1 de March de 2010 00:00

Ellos recobraron la confianza y ahora buscanla revancha

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Paola Gavilanes V. Quito

Superaron seis meses de sanción por consumo de cocaína y marihuana; y un año tras las rejas por atropellar a un psicólogo de 31 años.

Ahora, Miller Bolaños, Michael Arroyo y Álex Bolaños, en ese orden, retornan a las canchas en busca de una nueva revancha.

Esos tres futbolistas cuentan cómo afrontaron sus problemas y los nuevos objetivos que se trazaron.

Michael Arroyo, de 23 años y jugador del Deportivo Quito

“Cuando la probé (droga) tenía 19 años. Quería experimentar algo nuevo y lo hice impulsado por un amigo del barrio, en Las Malvinas, en el sur de Guayaquil. Fallé y lo siento.

Cuando recibí la sanción (seis meses), tras dar positivo en el control de dopaje me fui a mi casa tranquilo.

A mi madre le pedí que no busque culpables, pues consumí la droga bajo mi responsabilidad, yo estaba grande y sabía lo que hacía.

Los seis meses que estuve suspendido fueron duros. Me quedé sin trabajo y sin sueldo. Yo mantenía a mi esposa y a mi hija. También ayudaba económicamente a mi madre y a mis tres hermanos.

Apenas recibí la notificación de mi suspensión me tuve que cambiar de casa. Retorné a Las Malvinas, mi barrio de infancia y juventud; y abandoné la casa en la que vivía con mi esposa e hija, ubicada en los Samanes 7, en el norte.

Los primeros meses fueron duros, no tenía para los pasajes, la leche y los pañales de mi hija.

Pero por suerte esa mala racha duró poco. Omar Quintana, ex directivo de Emelec, y Patricia de Sabono, una amiga, me extendieron su mano y me ayudaron.

Quintana me pagó un entrenador y un sueldo mensual, similar al que ganaba en Emelec.

Gracias a su ayuda me mantuve en forma y conservé mi juego. Sabono, en cambio, me ayudó al inicio. Ella me daba dinero para los pasajes y para la comida.

Esa señora es como mi segunda mamá. Siempre que necesito un consejo la llamo y ella me lo da. Quintana y Sabono me ayudaron y estoy muy agradecidos con ellos. Lastimosamente no puedo decir lo mismo de otros directivos de Emelec. Ellos me abandonaron, jamás apelaron mi sanción, ni tampoco me visitaron.

Mientras transcurrían los seis meses de inactividad, yo me entrenaba normalmente y para aprovechar el tiempo me inscribí en un curso rápido de computación.

Mantener una vida normal me hizo sentir vivo. En ese proceso, el apoyo de mis padres, hermanos y amigos del bario fue fundamental. Todas esas personas me ayudaron a mantener viva la esperanza de volver a jugar.

Ahora, mírenme... Estoy en Deportivo Quito, el bicampeón de Ecuador. Y eso se lo debo al profesor Fernando Caicedo, quien me recomendó con Rubén Insúa.

El apoyo de esos dos entrenadores me devolvió la confianza de mi juego. Cuando llegué a Deportivo Quito, Insúa se me acercó y me dijo que confíe en él, que él me iba a ayudar y así lo hizo.

Después de escuchar esas palabras me sentí con la obligación de retribuir su confianza con goles.

Ahora, espero hacer una mejor campaña y continuar retribuyendo la confianza de mi técnico”.

Miller Bolaños, de 19 años y jugador de Liga de Quito

“Cuando jugué mi primer partido con Liga de Quito sentí que volví a vivir. Entonces decidí dejar atrás los malos momentos y concentrarme solo en jugar.

Mi primer día en Quito fue difícil. Tenía miedo de llegar a la concentración, no sabía cómo me iban a recibir los directivos, los compañeros y la hinchada.

Yo llegaba a Liga con una mala imagen, tras dar positivo en un control de dopaje en Barcelona, que tras la sanción me mantuvo seis meses alejado de las canchas.

Pero las cosas fueron distintas a como me las imaginaba. Cuando llegué me encontré con un Damián Manso amigable. Norberto Araujo y Patricio Urrutia también me recibieron bien. Ellos me contagiaban su buen humor.

A partir de ese momento, mi vida cambió. Empecé a entrenarme con gusto y pensando en retomar mi buen fútbol y en hacer una buena campaña.

Los seis meses de inactividad me afectaron mucho. Todo el tiempo estaba ansioso porque no sabía si iba a volver a jugar. Pero todos esos miedos los superé con el apoyo de mi madre, Leyla Reasco, y de mis cinco hermanos.

Desde el primer día de mi suspensión tuve el apoyo de mi familia y también de Luis Noboa, dirigente de Barcelona.

Sentir ese respaldo me motivó para seguir entrenándome, aunque eso no me sirvió mucho porque después de la sanción jugué poco.

La falta de partidos me puso incómodo, yo quería jugar. Por eso me vinculé a Liga (Q).

Cuando recibí la llamada desde Quito, no lo pensé, sino que decidí rápidamente vincularme al club de Quito.

Gracias a Dios la temporada 2009 fue buena para mí. Ese logro se lo debo, en gran parte, a los consejos que me dan José Francisco Cevallos y Édison Méndez. Ellos me guían en el tema futbolístico y en lo personal.

Tras superar ese problema entendí que los bailes y el alcohol no te conducen a nada bueno. Solo te traen problemas.

Álex Bolaños, 23 años y jugador de Universidad Católica

“Cometí un error y lo pagué. El año que pasé encerrado fue duro, tenía miedo y mientras pasaba el tiempo me desesperaba más.

Sin embargo, eso año detenido, tras atropellar a una persona, me sirvió para reflexionar y pensar en las cosas que estaba haciendo.

Solo en ese momento entendí que las fiestas y el baile no te llevan a nada bueno. En ese lugar entendí que los únicos amigos con los que cuentas son tu familia y Dios.

Los directivos de Barcelona me dejaron solo, ninguno me ayudó. Solo Dios me protegió.

También estuvo Miller, mi hermano. Él se hizo cargo de mi caso y cuando salí me ayudó a vincularme a Liga.

En la cárcel, en donde solo estaban choferes, me dedicaba a leer la Biblia, escuchaba música y también jugaba voleibol.

En ese momento, el apoyo de mi esposa, Yomaira, también fue importante, al igual que el de mi hermana Mirtha.

Las llamadas de mi padre, separado de mi madre hace 12 años, también me ayudaron”.

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