25 de junio de 2014 18:19

Los hinchas no dejaron de alentar a la Tri pese al empate

El partido de Ecuador contra Francia se lo vivió en todo el centro de Guayaquil, 9 de Octubre y Boyacá, en barios locales de electrodoméstico y en el exterior del municipio de Guayaquil una pantalla proyectaba el partido. Foto:  Enrique Pesantes/ El Comer

El partido de Ecuador contra Francia se lo vivió en todo el centro de Guayaquil, 9 de Octubre y Boyacá, en barios locales de electrodoméstico y en el exterior del municipio de Guayaquil una pantalla proyectaba el partido. Foto: Enrique Pesantes/ El Comercio

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Redacción Guayaquil

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Los aplausos, el grito de ¡vamos sí se puede!, y las manos arriba cuando la pelota no entraba al arco marcaron el ritmo del partido ante Francia en los exteriores del Municipio de Guayaquil y la Gobernación del Guayas, separados por unos pocos metros, en el centro de Guayaquil. Ambas entidades compitieron con pantallas gigantes y música alusiva a la Tricolor en el partido jugado la tarde de este miércoles 25 de junio.

Los espectadores vieron el partido de pie. Unos se sentaron en sus motocicletas y otros en las piletas y altillos. En estos sitios no hubo mucha concentración. Pero los que estaban allí silenciaron cuando el árbitro le sacó roja al capitán Antonio Valencia.

Sin embargo, cuando Alexander Domínguez agarraba el balón con sus manos o lo desviaba, los hinchas aplaudían. Cerraban sus puños con la esperanza de que los franceses no hicieran goles. Solo cuando el arco tricolor estaba fuera de peligro, saltaban con sus brazos extendidos.

La familia Guerrero Quimí no dejó de alentar a la Selección, de pie a seis metros delante de una pantalla gigante armada bajo uno de los árboles que adornan la Plaza de la Administración.

Pedro Guerrero, su esposa Gloria, y los dos hijos de la pareja, de ocho y 12 años, no dejaron de alentar a la Tricolor ni siquera cuando escucharon a alguien detrás gritar enfurecido que Suiza marcaba el tercer gol a Honduras.

Alrededor de 100 hinchas de la Selección se juntaron en la plazoleta para seguir las incidencias del cotejo ante Francia. Allí la Municipalidad colocó sillas para que se acomoradan los aficionados. La mayoría permaneció de pie. "Lo dimos todo, no clasificamos, pero nos vamos sin dejarnos ganar de un mundialista". El padre de familia resumió así el empate alcanzado por la Tricolor.

La escena se repitió en muchos puntos de la ciudad. En la avenida Nueve de Octubre y Boyacá, epicentro de grandes festejos de gestas deportivas, los hinchas se congregaron alrededor de los televisores de los diferentes negocios de electrodomésticos.

Igual a lo que acontecía en bares y restaurantes. En Pollos Barcelona, sitio identificado en Sucre y Boyacá con la venta de entrada para los partidos de Barcelona en el Monumental, su propietario, Ángel Encalada, ubicó en el segundo pido una enorme pantalla en un sitio adornado con banderas de las selecciones mundialistas. Los comensales se ubicaron allí para alentar a la Tri.

Igual ocurrió en otros negocios del centro de la urbe, como en la Zona Rosa, o en Resaca, en el Malecón 2000.

La algarabía que primó durante el encuentro anterior frente a Honduras estuvo ausente ante la Selección gala. Los rostros de tristeza se multiplicaron cuando el árbitro dio el pitazo final. Al término del partido, un señor elevó sus manos hasta los hombros y exclamó “¡se acabó!, mientras una señora quería fotografiarlo. Los asistentes se fueron lentamente sin hacer ruidos con los tambores y cornetas que llevaron.

Cabizbajos y en silencio, los hinchas despejaron la Plaza de la Administración, mientras en la pantalla aún se observaba la imagen del defensa Gabriel Achilier, arrodillado en el gramado del Maracaná y con sus brazos levantados al cielo.

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