19 de April de 2014 00:01

Millán Ludeña corrió siete días en el Sahara

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Sin bañarse, con ampollas que aparecieron desde la primera etapa, con arena por donde mirara y sin dormir bien, pese al cansancio, Millán Ludeña completó la Maratón des Sables, un reto a pie de 247 km en el desierto del Sahara.

Entre 1 021 participantes, de los cuales se retiraron 104, el guayaquileño cronometró 49 horas y 34 minutos.

El reto es parte del Ultra-Trail World Tour y se realizó en siete días, con seis etapas. Finalizó el 14 de abril.

Los corredores debían cargar una maleta con implementos obligatorios, como chompa rompevientos, agua, comida… Cuando el reto empezó, el guayaquileño llevaba sobre su espalda una maleta de 9 kg, que fue vaciándose a medida que consumía las barras energéticas, geles, la comida (liofilizada) hasta que en la última etapa llegó a pesar 3 kilos.

Desde el inicio, la prueba fue más dura de lo que se imaginó. Antes, él había investigado lo que se podía saber sobre los retos de larga distancia en el desierto. Incluso, desde inicios de año empezó a mantener un blog en el que publicaba los pormenores de su preparación (millanludena.com). A la par se entrenaba en las madrugadas, con las tablas que le facilitaba el entrenador y corredor Gonzalo Calisto. Físicamente se puso a punto, mentalmente se fortalecía realizando ejercicios de visualización, pero cuando llegó al desierto la teoría se quedó corta.

El desafío, en medio de un desierto que en el día llegó a calentarse a 56° C y que por la noche bajaba a los 6° C.

Al segundo día ya corrió con dos ampollas grandes, por lo que en la noche, en la clínica ambulante de la organización, le cortaron la piel en ambos pies y le vendaron para que pudiera continuar. Así corrió las siguientes cuatro etapas.

En medio de la competencia, como ocurre en los retos de largo aliento, pensaba en retirarse. Llegó un punto en el que su cuerpo se resistía a seguir corriendo y en el que los deseos de abandonar y descansar se le pasaban por la cabeza.

Entonces recordaba sus motivaciones, como demostrar que una persona común, que jamás fue el superdeportista y de 33 años, podía completar un reto extremo. En las noches se reconfortaba con los mensajes de aliento que le llegaban al correo electrónico. En los días de la prueba recibió 130 mensajes.

Cuando empezaba un nuevo día de competencia se repetía que todo debía hacerse paso a paso, kilómetro a kilómetro. Entonces respiraba profundo y se imaginaba cruzar la meta con la Bandera ecuatoriana.

Cuando Ludeña superó la meta, después de siete días, seis etapas (la más larga de 81 km) y 49:34 horas de tiempo de competencia, agradeció a Dios por estar vivo y por estar vivo. También pensó en las personas que le ayudaron en su preparación… "Pensé que los ecuatorianos estamos hechos para hacer cosas extraordinarias".

  • 247 KM recorrió en seis etapas, realizadas en siete días.
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