3 de julio de 2018 00:00

Pablo Vargas y Daniel Rodríguez son más que un dúo dinámico

Pablo Vargas y Daniel Ridríguez recorrerán 90 km sobre la bicicleta en el Ironman de Manta el 8 de julio del 2018. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Pablo Vargas y Daniel Ridríguez recorrerán 90 km sobre la bicicleta en el Ironman de Manta el 8 de julio del 2018. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Carlos Augusto Rojas
Redactor  (D)

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Pablo Vargas combina su trabajo y los entrenamientos diarios como tantos otros deportistas aficionados que se han preparado para el Ironman 70.3 de Manta, con la diferencia que él no puede ver.

Oriundo de El Corazón, en el cantón Pangua (Cotopaxi), este abogado de 32 años competirá con un traje de Robin y Daniel Rodríguez, su guía, se vestirá como Batman.

Cuando circulan sobre la bicicleta tándem, a toda velocidad y con sus capas al aire, parecen volar. Daniel agarra siempre el manubrio porque su amigo es una persona no vidente desde el 2013.

Batman y Robin se conocieron en la carretera cuando se dirigían a Tulcán en el ciclopaseo que une Quito, Ibarra y la ciudad fronteriza. Dos años atrás, en medio de la vía Panamericana, el guía voluntario que llevaba a Pablo sobre la bicicleta se agotó. Algo parecido ocurrió con la persona no vidente a la que conducía Daniel, quien ese día ya vestía el traje del hombre murciélago. Así se juntaron en medio del asfalto y sin pensarlo dos veces pedalearon hasta llegar a Tulcán. Ahora, con un mejor estado físico, participarán en su primer Ironman 70.3, el triatlón de 113 kilómetros que se realiza por cuarto año consecutivo en el puerto manabita.

Pablo Vargas no puede ver desde hace cinco años. Sorprende la firmeza de su voz cuando recuerda la seguidilla de sucesos desafortunados que culminaron con aquel día de mayo cuando dejó de mirar, con sus ojos, el mundo y sus colores.

En el 2010 lo asaltaron, tuvo hemorragias internas y producto de un golpe se desprendió una retina. Meses después fue víctima de dos secuestros exprés y un día se despertó en una clínica sin saber qué ocurría. Después de ese último asalto lo habían dejado en la vía, a la altura de Tambillo, y fue atropellado por un vehícu­lo. De eso casi no recuerda nada, pero tiene 16 tornillos en la pierna y reconstruidos el colon, el bazo y la vejiga.

Regresó a El Corazón para recuperarse con los cuidados de su familia. No pudo egresar de la universidad y empezó una lenta recuperación. Como consecuencia de los golpes y tras una operación que no dio los resultados esperados, perdió completamente la vista.

Se repuso de una manera admirable, fue a la escuela para ciegos y en pocas semanas estaba ya con un bastón en las calles. “Un mes me tomó adaptarme al mundo de los ciegos”.

En el 2014 retomó su tesis y con la ayuda de una amiga la escribió, luego la defendió y se graduó como abogado de la Universidad Central. Ahora trabaja en el área jurídica de una entidad pública y este 2018 se propuso realizar su primer Ironman. Lo más curioso en materia deportiva es que, a inicios de año, apenas sabía nadar y ahora está listo para bracear los 1 900 metros del reto de Manta. En el mar, esa distancia puede ser mayor porque nunca se nada en línea recta.

Luego deberá recorrer 90 km sobre la bicicleta y finalmente correr 21 km. Todo eso junto con el economista que viste de Batman.

Después de cumplir con sus actividades laborales, en horario de oficina, estos admirables chicos se dirigen a entrenarse. Andrés Páez, un entrenador certificado por Ironman, es su guía deportivo. Él admira la determinación y la responsabilidad con la que cumplen las tablas de entrenamiento. Se ejercitan sobre la bicicleta en Cyclo Studio y corren por los parques y las calles. Los domingos acuden al parque Bicentenario, donde llaman la atención con sus capas al aire. En el agua tienen la guía del entrenador Luis Flores.

La ocurrencia de los disfraces es parte ya de este equipo. Así han competido en pruebas de ciclismo y de atletismo, como la reciente Últimas Noticias 15K.

Antes de conocer a Pablo, Daniel ya se vestía como Batman porque él realiza visitas a hospitales y orfanatos para “llevar sonrisas” a niños y adultos con la agrupación Payasadas Brillantes. Al principio se vestía como ‘clown’, pero un día fue como el hombre murciélago y los niños se emocionaron aún más. Desde entonces, la máscara y la capa son parte de su atuendo.

“Mi propósito en el Ironman 70.3 es vencer todas las barreras para demostrar que se pueden hacer las cosas y que quede un precedente”, explica Pablo, quien competirá este domingo junto con Daniel.

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