21 de noviembre de 2014 12:20

Wawrinka venció a Tsonga en la Davis con récord mundial de espectadores

El suizo Stanislas Wawrinka (i) y el francés Jo-Wilfried Tsonga posan para los reporteros gráficos. Foto: AFP

El suizo Stanislas Wawrinka (i) y el francés Jo-Wilfried Tsonga posan para los reporteros gráficos. Foto: AFP

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Agencia AFP

La final de la Copa Davis que se disputa este fin de semana en la ciudad francesa de Lille entró en la historia antes incluso de conocerse el resultado final, ya que marcó un récord de espectadores en partidos oficiales de tenis.

Las 27 432 personas que según la Federación Internacional de Tenis (ITF) asistieron al choque entre el francés Jo-Wilfried Tsonga y el suizo Stanislas Wawrinka superan las 27 200 de la final de 2004 en Sevilla entre España y Estados Unidos.

Wawrinka puso hoy en ventaja de 1-0 a Suiza en la final de la Copa Davis al derrotar al francés Tsonga por 6-1, 3-6, 6-3 y 6-2. El triunfo del número dos del equipo suizo sobre el líder de la escuadra francesa decepcionó a los más de 20 000 aficionados locales.

Roger Federer se mide a continuación al francés Gael Monfils en el segundo individual de una final en la que Francia busca su décimo título. Los galos fueron otras siete veces finalistas, pero no ganan desde 2001. Suiza, que sólo jugó la final en 1992, aspira a sumarse a la lista de campeones.

En una fría aunque soleada tarde en Lille, en el norte de Francia, tres potentes derechas le dieron a un dominante Wawrinka el primer punto del partido 11 minutos después de las dos de la tarde.

El suizo tendría incluso un break point para adelantarse 2-0, pero Tsonga, que comenzó el partido agarrotado, salvó la situación. No pudo hacerlo sin embargo dos juegos después. Wawrinka quebró, se adelantó 3-1 y gritó un "¡¡vamos!!" coreado por sus compañeros al borde de la cancha, entre ellos un activo y nervioso Roger Federer.

Imponente, Wawrinka ganó su servicio en cero para situarse con ventaja de 4-1. El público francés se lanzó a alentar a Tsonga, aunque sin ocultar cierto desconcierto. La euforia se instaló en cambio en los hinchas suizos, clara minoría entre los 27.000 espectadores del estadio Pierre Mauroy. Tenis ausente y manojo de nervios evidente, Tsonga volvió a ceder su servicio y Wawrinka no perdonó: 6-1 en apenas 26 minutos de juego.

Gracias a un sistema de calefacción, el gigantesco escenario ofrecía calor en las gradas inferiores, aunque un intenso frío para aquellos que estaban en el anillo superior de la tribuna del escenario, habitual sede de los partidos de fútbol del Lille. Frío, y mucho, era también lo que debía sentir Tsonga. Consciente de ello, Arnaud Clement, el capitán francés, comenzó una sesión psicológica a trozos, hablándole intensamente a su jugador en cada cambio de lado. La idea era revivirlo.

Entre ese energizante anímico y un cambio de raqueta, Tsonga comenzó a salir del pozo. Un brillante passing shot paralelo de derecha y una stop-volley en apenas un minuto le dieron el envión mental que necesitaba.

Wawrinka colaboró entregando su servcio con una doble falta. Tsonga se adelantaba 3-1 y Francia volvía a sentirse viva. Tan viva como mustio estaba Wawrinka, cuarto del ranking mundial pero muy lejos del jugador de la primera media hora. Tsonga, 12 de la clasificación, se llevó el set 6-3 con un potente servicio y la final volvía a comenzar.

Llegó entonces el minuto 95 del partido, clave en su desarrollo: Tsonga sacaba con la presión de un 2-3 y 30-40 en el tercer set y falló el primer servicio. El segundo entró, pero no sucedió lo mismo con su derecha posterior, un nervioso ángulo invertido que se fue por el pasillo de dobles.

Suiza volvía a soñar con el 1-0. Wawrinka dispuso de set point sacando 5-3 y lo que ofreció fue una doble falta. ¿Se derrumbaba el suizo? No, porque en la siguiente oportunidad y con un golpe marca de la casa -revés cruzadísimo en ángulo corto- se llevó el parcial por 6-3 para adelantarse dos sets a uno y situar a Tsonga, físicamente la reencarnación de Muhammad Alí, contra las cuerdas.

Tsonga ya no regresaría de allí. Con una subida a la red y definiendo con una volea de derecha, Wawrinka cerró en dos horas y 24 minutos el partido para que Suiza mande en la final. Seis días atrás, en Londres, Mirka Federer le había gritado "llorón". Hoy, ausente en Lille, quizás ni la esposa del número dos del mundo habría dudado en colgarle el cartel de "héroe".

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