3 de enero de 2016 00:00

La familia y las terapias los ayudaron para volver al fútbol

Jayro Campos en uno de sus ejercicios de fortalecimiento

Jayro Campos en uno de sus ejercicios de fortalecimiento. Foto: Archivo / EL COMERCIO

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David Paredes
Redacción Guayaquil (D)

Jayro Campos ha buscado alternativas para obtener ingresos económicos. Desde hace dos años, cuando se lesionó del tendón de Aquiles, el zaguero central de 31 años no ha estado en las canchas. Si bien se entrena en Liga (Q), no tiene un contrato y no percibe un sueldo, solo recibe terapias con Fernando Iza.

Junto a su esposa, Sandy Anangonó, abrió en diciembre un restaurante en el norte de Quito. Ahí trabaja ocasionalmente como cajero y de vez en cuando se pone un mandil y hace de mesero para ayudar a su señora, quien ha sido pilar fundamental en su recuperación.

En el día a día, Campos divide su tiempo entre las prácticas en el complejo de Pomasqui y el restaurante. Desde que se lesionó pasa más tiempo en casa junto a sus cuatro hijos.

Campos todavía siente que necesita fortalecer más su tendón de Aquiles antes de volver al fútbol. Su tobillo todavía no se dobla como cuando era más joven. Por eso, para ponerse a punto, realiza ejercicios extras con pesas e instrumentos terapéuticos que los utiliza diariamente.

“A veces, los trabajos que hago con pesas son más duros que un entrenamiento de pretemporada. Necesito esto para volver al fútbol como antes”, dice Campos.

Todos sus progresos son reportados al cuerpo médico de Liga de Quito. En su casa, su esposa y sus hijos le han ayudado a sobreponerse anímicamente. Ellos fueron su inspiración.
“Ellos son los que no me permitieron retirarme del fútbol”, confiesa Campos.

Jaime se respaldó en sus padres y compañeros 

Los siete meses que Jordan Jaime estuvo lesionado fueron los más difíciles de su carrera. El jugador de Emelec se deprimió durante las primeras semanas, pero gracias al apoyo de su padre, Iván Jaime, recuperó las ganas de entrenarse.

El jugador sufrió una rotura de tibia y luxación de tobillo en octubre del 2014, cuando los eléctricos jugaban ante Goiás, por la Copa Sudamericana. Salió de la cancha en camilla, llorando, y al día siguiente fue intervenido en una clínica de Guayaquil.

La depresión del jugador se dio porque era su debut en un torneo internacional y el club recientemente había comprado su pase. Él llegó a Emelec proveniente de Rocafuerte.

“Toda mi familia me estaba viendo, fue duro para todos. Las imágenes que pasaron en la televisión fueron fuertes”, contó el zaguero de 20 años.

El apoyo de su familia y de sus compañeros fue importante para su recuperación. Cuenta que Pedro Quiñónez era quien más conversaba con él. Le pedía tranquilidad para pasar el mal momento.

Jaime realizó trabajos de fisioterapia en la clínica de Tony Ocampo, médico del club, y luego fortaleció su físico en el complejo de Los Samanes. El especialista destacó que la edad del jugador ayudó para que su recuperación avanzara con celeridad.

Luego de su lesión, el futbolista regresó a las canchas en mayo del año pasado, ante El Nacional, en las reservas. En ese torneo disputó 17 partidos y anotó un gol, pero no jugó en el primer equipo.

Su dolencia también sirvió para conocer mejor al arquero Javier Klimowicz, quien también estuvo lesionado más de dos años.

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