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Cuando las importaciones se restringieron y se impusieron medidas arancelarias a la introducción de licor de fabricación extranjera, todas las advertencias que efectuaron los expertos se pusieron sobre el tapete: junto al aumento de precios, incremento del contrabando y problemas de salud pública que puede arrojar el consumo de bebidas de baja calidad y hasta falsificadas.

El Comité de Comercio Exterior fijó nuevos aranceles en junio. Hoy por hoy, la realidad muestra que las recaudaciones fiscales se restringen, pues un porcentaje importante (se estima el 60%) de los licores viene de contrabando y no pagan impuestos.

La primera alerta es la de la calidad. Muchas veces la salud se ha puesto en riesgo. El propio Gobierno denunció y clausuró laboratorios clandestinos que adulteraban licor. Pero resulta imposible controlar la calidad del licor de contrabando.

El contrabando está directamente alentado por el precio. Los licores de alta gama muestran valores inaccesibles por lo cual o se baja la calidad del licor o los clientes acceden a mercadería de contrabando. Hay botellas que pueden costar en las perchas cerca de USD 80, que se consiguen a USD 40 en el mercado clandestino. Lejos de ingresar dinero al arca fiscal o bajar las importación, como se buscó en principio, se abrió una puerta al contrabando. Conviene que las autoridades tomen nota de este delicado asunto.

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