11 de October de 2013 00:02

Sus relatos también terminan en goles

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En la pared de fondo, la que recibe las espaldas de Alfonso Lasso cuando se sienta frente a su escritorio se observan varios cuadros. Hay una con la foto de su padre, otra de Lasso cuando era un niño… Junto a esos retratos, que reflejan el paso del tiempo, están dos más.

Al lado izquierdo de esa pared cuelgan, por separado, la alineación que el DT Edgardo Bauza utilizó frente al Fluminense, cuando Liga de Quito ganó la Copa Libertadores, en el 2008.

En el otro cuadro están las cuatro entradas que testifican la presencia de Lasso en el Mundial de Alemania 2006. Esos son los recuerdos que guarda de esta profesión: la de periodista deportivo.

Lasso, hijo del consagrado periodista Alfonso Lasso Bermeo, se inició en el mundo de los micrófonos, textos deportivos, entrevistas… en 1984, cuando tenía 19 años, y acababa de salir del colegio. Aunque desde los 5 años acompañó a su padre al estadio y lo miró hablar sobre deporte, Lasso se cruzó con esta profesión por casualidad.

Todo fue así: hace 29 años, Lasso papá fue contratado por una cadena de radios latinas. Tenía que viajar a EE.UU. a transmitir deportes de las Olimpiadas de Los Ángeles y tenía que encargar su programa. Esto último le preocupaba.

Para tranquilizarlo, Lasso le ofreció su ayuda. Sin pensarlo dos veces, su padre le dio el visto bueno. Desde ese día no ha parado de hablar de deporte. Además del Mundial de Alemania y la Libertadores 2008, Lasso ha acompañado a la Tri en muchos viajes. También ha relatado cotejos del torneo local, de la Champions… No se aventura a decir cuántos partidos suma hasta ahora. De su padre aprendió a guardar las alineaciones, hasta que un momento se dio cuenta que los cartones estaban repletos de hojas con esa información, entonces las botó. Hoy, los datos importantes están en su mente. Recuerda, con facilidad, que en 1984 narró su primer cotejo, en Ambato, entre Técnico Universitario vs. Esmeraldas Petrolero.

Como ese día, aunque hoy su relato es más estable, siente algo de nervios cuando se pone frente al micrófono. La ansiedad es distinta en cada cotejo. Ayer, por ejemplo, había expectativa por el duelo del hoy de la Tricolor frente a Uruguay.

Igual sensación sentían Fabián Gallardo, José Granizo y Édgar Villaruel, narradores con largos años de oficio de las radios Rumba, Tarqui y Caravana, en ese orden. Los 50 años de experiencia de Villarruel no evitan que la voz se le entrecorte cuando canta un gol, sobre todo cuando ha sido el esperado.

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Eso le sucedió en el 2001, cuando Jaime Iván Kaviedes convirtió el gol que condujo a la Tricolor a su primer Mundial. No se olvida de eso, lo cuenta como si hubiese sido ayer. Cuando se acuerda de ese cotejo habla fuerte, mueve sus brazos. Fue el gol que cantó con el "alma" y el que espera se repita hoy.

El rival de ese entonces fue Uruguay, el mismo de esta tarde. "Y seguro que será difícil", relata Patricio Jarrín, director de radio Positiva. Él es otro de los referentes del periodismo deportivo. Al igual que Lasso, Jarrín también proviene de una familia entregada a la noticia. Sus hijos, la tercera generación, también llevan los genes del periodismo.

En una narración para este Diario, Villarruel, Granizo y Jarrín cantaron el gol con claridad. Aunque no es lo más aconsejable, se dieron el gusto de revivir la hazaña del 2001. Con el tiempo aprendieron a cuidar la garganta.

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Entre los 'tips' están evitar trasnochar y usar la voz en exceso en los días previos al partido. Jarrín aprendió con el tiempo a dejar el cigarrillo. Los tragos solo están permitidos en ocasiones especiales.

Cumplir con estos sencillos pasos le han permitido seguir vigente a Villarruel. Su último cotejo fue Deportivo Quevedo vs. Liga de Loja, el pasado miércoles.

Como regla general, este periodista, que también habla de baloncesto, vueltas ciclistas y automovilísticas... tiene listo su material. En una hoja bond dibuja las alineaciones de los equipos. Lo hace como si fuera una cancha.

Para comentar de cualquier cotejo, se prepara durante la semana. Está pendiente de las novedades, pues no quiere que lo sorprendan.

La misma rigurosidad tiene Granizo. Hoy, dice, ayudado de la tecnología no existen pretextos para cometer errores al airea Como anécdota, Granizo cuenta que en 1979, cuando Diego Maradona llegó a Quito con Argentinos Júnior le sucedió un "chasco".

Este riobambeño de nacimiento logró una entrevista con el astro argentino, pero cuando llegaron al estudio se dieron cuenta de que no lo habían grabado.

Hoy, dice, puede pasar, pero el margen de error debe ser mínimo. Para evitarse apuros, Granizo estará hoy desde muy temprano en el estadio Olímpico Atahualpa.

Mostró su talento con un micrófono de madera y esponja

Cuando tomaba su micrófono entre sus manos, sus amigos del Colegio Remigio Geo Gómez Guerrero, de Huaquillas, se burlaban de Juan Carlos Rosario.

"Suelta eso", "tú no vas a llegar", "mejor ven a jugar"… eran las frases que le repetían cuando Rosario se deshacía de los guantes de arquero para narrar las jugabas que ejecutaban sus compañeros. Ellos creían que era mejor que defendiera los colores de la institución. Rosario, en cambio, apostaba por su pasatiempo, y el tiempo le dio la razón. Hoy, suma 25 años de trayectoria deportiva.

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Rosario tuvo su primer micrófono a los 16 años. Lo elaboró con material reciclado: madera y esponja. Se dio el trabajo de armarlo por el capricho de parecerse a Petronio Salazar, un locutor quiteño que hizo su vida en Guayaquil. Con el paso de los años, Rosario finalmente aprendió del trabajo de Patricio Jarrín, la persona que lo involucró en la narración.

Fue en 1992 cuando Jarrín lo escuchó narrar Aucas vs. Santos del Guabo, en Quito, y le dijo: "Qué haces allá (Machala)", "ven a trabajar conmigo". No lo pensó dos veces, pues entre los ofrecimientos estaba participar en la narración de la Copa América 1993, con sede en Ecuador. "El destino", dice, también le permitió narrar el gol de Kaviedes, en el 2001.

Óscar Portilla es otro de esos narradores que también se apasionó por el periodismo deportivo desde muy niño. Tenía 10 años cuando empezó con sus primeras narraciones. Las hizo desde el techo de una casa, en Tulcán, de donde es oriundo. Los protagonistas de sus historias fueron sus amigos.

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Las entrevistas las recogía en la grabadora que le regaló su madre. Después, trabajó con una profesional, tras formar parte de la cadena colombiana RCN. A ese lugar llegó al ganar un concurso de relatores. A los 16 años una amiga lo motivó a participar en un concurso de locutores. Lo hizo bien y ganó.

Desde ahí, Portilla está vinculado a la profesión, con la mantiene a sus seres queridos, y la que la alejó del mundo de la carpintería, a la que se dedicaba su familia.

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