25 de julio de 2016 14:24

Marizol Landázuri ya ha llorado y reído por los Juegos Olímpicos

Marizol Landázuri (izquierda) y Ángela Tenorio (derecha) serán las cartas de triunfo que tendrá la delegación ecuatoriana en velocidad, en los Juegos Olímpicos de Río. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

Marizol Landázuri (izquierda) y Ángela Tenorio (derecha) serán las cartas de triunfo que tendrá la delegación ecuatoriana en velocidad, en los Juegos Olímpicos de Río. Foto: Diego Pallero/ EL COMERCIO.

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Martha Cordova

Marizol Landázuri dice que es la primera sorprendida
por esta clasificación a los Juegos Olímpicos. “En un año y seis meses pude lograr la marca, es increíble”, relata la esmeraldeña de 25 años. Fue en marzo, durante el Gran Prix Sudamericano realizado en Cuenca, cuando corrió los 100 metros en 11:26. Llegó a la meta y no paró de llorar. “Fue el premio a todo lo que tuvimos que sacrificar. Hace un año y medio dejé mi trabajo para de­dicarme a tiempo completo al atletismo”.

En los últimos cinco años dividía su tiempo entre el atletismo y su trabajo como docente. También sus estudios demandaban atención. Hasta que tomó la decisión de entrenarse con el cubano Nelson Gutiérrez y Ángela Tenorio, el equipo de atletismo de velocidad del país.

“Detrás de un deportista hay mucha gente que le ayuda a mejorar. Ha sido importante trabajar con ellos para progresar. El entrenador me ha ayudado mucho en mi actitud, en los momentos donde he flaqueado”.

La parte psicológica es la que ha mejorado. “En los Juegos Panamericanos, en Toronto, estaba tan nerviosa que casi me salgo de carril, porque era mi primer torneo grande. Hoy tengo más confianza”.

Tal ha sido su progreso técnico y psicológico, que tras lograr la marca olímpica sumó seis triunfos más en Colombia (2), Chile (2), Argentina y Perú. Estos siete triunfos consecutivos en los Gran Prix de la Confederación Sudamericana de Atle­tismo motivaron a llamarla ‘La Pantera’, por su fuerza, potencia, velocidad y decisión para ­ganar en cualquier pista y a todas sus rivales.

En mayo ganó la medalla de plata en el Iberoamericano de Brasil y en junio fue a Europa, donde fue segunda en España.

“Con el compromiso que implica competir en los Juegos Olímpicos, la preparación ha sido más dura, como se le exige a un deportista de alto rendimiento. Ya no hay tiempo para los amigos, a mi familia no la veo desde hace seis meses, pero aquí estamos, imaginando ese debut olímpico”.

Competirá el 12 de agosto, ese día -imagina- será especial. “Quiero llegar tranquila, con los nervios que desaparecen en el partidor. Hemos seguido un proceso que nos ha ayudado a mejorar nuestras marcas. Todo eso debe exhibirse ese día”.

Confiesa que esta preparación le ha brindado momentos especiales y también de los otros, aquellos que le han hecho llorar.

“Momentos de rabia, de mucho esfuerzo, hasta he vomitado en la pista, pero seguimos firmes en este camino a los Olímpicos”.

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