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La salud debe ser un asunto de Estado y de toda la sociedad. El reportaje que publicó EL COMERCIO en su edición de ayer (página 19) muestra un problema severo y que cabe corregir.

Los datos dan cuenta de medicamentos adulterados con componentes tales como tiza, talco o hasta cera. La supuesta medicina falsificada, no solo no tiene las propiedades curativas que se ofrece, sino que puede causar daño a la salud de los pacientes.

La investigación periodística, que intentó ser contrastada con las autoridades del ramo, evidencia además cambios en la fecha de caducidad de los medicamentos y otros datos que se imprimen para seguridad a los pacientes. La Fiscalía adelanta investigaciones.

Apenas 600 medicinas de unas 4 000 existentes tienen los datos en orden y con el requerido registro sanitario. Los informes proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) hablan de un 25% de medicinas falsificadas en los países menos desarrollados. Se presume que los falsificadores pertenecen a mafias de crimen organizado que lucran de este jugoso negocio aún a costa de la calidad de vida de la gente. Incluso en muchos casos pueden acarrear la muerte de los pacientes. Los fabricantes que asumen su rol con responsabilidad exigen que los controles posteriores a la emisión del registro deben aplicarse. Esta fórmula garantiza a los inversores serios, pero especialmente a la salud y a la vida de la gente.

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