5 de febrero de 2016 00:18

El rugby femenino cumplió un año en el país

El equipo de rugby femenino.

Panteras es el nombre del equipo de rugby femenino. Foto: EL COMERCIO

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Fernando Medina

Entrenan en las noches. Lo hacen sin importar el frío o la poca iluminación. Su punto de encuentro es detrás de la tribuna de los Shyris, en el norte de Quito. Es el primer equipo femenino de rugby del país. Se llama Panteras y cada martes y jueves practica este deporte en el parque La Carolina.

Hace un año, sus integrantes decidieron desvincularse de los equipos de hombres y formar un club solo de mujeres.

Ximena Figueroa y Nadia Bejarano son las fundadoras. Ellas contaron a EL COMERCIO cómo empezó todo. Ximena recuerda que a pesar de la buena relación con sus compañeros prefirieron separarse pues querían dar el primer paso hacia la organización del equipo femenino. La tarea fue difícil, ya que no contaban con un entrenador ni tampoco con balones.

De hecho, recuerdan que la Federación Ecuatoriana de Rugby les donó tres pelotas especiales. Con esos instrumentos empezaron a desarrollar destrezas y a incentivar que más chicas se unan. Ahora son 17 y dicen que durante este año han viajado a Guayaquil, Cuenca e Ibarra. En esas ciudades también se han creado otros equipos femeninos y los torneos se realizan en las fechas festivas de cada ciudad.

Por ejemplo, en Quito se realizó en diciembre pasado en un complejo deportivo de Nono, una parroquia del noroccidente de la capital. Allí, es el único escenario de rugby que cuenta con toda la infraestructura reglamentaria. Las otras ocasiones han utilizado escenarios de fútbol y con tubos PVC con los que han formado los “Hache” que son una especie de arcos en los que introducen el balón.

Además, de la cancha, para jugar el rugby es necesario tener ciertas seguridades ya que es una disciplina de contacto. Por ello, una protección vocal es muy importante, ya que previene posibles lesiones cerebrales.

Pero los golpes y moretones no les ha impedido seguir practicando este juego inventado por los ingleses. .
Nadia por ejemplo, ha tenido múltiples golpes que han afectado su columna durante los seis años que practica rugby. Sin embargo, dice que el amor a este deporte le inspira seguir cada día.

Lo mismo piensa Lucía Razo. Ella tiene 30 años y desde hace 10 meses se unió a las Panteras. Antes de jugar rugby practicaba fútbol, pero vio en redes sociales que había un grupo de chicas que practicaba esta disciplina y decidió unirse a ellas.

Desde ese momento, ha tratado de no perderse ninguna práctica. Incluso lleva a su hijo de 12 años a los entrenamientos para que observe y se interese por el deporte. Ella vive en la Villaflora, un barrio del sur de la ciudad capital, pero la distancia no importa a la hora de jugar.

Otras integrantes del equipo toman hasta tres buses para llegar a La Carolina o asisten con familiares para no ir solas. Una de ellas es Lupe Rogel, quien en compañía de su hermana juega con las Panteras desde hace cuatro meses. Durante ese tiempo ha visto que ha tenido cambios en su salud, pues antes tenía principios de parálisis facial. Ahora esos problemas han desaparecido.

Oscar Mina es testigo del esfuerzo que las chicas ponen para especializarse en el juego. Él es entrenador desde hace cinco meses de las Panteras y señala que la parte más difícil del deporte es adquirir técnica, pues esto las protege de posibles fracturas o lesiones. Pero con el entreamiento se desarrollan esas destrezas. Además, recomienda el rugby porque implica esfuerzo físico y mejora la salud.

El club de las Panteras también invita a las mujeres que quieran practicar este deporte para que asistan a los entrenamientos que inician a las 19:30 todos los martes y jueves.

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