12 de julio de 2017 00:00

Karl Egloff, el ‘recordman’ de las montañas

Karl Egloff tiene 37 años. Su plan es completar el ascenso y descenso de las siete montañas más altas del mundo, hasta el 2021

Karl Egloff tiene 37 años. Su plan es completar el ascenso y descenso de las siete montañas más altas del mundo, hasta el 2021. Foto: Patricio Terán/EL COMERCIO

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Álex Puruncajas
Redactor. (D)

El cronómetro está en contra de los montañistas de speedclimbing, en las cimas más altas del mundo. Cuando llegan al pico de una cumbre apenas tienen tiempo para disfrutar el paisaje. Deben bajar inmediatamente para cumplir sus marcas y, sobre todo, para evitar que el cuerpo se congele.

Eso lo sabe Karl Egloff, montañista de 37 años, quien en los últimos tres años empezó a ser conocido como un verdadero ‘devorador’ de récords en el ascenso y descenso a toda velocidad en las montañas. En el 2014, tardó seis horas y 42 minutos en subir y bajar el Kilimanjaro, en Tanzania, a 5 895 metros. Le arrebató la marca a Kilian Jornet, a quien admira y es considerado un ‘duro’ en esta nueva especialidad.

Luego, vinieron los récords de las ­cimas del Aconcagua, en Argentina, (en el 2015) y el Elbrús, en Rusia, (el pasado 7 de mayo).

Tiene la ‘pinta’ de europeo: tez blanca y ‘colorada’, ojos claros y cabello rubio . Pero su acento lo delata: combina frases con palabras como ‘¡qué loco!’, ‘de ley’, ‘subí soplado’. Es que el deportista extremo tiene una mezcla europea y ecuatoriana. Su padre –quien lleva el mismo nombre- es suizo y su madre –quien falleció hace más de una década- nació en Ambato. La pareja procreó a Karl en Quito, en 1981.

Entre risas, afirma que quizás por “esa mezcla” tiene la fortaleza para dedicarse a este deporte. “Creo que es un tema genético, porque yo igual crecí con pan y cola. Tengo padre europeo y crecí en la altura. Eso sí, una cosa es tener la genética y otra sacar provecho de ello”, explica antes de uno de sus entrenamientos en el parque Metropolitano Guangüiltagua.

Fue un alumno aventajado de su padre, quien era guía de montaña de turistas. Cuando era niño, su progenitor lo dejaba en los refugios en vez de llevarlo a una guardería. Karl dice que aprendió a adaptarse al frío con esas experiencias.

También considera que su “espíritu competitivo” quizás le llevó a darse a conocer como un ­‘recordman’ ahora. “No me gustaba perder ni en el monopolio”, explica el atleta, quien está casado con ­
Adriana Velasco y tiene un hijo de 10 meses llamado Julián.

Su aventura empezó en el 2014, cuando se marchó a Suiza luego de abandonar 10 años de competencias en el ciclismo de montañas. Obtuvo un trabajo de guía de montañas, a lo que también se dedica ahora, y el jefe de la empresa le llamó para hacerle una propuesta: romper el récord de Jornet, en el Kilimanjaro. ¿Por qué? El ecuatoriano-suizo cuenta que, en sus ratos libres, se iba a correr en la montaña y regresaba ‘fresquito’. Los africanos vieron con sorpresa su rendimiento y empezó a circular el rumor de que era muy veloz en las alturas.

Para cumplir esa primera proeza, tuvo el apoyo de la empresa privada, pero también asegura que invirtió cerca de USD 5 000. Ahora, tiene auspiciante y quiere completar su gran desafío: el ‘Seven Summits’, que consiste en subir y bajar las montañas más altas de los siete continentes.

Desde entonces, empezó a alcanzar renombre en Europa. Revistas como Runners de España y periódicos como Marca le dedicaron reportajes. En Ecuador empezó a ser tomado en cuenta luego de que el pasado mes impusiera la marca de 3 horas y 39 minutos en subir y bajar el Chimborazo, con su amigo Nicolás Miranda, quien destaca la tenacidad del atleta.

Egloff quiere completar su desafío hasta el 2021, con la cumbre del Eve­rest. “Llegar a esa montaña será como anotar un gol en un Mundial”, expresa el deportista, quien a sus 26 años jugó en el Deportivo Quito, del DT Dusan Draskovic, aunque sin mucha fortuna. Por lo pronto, se alistará para ir a Denali, la montaña más alta de América del Norte. Lo hará el 5 de diciembre, en plenas fiestas de Quito.

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