12 de junio de 2015 16:54

Salinas: un ejemplo de desarrollo

Desde la carretera que conduce de Ambato a Guaranda se puede apreciar la majestuosidad del imponente Chimborazo.

Desde la carretera que conduce de Ambato a Guaranda se puede apreciar la majestuosidad del imponente Chimborazo.

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Telmo Arévalo Cuesta. Redactor invitado

¿Quién no ha oído hablar de Salinas, uno de los más importantes balnearios de la Costa ecuatoriana? Allí la suntuosidad y el glamour hacen que muchos sueñen con visitarlo en sus siguientes vacaciones.

Pero esta vez no vamos a hablar de ese Salinas, sino de uno más sencillo pero no menos hermoso: Salinas de Tomabelas, Guaranda, en la provincia de Bolívar.Si a usted, amigo/a lector/a, le gustan los chocolates de muy alta calidad y delicado sabor; los quesos frescos, maduros, tipo mozarela y más productos derivados de la leche; unos embutidos de primer nivel, o el especial aroma de los hongos secos, producidos al natural, esta recomendación le caerá como anillo al dedo.

Partiendo desde Quito, fácilmente se puede visitar Salinas de Guaranda y volver el mismo día, siempre y cuando la salida sea muy temprano para conocer la población y su oferta sin mayor apuro.

Pero si tiene la posibilidad de hacerlo con más calma y emplear, por ejemplo, un fin de semana completo, el disfrute será aún mayor.

En Quito hay que tomar la carretera Panamericana Sur hasta Ambato (130 kilómetros, aproximadamente), y desde ahí continuar por la carretera E491 que conduce a Guaranda (95 km). En el trayecto se atraviesa el páramo seco conocido como el Arenal, ubicado en las faldas occidentales del Chimborazo.

Allí se puede aprovechar para disfrutar las maravillas que el nevado ofrece, en especial si el día está despejado. La grandiosidad de su tamaño y el respeto que inspira la montaña más alta del Ecuador son impresionantes.

Siguiendo por esa vía, unos ocho kilómetros antes de llegar a Guaranda un semáforo y un letrero indican que se debe tomar a la derecha para ir hasta Salinas de Tomabelas. Un camino sinuoso, pero en muy buen estado, discurre entre las campiñas bolivarenses, mostrándonos paisajes serranos llenos de verdor. Vale la pena conducir despacio para disfrutar lo que la naturaleza nos ofrece.

La población es pequeña y apacible. Se calcula que Salinas tiene 9 000 habitantes, aproximadamente.

La población es pequeña y apacible. Se calcula que Salinas tiene 9 000 habitantes, aproximadamente.

Poco a poco van dejándose ver unos hermosos farallones de roca volcánica, donde es posible encontrar cuevas que posiblemente fueron utilizadas como vivienda por nuestros antepasados.
El altímetro marca 3 550 metros sobre el nivel del mar, y, dependiendo del clima y el viento, el frío se puede hacer sentir con intensidad. Hemos recorrido 18 kilómetros desde el desvío y estamos ya en el pintoresco pueblito de Salinas.

El poblado es pequeño. La plaza principal, que está delante de la iglesia, acoge tanto eventos culturales como la práctica de fútbol, básquet y ecuavóley. Hay casitas de todo tipo: tradicionales de adobe y tejas como las más modernas y de hormigón. La mayoría aún utiliza también la madera, para construir villas de tipo español.

Salinas se destaca por sus actividades agroindustriales que giran en torno a la leche, Resaltan los quesos y otros derivados, todos cobijados bajo la marca Salinerito, que exporta sus productos a varios países de Europa y Japón.

También son reconocidos sus tejidos y artesanías. No obstante, el producto estrella es el chocolate, que en diversas presentaciones y sabores conquista el paladar de los visitantes y de muchas personas en todo el país.

Salinas debe su nombre a las minas de sal y agua salada que se explotaban en siglos pasados, y que todavía se pueden conocer. Basta con cruzar el río Salinas, que está junto al pueblo.

También es recomendable hacer un recorrido por las pequeñas fábricas de quesos, chocolates, turrones de macadamia y embutidos, donde, además de probar sus productos, los visitantes también pueden adquirirlos para llevarlos a sus lugares de origen.

Para satisfacer el apetito existen varios restaurantes de diversos precios y calidades, los cuales ofrecen sabrosa comida típica de la Sierra, capaz de satisfacer hasta al paladar más exigente.
Para dormir también están disponibles múltiples alternativas asequibles para todos los bolsillos. El disfrute está asegurado.

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