8 de February de 2013 14:32

El reto es ser más ecológicos

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Perseguido por su negativa imagen con respecto al impacto medioambiental, el automovilismo, con la categoría Fórmula 1 como emblema, está obligado a prestar una especial atención e innovar en materia de tecnología para asegurar, nada más y nada menos, que su propia supervivencia.

"La situación de la Fórmula 1 será insostenible si los costes económicos no se reducen a un tercio en los próximos años", declaró hace unos meses el francés Jean Todt, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA).

Con estas palabras, Todt también se refiere a la situación económica de los equipos menos relevantes, cada vez más endeudados, en un deporte por naturaleza anacrónico con la situación de la crisis financiera mundial.

Elegido en el 2009, el ex director de Ferrari quiere liderar un cambio global en su deporte, empezando por el incremento en la utilización de las energías renovables, desarrollando categorías menos exigentes y bulliciosas, más ‘ecológicamente correctas’ sería la expresión indicada.

La revolución está prevista para el 2014. Ese año debe comenzar el campeonato de Fórmula E; con monoplazas eléctricos que solo alcanzarán los 180 kilómetros por hora y que se disputará únicamente en circuitos urbanos.

También para el 2014 está previsto que entre en funcionamiento la restricción de la cantidad de carburante en el Campeonato Mundial de Resistencia, organizado por la FIA, lo que supondrá un ahorro de entre el 20% y el 30% según el mencionado organismo mundial.

Por último, dentro de poco más de un año, la reglamentación sobre los motores de los monoplazas de la Fórmula 1 se centrará en la tecnología eléctrica, ya híbrida gracias al Kers, sistema de recuperación cinética impuesto por la FIA en contra de la opinión del gran patrón de la Fórmula 1, el británico Bernie Ecclestone y de algunas escuderías del gran ‘circo’.

La relación entre los dos organismos no es la mejor debido a las diferencias de criterio con respecto a varias normas introducidas en los últimos años.


La limitación de las horas en el túnel del viento, el número de motores o las cajas de cambios disponibles para cada piloto (en un mismo Gran Premio: entrenamientos, sesiones de clasificación y la propia carrera) han sido elementos de confrontación entre las dos entidades internacionales.

Sin embargo, la Asociación de Constructores (Fota) se ha comprometido a reducir su emisión de carbono en un 15% en los próximos años.

“Todos los equipos tienen el deseo de disminuir costes. Nosotros estamos intentando transmitirlo, pero si alguno quiere gastar tres veces más que el resto, esto no tiene ningún beneficio, es un problema para la supervivencia y para la imagen”, señaló Bernard Niclot, director técnico de la FIA, que celebró el retorno de muchos espectadores después de que la Fórmula 1 experimentara una fuerte caída de su audiencia en el 2011.


La mayor parte de los responsables del automovilismo no se atreve a reconocer que su deporte tiene un problema de imagen relacionado con el medioambiente aunque un gran premio de Fórmula 1 tiene un coste relativamente insignificante en términos de consumo de combustible y emisiones de carbono.

“Sí, tenemos una imagen de derrochadores, pero no contaminamos más que otros acontecimientos”, señaló Niclot.

“Al mismo tiempo, el automovilismo ha contribuido siempre al desarrollo de los autos de serie. Ha permitido que se fabriquen vehículos más seguros, más limpios, que permitirán afrontar los retos del agotamiento del petróleo y de la protección del medioambiente”, relató el director.

En realidad, el problema de los deportes de motor es prácticamente el mismo que los grandes eventos de otras disciplinas. Tanto en un gran premio de Fórmula 1 como en un partido de fútbol, el 80% de la contaminación ambiental está relacionado con los viajes de los protagonistas y espectadores.

Con una veintena de pilotos y monoplazas, el derroche es mayor en términos de reputación que de emisiones de carbono.

Fuente: AFP

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