2 de junio de 2014 00:08

A la cima del tenis se llega con disciplina y dedicación

La tenista estadounidense Serena Williams golpea la bola durante su partido de la segunda ronda del Roland Garros disputado contra la española Garbine Muguruza el pasado miércoles 28 de mayo. Foto: EFE

La tenista estadounidense Serena Williams golpea la bola durante su partido de la segunda ronda del Roland Garros disputado contra la española Garbine Muguruza el pasado miércoles 28 de mayo. Foto: EFE

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Redacción Deportes

El camino a las grandes citas del tenis mundial es largo y complicado. A los entrenamientos diarios de cinco y seis horas se deben sumar los viajes para disputar torneos cada semana.

Solo de esa manera una tenista tiene la oportunidad de sumar los puntos que le permitirán clasificarse a los grandes abiertos. Eso ocurre en el ámbito profesional y también entre los juveniles.

Aunque se quedó eliminada sorpresivamente en la segunda ronda de Roland Garros, la estadounidense Serena Williams es la indiscutida número uno del tenis femenino mundial.

Ella ya ganó USD 1, 8 millones en lo que va del año y se estima que a sus 32 años ha conseguido unos 56 millones. Ella es un ícono de este deporte y gana aún más por sus contratos para ser la imagen de empresas y campañas publicitarias.

Con 60 títulos profesionales es ya una leyenda del tenis femenino por lo que en todo el planeta muchas deportistas sueñan con enfrentarse a ella o a la china Na Li, la rusa María Sharapova, entre otras de las mejores del mundo.

Una de esas deportistas es Camilia Romero, una quinceañera guayaquileña que hoy mismo está disputando una gira europea juvenil en la categoría de 16 años.

La temporada de la ecuatoriana ha sido estupenda.

Jugó nueve torneos de la gira Sudamericana (Cosat), y obtuvo 12 títulos entre individuales y dobles. Eso le permitió ubicarse en el segundo lugar del escalafón regional y clasificarse a la gira europea.

La semana pasada llegó a cuartos de final del Torneo Under 16 Biella, que se disputó en Italia, y estará en Europa por tres semanas más.

Esa buena temporada es fruto de una dedicación que no le deja tiempo ni para las vacaciones. Ella no viajó a los paseos familiares en los últimos cinco años por dedicarle tiempo a los entrenamientos y a los torneos. Así lo recordó Antonio Romero, su padre.

Camila estudia en un colegio regular, por lo que se entrena una hora en la mañana y unas cuatro más en las tardes. Por eso, ella apenas tiene tiempo para las tareas del colegio después de las 20:00.

Ese sacrificio lo hace con agrado porque sueña con ser profesional. Sus padres la apoyan incondicionalmente y hasta le ayudan con resúmenes de las tareas que le mandan en el colegio. Su padre, incluso, le da clases de matemáticas por las noches para que no se desnivele de sus compañeras.

En el colegio le dan permiso para sus viajes, que en ocasiones son de cuatro semanas consecutivas, como el de la gira en el Viejo Continente.

En ocasiones, sin embargo, extraña a la familia y a las amigas. No puede asistir a todas las fiestas que realizan sus compañeros de generación, pero en cambio encuentra una gran recompensa al viajar, entrenarse y competir. “Es un gran sacrificio el que ella realiza, pero lo hace porque ama el tenis”, explicó el padre.
Las largas horas de ejercitación de Camila incluyen también pesas en el gimnasio.

Además de la buena condición física y técnica, los tenistas deben cultivar la mentalidad ganadora. El tenis es un deporte que exige mucha concentración y determinación dentro de una cancha.

La guayaquileña, que mide 1,75 metros de estatura, es una de las competidoras más temidas del circuito sudamericano.
Camila se crece en los momentos de adversidad y sueña en el profesionalismo.

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