6 de marzo de 2016 00:00

Los jueces de línea tienen otros oficios

El asistente de línea Ricardo Barén, mientras se entrenaba en la cancha sintética de la Casa de la Selección. Foto: Paúl Rivas / El Comercio

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Al quiteño Ricardo Barén le llamaba la atención la templanza que mostraban los jueces de línea en las finales de los interparroquiales. Soportar la presión, los insultos y mantener la concentración fueron los argumentos que le sedujeron del oficio.

Entonces, en el 2005 decidió incursionar como juez de línea. Hizo el curso en la Asociación de Árbitros de Pichincha, pitó en ligas barriales como la Ecuatoriana y San Bartolo y hoy es un asistente FIFA.

Acaba de volver de participar en la Copa Libertadores Sub 20 que se jugó en Paraguay. Por su pasión por el referato, tuvo que abandonar los estudios de Gastronomía en la UTE. Ahora, intenta retomarlos, pero en el Culinary School, con el fin de ser un chef. Hace pocos meses, retomó también sus actividades como vendedor de productos de limpieza Rainbow.

En el país existen 20 jueces de línea para los partidos de la Serie A, 18 se ocupan de la Serie B. En Segunda Categoría hay 80 jueces. Allí, ellos deben definir su especialidad: árbitro central o juez de línea.

Ellos mantienen una relación de servicios profesionales con la Ecuafútbol. Cobran con factura por partido dirigido. Las tarifas van desde los USD 303 hasta los USD 396,71 en la Serie A. El monto disminuye en la B y Segunda (mirar infografía). Un árbitro central FIFA, por ejemplo, gana USD 468,84 por juego dirigido.

Percibir un dinero como juez depende de las designaciones que se realizan semanalmente en la Ecuafútbol. Por ello, los asistentes mantienen profesiones paralelas.

El ambateño Christian Lescano, quien está en el fútbol profesional desde el 2008 y es internacional desde el 2009, además del referato es profesor de inglés y montó un restorán con su esposa Ángela Pico. Él alterna su tiempo entre sus entrenamientos diarios, la atención en su local de comidas y las clases particulares de inglés en Ambato.

Hay otros casos: Juan Albarracín es profesor de la Universidad Central; Wilson Arévalo ejerce la docencia en la Ludoteca; Ramiro Alvarado tiene un local de zapatos en el sector de El Tejar en Quito.

La pasión por el arbitraje hace que los jueces inviertan en tecnología. Barén, por ejemplo, trajo de Suiza banderolas electrónicas y un sistema de intercomunicación de radio.

Además de ello, desde este año, los jueces trabajan con Juan Pablo Chacón, especializado en el centro de optometría de España, entidad que entrena a los árbitros de la Liga BBVA, para mejorar su sistema binocular. Chacón ejercita una vez por semana la visión de los jueces, a través de una serie de mediciones y prácticas que ayudarán a los réferis a ganar mayor fuerza y flexibilidad en su enfoque visual.

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