que la paquistaní es "una cultura con mujeres que ni siquiera se cubren la cabeza y otras que usan burka".

Los espectadores se mostraban extrañados por el revuelo causado en la prensa extranjera y en general defendían el mensaje positivo de defensa de la educación, en especial de la femenina.

Haroon explica que desde su creación, el equipo ha tenido muy en cuenta la necesidad de trasmitir mensajes educativos -"en un envoltorio atractivo y de entretenimiento"- y que cada elemento fue pensado a fondo.

"Lo pensamos todo bien, probamos con grupos niños y hablamos con educadores y gente del medio audiovisual", afirma el líder de un equipo, que trabajó un año para crear los 13 capítulos de una serie que ahora se dobla al inglés para acceder al mercado internacional.

A la salida de la proyección, los niños se declaran incondicionales de la aguerrida maestra y de los libros que lanza a la cabeza de los villanos, pero muestran más bien indiferencia ante su vestimenta, no así algunos padres.

"Nunca voy a forzar a mi hija a llevar burka, pero si ve esta historieta y decide usarlo seré feliz, porque ese es el mensaje que a mí me gustaría transmitirle", dice a la salida del cine Anwar, un joven padre de clase media con su pequeña de la mano.

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