3 de February de 2014 11:12

Los juegos de verano e invierno no solo se diferencian por la temperatura

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Forzosamente menos universales, los Juegos Olímpicos de invierno reportan la mitad de ingresos que los de verano, pero se guían por la misma lógica de lo más grandes, los más fuertes, como se verá en Sochi.

Ole-Einar Bjoerdalen, el ogro noruego del biatlón, con diez medallas olímpicas, puede hacer un nuevo saqueo en Rusia, pero su botín no tendrá la misma repercusión que los oros que sacó Michael Phelps de la piscina de Londres 2012.

Sin la estadounidense Lindsey Vonn, la única verdadera estrella mundial del esquí alpino, los juegos de Sochi esperan encontrar a su Usain Bolt de las nieves.

El verano y el invierno no juegan en la misma categoría, como se ve en los presupuestos que maneja el Comité Olímpico Internacional (COI). Solo en derechos de retransmisión, los juegos de verano de Londres 2012 dejaron al movimiento olímpico más de USD 2 500 millones y USD 1 700 millones los de Pekín-2008, por los 1 300 que se obtuvieron en los últimos Juegos de Invierno en Vancouver (2010).

Las federaciones de los deportes olímpicos de verano, a las que el COI reserva parte de los ingresos, se embolsaron USD 519 millones después de Londres, más del doble de lo que se repartieron las de invierno después de Vancouver (USD 209 millones) y se prevé que el total sea parecido en Sochi.

En cuanto a la organización, también hay un abismo de diferencia. Los Juegos de Verano alcanzaron un punto de saturación que se vio reflejado en los límites que incluyó el COI en la Carta Olímpica hace unos años: 10 500 atletas y 28 deportes en el programa.

Mientras que por la ribera del Támesis en 2012 desfilaron 204 comités olímpicos, a la costa del Mar Negro llegarán en febrero unos 3 000 atletas para defender los colores de 90 naciones.

Pero, los Juegos de Invierno se pueden permitir crecer cada cuatro años. En dos décadas, el número de medallas de oro en juego ha pasado de 61 en Lillehammer a 98 en Sochi, en el que se incluyen 12 nuevas pruebas.

"Aunque la organización es compleja, teniendo en cuenta la naturaleza de los deportes y la geografía, el programa ofrece un espacio para crecer", señaló el expresidente del COI Jacques Rogge en su último balance antes de retirarse en septiembre.

Si el curling, que estuvo presente en la primera edición (Chamonix 1924) no recuperó sus galones olímpicos hasta 1998 en Nagano, los Juegos de Invierno recibieron un empujón rejuvenecedor con la inclusión de disciplinas que venían de los X-Games como el half-pipe, el skicross y, ahora, el slopestyle.

El luge, el biatlón y el patinaje artístico han ganado una prueba por equipos. Una tendencia que no forzosamente gusta a todos. "Vamos a acabar dando medallas por batallas de bolas de nieve", se mofa el campeón de esquí croata Ivica Kostelic, que reina en la combinada, la disciplina pionera en el esquí alpino.

El presidente de la Asociación de Federaciones Olímpicas de Invierno, el suizo René Fassel, cree que esta política de puertas abiertas puede restar credibilidad a los Juegos Olímpicos de las nieves.

"Esto se puede convertir en una especie de feria en la que se distribuyen medallas a todo el que asiste", afirma el máximo dirigente de la Federación Internacional de Hockey Sobre Hielo. "El slopestyle, para los jóvenes está genial, pero ¿dónde ponemos el límite? El esquí extremo podría entrar también.

Cuando ves por la televisión todo lo que hacen en la nieve queda claro que tiene posibilidades. Pero debemos guardar cierta seriedad", insiste el suizo, miembro de la comisión ejecutiva del COI.

Lo que no cambia entre los juegos de verano e invierno, es que las ciudades sede hacen las cosas a lo grande. Rusia invirtió cerca de USD 50 000 millones, el mayor presupuesto de la historia olímpica, para hacer de Sochi un destino para deportes de invierno de clase olímpica y ha convertido el evento en una prioridad nacional, como ya hizo China para deslumbrar al mundo en Pekín 2008.

Ahora que el COI se decidió por Pyeongchang (Corea del Sur) para albergar los Juegos de Invierno de 2018, cinco ciudades totalmente dispares se han postulado como aspirantes para albergar la edición de 2022, de Pekín a Oslo, pasando por la kazaja Almanty, Leópolis (Ucrania) y Cracovia (Polonia). Una señal de que el invierno ofrece un nuevo horizonte seductor.

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