12 de septiembre de 2015 15:05

El mantenimiento alarga la vida útil

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Una conducción moderada también contribuye al buen estado de las llantas. Se deben evitar las aceleraciones y las frenadas bruscas. Foto: Archivo/EL COMERCIO

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Redacción Carburando

Para ofrecer un desempeño óptimo durante toda su vida útil, los neumáticos deben recibir ciertos cuidados de manera periódica. Unos deben ser efectuados por personal especializado en un centro de servicio, y otros pueden ser llevados a cabo por el propietario o usuario.

Los fabricantes recomiendan realizar estas tareas cada vez que se cumpla un determinado número de kilómetros recorridos, pero las condiciones en las que opere el vehículo, sumadas al estilo de manejo del conductor, pueden acortar esos períodos.

Un desgaste desigual de la banda de rodadura que sea apreciable a simple vista, pérdida de adherencia, vibraciones en altas velocidades, chillidos al tomar las curvas, pérdida de confort, rebotes exagerados al circular sobre superficies irregulares, son algunas señales que indican la necesidad de realizar alineación, balanceo y rotación de ruedas, e incluso de algo más sencillo como revisar la presión de aire en las mismas.

En caso de no hacerlo, además de comprometer la seguridad de los ocupantes del vehículo y de los demás usuarios de las vías, las llantas sufrirán desgaste prematuro.

A continuación detallamos las principales tareas de mantenimiento que los neumáticos requieren para ofrecer una durabilidad extendida y sus plazos recomendados.

Alineación: el contacto con el piso debe ser
uniforme

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Por efecto de la circulación sobre superficies irregulares, la geometría de la suspensión del vehículo sufre alteraciones que hacen que las ruedas pierdan su perpendicularidad respecto del piso y se inclinen hacia adentro o hacia afuera, desde una perspectiva frontal o superior.

La alineación de ruedas es el procedimiento con el que se determinan los ángulos que han sufrido alteración, se comparan con los parámetros establecidos por el fabricante del vehículo y se procede a reajustar los elementos de la suspensión y la dirección para que las ruedas se apoyen correctamente sobre la superficie.

Con esta operación se evita que los neumáticos se desgasten de manera irregular, se mejora el comportamiento dinámico del vehículo y hasta se ahorra combustible.

Este procedimiento también sirve para determinar el estado de ciertos elementos de la suspensión y de la dirección, ya que no puede llevarse a cabo cuando algunos de ellos presenta desgaste.

En esos casos es necesario reemplazar primero los componentes defectuosos y posteriormente llevar a cabo la alineación. El procedimiento tiene una duración aproximada de 30 minutos.

Balanceo: las molestas vibraciones tienen una
solución fácil

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Durante la circulación, muchas veces resulta inevitable caer en baches de diferente tamaño, pasar sobre piedras o golpear bordes de aceras. Esos impactos causan pequeñas deformaciones en los bordes de los aros y hacen que en las ruedas haya áreas más livianas y más pesadas que otras.

Esto se traduce en molestas vibraciones que se hacen más evidentes en la medida en que la velocidad de desplazamiento aumenta.

Para corregir el problema un técnico desmonta cada rueda del vehículo, las coloca una por una en la máquina balanceadora que las pone a girar y determina dónde se requiere una compensación de peso.

El técnico agrega unas pequeñas pesas de plata en los bordes de los aros, justo donde la máquina balanceadora lo indicó, y estas se encargan de equilibrar las fuerzas centrífugas que actúan sobre las áreas pesadas cuando la rueda está girando. Esto elimina el rebote vertical y las vibraciones laterales.

El resultado es una conducción más segura y confortable. El recomendable realizar la alineación y el balanceo de manera conjunta cada 10 000 kilómetros, o cada vez que el desplazamiento presente desequilibrios, ruidos, vibraciones u otro tipo de inconvenientes.

Rotación: una manera de optimizar la duración
de una llanta

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Rotación llantas de vehículo. Foto: Archivo/EL COMERCIO

No todos los neumáticos de un vehículo están expuestos al mismo grado de desgaste. Los delanteros suelen ser los que más rápido pierden profundidad en el labrado, ya que en ellos recae la mayor fuerza de frenado por la transferencia de masas y, además, cumplen la función de dirección.

En los vehículos de tracción delantera el desgaste es incluso un poco mayor, ya que son las llantas de adelante las que reciben el ­movimiento del motor a través de la caja de cambios.

Para compensar esa diferencia en el desgaste de las llantas delanteras y posteriores, se acostumbra a rotar las ruedas cada vez que se realizan los trabajos de alineación y balanceo en el vehículo, es decir, cada 10 000 km de recorrido.

La manera de cambiar la posición de los neumáticos difiere entre los autos de tracción delantera y los de tracción trasera. En los primeros, las delanteras pasan atrás en el mismo lado, y viceversa, mientras que en los segundos cada rueda pasa al eje y lado contrario (delantera derecha por trasera izquierda y delantera izquierda por trasera derecha).

Con ello se optimiza la durabilidad al procurar un desgaste uniforme entre las cuatro ruedas.

El aire: una revisión de la presión ayuda a mantener
el confort

Aire llantas

Presión de aire en las llantas. Foto: Archivo/EL COMERCIO

Los fabricantes de vehículos recomiendan una determinada presión de aire en los neumáticos de todos sus modelos, que es con la que ofrecerán un funcionamiento y un comportamiento óptimos.

En el caso de vehículos livianos, esa presión suele estar entre 28 y 30 psi (libras por pulgada cuadrada, por sus siglas en inglés).

Es importante mantener esta presión dentro de los parámetros aconsejados, pues un inflado muy alto o uno muy bajo son causantes de diferentes inconvenientes.

En el primer caso, demasiada presión de aire dentro de un neumático hace que su base se apoye en la parte central y no en toda la banda, esto causa un desgaste irregular. Además, el vehículo pierde confort, pues las ruedas rebotan cada vez que se transita sobre una superficie con irregularidades.

En el segundo caso, una presión de aire muy baja dentro de la llanta genera un mayor consumo de combustible, pues el motor debe hacer más esfuerzo para impulsar al vehículo.

Adicionalmente, el neumático puede deformarse por el mayor esfuerzo que realizan sus paredes.

Lo recomendable es revisar la presión de aire al menos una vez cada 15 días, con un medidor manual. Los faltantes, de haberlos, se completan en un puesto de servicio o con un compresor casero.

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