10 de agosto de 2016 00:05

Carlos Mina, el boxeador que hace rimas fuera del cuadrilátero

Carlos Mina pelea este miércoles 10 de agosto ante Joseph Ward por el paso a los cuartos de final. Foto: AFP

Carlos Mina pelea este miércoles 10 de agosto ante Joseph Ward por el paso a los cuartos de final. Foto: AFP

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Álex Puruncajas
Río2016

Carlos Mina atravesaba el gimnasio de boxeo de la Tola -semillero de púgiles olímpicos- a ritmo de hip hop, en su adolescencia. Entonaba sus líricas al mismo tiempo que movía los brazos y extendía sus dedos.

Siempre se lo veía animado. Dispuesto a enfrentarse a cualquier adversario, en el ring. Hacía bromas con sus compañeros, los talentos que se formaban como boxeadores.

Era ‘muy ocurrido’. Por eso, llegaron a llamarle ‘El loco’. Lo recuerda Segundo Chango, el exentrenador de la selección de boxeo, que tuvo al talento bajo su tutela cerca de 10 años.

Mina llegó al gimnasio a sus 14 años. Diez años después compite en sus primeros Juegos Olímpicos, en Río de Janeiro. Hoy pelea ante el irlandés Joseph Ward, vicecampeón mundial, por la división de los 81 kilogramos (17:15). El ganador irá a los cuartos de final y estará a solo una pelea de una medalla olímpica.

Pisó las tablas de la Tola por primera vez junto a su primo Abel Mina. Ocurrió luego de un selectivo que Pichincha hizo en el cantón Puerto Quito, lugar al que llegó a los 12 años con su mamá. Ahí se vinculó al deporte que le permitió abrirse futuro, tener una nueva calidad de vida.

Él nació en Guayaquil, ciudad en la que se subía a los buses para cantar y entonar su lírica a cambio de unas monedas de los pasajeros.

En Puerto Quito, su madre se dio modos para criarlo junto con sus siete hermanos. Andaba por las calles de tierra del cantón de Pichincha. A veces, los más grandes le daban ‘coscachos’.
A ellos los veía ponerse los guantes y eso le llamó la atención, más que el fútbol, un deporte en el que quería jugar como ‘7’ o como delantero.

Hasta que un día quiso defenderse con los puños. Espiaba las prácticas a través de una ventana del gimnasio del cantón Pichincha. Entonces, lo observó Carlos Vásquez, un cazatalentos de púgiles. El técnico le mostró los guantes rojos y le ordenó que se los probara. “Fue como un magnetismo. Al ponerme los guantes sentía que me transformaba en Rocky Balboa”, contó el guayaquileño, de 24 años, antes del viaje a la ciudad brasileña.

Por su talento, fue escogido para venir a Quito. Llegó al gimnasio de la Tola. Posteriormente, también pasó por la residencia de la Concentración Deportiva en el Coliseo General Rumiñahui, en La Vicentina.

Llegó y siempre se mostró combativo. No rehuía a ningún rival por más grande que este fuera. Es algo que aún conserva. En la pelea de la primera ronda de Río, salió a fajarse sin temores ante el alemán Sergei Michel. Los jueces le dieron el triunfo por 29-28.

Su actitud agrada a Chango. “Leí las declaraciones de Carlos en EL COMERCIO. Dijo que nunca tuvo miedo de pelear de niño y tampoco en los Juegos. Es verdad. Así era acá. Me gusta cuando los deportistas son sinceros”, confiesa.

Pero también tuvo que reprenderlo. “En ocasiones tuve que hablarle fuerte por unas cosas que hizo. Pero también me tocó abrazarlo”.
Para llegar a Río, Mina tuvo que superar una frustración. Él no tuvo la opción de pelear por las clasificación a los Olímpicos de Londres. En su lugar fue el boxeador Carlos Góngora.

Por eso, hace dos años, escribió en un pedazo de papel con su reto: pelear en Río 2016. A la par escribió canciones.

Hace cuatro meses redactó una lírica que resume parte de su vida: “Me proponía ser gigante/ Brillar como los diamantes/ Con el coraje en la mano y con la frente con sangre. /Desde chamaco rompiendo los parlantes /Todavía me recuerdo cuando me puse los guantes/ Pasé hambre”.

Algunas de estas letras ya están grabadas a ritmo de hip hop. En el canto su nombre artístico es Jenthes Space.

Algunas de estas letras también van para su familia. Tiene un hijo, Derick, de más de un año. Lo procreó con su pareja Katerine. Ellos también serán su inspiración esta tarde.

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