17 de junio de 2014 18:08

Un municipio pequeño de Brasil se detuvo para ver el fútbol

En el bar - lounge Villa 10 los torcedores brasileños acudieron a ver el partido entre México y Brasil. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO

En el bar - lounge Villa 10 (Municipio de Uberaba) los 'torcedores' brasileños acudieron a ver el partido entre México y Brasil que terminó empatado sin goles. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO

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Marcos Vaca Morales. Desde Uberaba
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La decisión estaba tomada. El partido entre Brasil y México tenía que verse con los brasileños para averiguar el sentido del ´torcedor´verde-amarelo. La primera parada de los 68 ecuatorianos que ahora viajan desde Brasilia a Curitiba en autobús era en la municipalidad de Uberaba, en el estado de Minas Gerais.

El punto sugerido para explorar la cultura futbolera era el bar - lounge Villa 10. Ocho de los 68 hinchas tricolores aceptaron el reto de vibrar con los locales.

Para entrar al bar era necesaria una reservación, pero al comprobar que el grupo era visitante y con un portugués muy básico, la recepcionista dio la bienvenida, talvez descubrió las ganas de aprender a gritar gol en otro idioma.

El local estaba vestido de verde y amarillo, como casi todos los comercios que se han visto en el trayecto. Incluso las lámparas y algunos muebles replicaban la bandera del país. Los meseros llevaban camiseta de la selección anfitriona y en la espalda tenían marcado el hashtag #torcedor, es decir #hincha.

Hernan Arias, organizador del tour para seguir a la Selección, también lideró la expedición al lounge. El pequeño grupo encontró un sofá como intimidado por la cantidad de camisetas amarillas en el lugar, la mayoría mujeres.

Hernán Arias, dos hinchas de Uberaba y Guillermo Cepeda. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO

Hernán Arias (i), dos hinchas de Uberaba y Guillermo Cepeda. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO


Dos pantallas gigantes estaban en el salón principal del Villa 10 y otras dos pequeñas en la terraza y frente al sofá de los ecuatoriano. Al inicio los ochos aventureros tricolores parecían como niños desconocidos en una fiesta de cumpleaños.

El partido no empezaba, pero se sentía ya la necesidad de fútbol como si fuera el estreno de una película largamente esperada. Una que otra vuvuzela sonaba como herencia del Mundial de Sudáfrica, la cerveza y la comida empezaba a fluir sobre las mesas. En las pantallas ya calentaban las dos selecciones.

El partido empezó. Gritos de aliento en portugués se escuchaban y los ojos de los 'torcedores' ya no se despegaban de las pantallas, a menos que sus celulares requieran atención.

Los aventureros perdieron el miedo, contagiados por la emoción brasileña y se mezclaron con los locales. El arquero mexicano Guillermo Ochoa hacía que se diluya el griterío, tapó todos los ataques locales brasileños.

Uno que otro insulto se reconocía en cada fracaso. Las repeticiones de las acciones de peligro se mezclaban con los rostros de alegría que enfocaban los camarógrafos de la transmisión.

Una chica hizo un corazón con sus manos y lo mostró a la cámara, el locutor de Sportv agradeció el gesto y los torcedores del Villa 10 gritaron un "Oooooo", también conmovidos.

Los ojos de los 'torcedores' seguían clavados en las pantallas y los ecuatorianos también intentaban seguir el partido, solo se distraían cuando una lugareña imponía su belleza al caminar.

En el entretiempo un grupo de música montó su guitarra y batería frente a una de las pantallas gigantes. Las canciones debían ser populares porque más de una 'garota' bailaba con pasos que recuerdan al Carnaval.

Una banda montó su guitarra y batería frente a una de las pantallas gigantes. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO

Una banda montó su guitarra y batería frente a una de las pantallas gigantes que mostraban a Neymar. Foto: Marcos Vaca / EL COMERCIO

Brasil aún no lograba anotar un gol, pero ya había fiesta. Para los ecuatorianos también fue el momento de relajarse. La barrera del idioma fue lo de menos, las cámaras y los teléfonos fueron el imán para buscar la hermandad.

Nadie se negó a sacarse una foto con los extranjeros y en cada una las chicas mostraban una sonrisa, la gente de Uberaba se notó hospitalaria. Las escenas en el bar le recordaron a Hernán Arias otro pasaje de esta travesía.

En la mañana de este martes 17 de junio, mientras los 68 ecuatorianos descansaba, él y otra pequeña comitiva fueron a visitar a Paulo Piau, 'prefeito' (alcalde) de Uberaba.

Piau agradeció el gesto y estuvo tan emocionado por la visita de los ecuatorianos que llevó a la prensa para registrar el evento. Arias se animó a regalar un sombrero ecuatoriano para la esposa del Prefeito, además de una placa que ya traía de Ecuador.

Uberaba tiene una población de unos 300 000 habitantes. Las calles se libraron del ruido vehicular durante el partido, los torcedores estaban replegados en bares o en sus casas para ver el segundo partido de su selección.

En el segundo tiempo Ochoa seguía salvando a México y las imágenes de sufrimiento que enfocaba la televisión brasileña en el estadio de Fortaleza eran casi calcadas en el bar. Una y otra vez los gritos se frenaban en seco con las atajadas del Memo Ochoa. Un empate no sirve para hacer un carnaval.

No hubo fiesta al final del partido, solo se bajó la intensidad del griterío. Los que sí salieron con sonrisas amplias fueron los tricolores que hoy decidieron explorar territorio futbolero brasileño.

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