18 de enero de 2017 00:00

Guayasamín: ‘Recibir la bandera a cuadros del Dakar nos hizo llorar’

El piloto ecuatoriano Sebastián Guayasamín junto a su copiloto Mauro López (ARG) compiten en su Toyota del equipo Ecuador Dakar el durante la décima etapa del rally Dakar en Alto Jague La Rioja (Argentina). EFE

El piloto ecuatoriano Sebastián Guayasamín junto a su copiloto Mauro López (ARG) compiten en su Toyota del equipo Ecuador Dakar el durante la décima etapa del rally Dakar en Alto Jague La Rioja (Argentina). EFE

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Martha Córdova. Redactora (D)

‘El llanto no se pudo contener. Cuando recibí la bandera a cuadros en el último especial de velocidad, solo quería llorar, bajé el volumen del intercomunicador con mi copiloto, Mauro Lípez, pero él también sollozaba”, recuerda Sebastián Guayasamín.

El quiteño, de 33 años, es el primer piloto ecuatoriano en culminar el Rally Dakar, considerado el más peligroso del mundo. “Me siento como el día de mi graduación en la universidad. Es un proyecto que nació hace cinco años, lo fuimos trabajando día a día. Planificamos cada detalle, hicimos las tareas que debíamos hacer, nos presentamos al examen y ahora nos graduamos”.

En el 2013 ganó su primera carrera en Argentina, una competencia que se realiza en las carreteras por donde pasa el Dakar. Fue allí donde nació el equipo Ecuador Dakar, cuya meta fue correr este desafiante rally y completar sus 12 etapas.

Participó en las ediciones 2014 y 2015, donde solo avanzó hasta la quinta etapa. Esta vez retornó al país con la medalla que otorga la organización a quienes la completan.

La edición 2017 fue muy compleja por la serie de tramos que fueron suspendidos por la lluvia y los caminos empantanados. “De las 12 etapas hubo dos, donde no tuvimos tregua”.

Sebastián se refiere a la etapa entre La Paz y Uyuni, de 622 km. “Los circuitos eléctricos colapsaron, toda la noche trabajamos con el equipo mecánico y a las 08:00 ya partimos para una etapa de 892 km, con la misión de cuidar el auto”.

Este es la Toyota del equipo Ecuador Dakar del piloto Sebastián Guayasamín, quien finalizó la carrera junto con  el argentino Mauro López. La imagen corresponde a la jornada del viernes 13 de enero. Foto: Nicolás Aguilera/  EFE

Este es la Toyota del equipo Ecuador Dakar del piloto Sebastián Guayasamín, quien finalizó la carrera junto con el argentino Mauro López. La imagen corresponde a la jornada del viernes 13 de enero. Foto: Nicolás Aguilera/ EFE

Pero es la décima, la considerada maratón, donde no podía recibir asistencia mecánica la que probó su tesón y perseverancia. “Manejamos 24 horas, llegamos muy cansados y dos horas después iniciamos la siguiente etapa. Fueron 10 horas más de conducción”.
Dijo que jamás pasó por su mente el retiro. “Eso no pasa por la cabeza de un piloto. Te quedas fuera cuando el auto no da más, pero jamás pensamos en dar un paso al costado”.

Lo que sí hizo, en ese amanecer del jueves 12 de enero fue “parar en plena carretera, sacamos un cojín y lo pusimos junto al auto. Prendimos el despertador y lo programamos para 30 minutos. Dormimos ese tiempo, que fue como un cerrar y abrir los ojos, pero el descanso fue reparador para continuar. Eran las 03:00”.

En este balance, Sebastián Guayasamín agradece a su equipo técnico y mecánico que lo lideró Juan Escudero .“Trabajaron los 15 días de la carrera, las 24 horas. Ellos empezaban a trabajar a las 22:00 y nos entregaban listo el auto a las 06:00. Enseguida salían a recorrer 1 000 km para llegar antes de nosotros al siguiente punto de asistencia”.

Mencionó que fue tan meticuloso y profesional su trabajo que “en las etapas maratón, cuando no se permite la asistencia, llamábamos a Juan por el teléfono satelital para que nos ayude a solucionar los problemas mecánicos, y nos dejaba en el auto las herramientas y piezas para reparar y seguir”.

Destacó las cualidades de su otro compañero de participación, su Toyota Hilux. “Llegó a Buenos Aires sanito. Sin golpes, ni daños. Hubo problemas eléctricos y mecánicos que son propios de la competencia, pero el motor, y la caja de cambios, llegaron intactos”.

Dijo que no tuvo necesidad de cambiar el embrague como lo hicieron otros equipos en cuatro o cinco ocasiones. “Llevamos 20 llantas y solo gastamos seis. Es un auto ideal para el Dakar”.
Pero si bien el recuerdo de cada etapa lo repasa en su mente, hay un detalle que lo quebró emocionalmente. “Llegar a Buenos Aires, al cierre del Dakar ya nos había hecho llorar, pero fue mucho más emocionante mirar que allí estaba mi esposa, María Alicia, quien había viajado desde Quito para compartir juntos este sueño que lo hicimos realidad”.

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