17 de agosto de 2015 10:43

La poca hinchada de Universidad Católica sabe encender la fiesta

Universidad Católica en la Copa Sudamericana ante Deportivo La Guaira, de Venezuela. Foto: EL COMERCIO

Universidad Católica en la Copa Sudamericana ante Deportivo La Guaira, de Venezuela. Foto: EL COMERCIO

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Carlos Augusto Rojas

Quienes digan que los hinchas de Universidad Católica no hacen sentir su localía no han estado en la Tribuna y en el Palco del estadio Olímpico Atahualpa de Quito, en un partido del elenco de camiseta celeste fundado en 1963.

Los seguidores camaratas tienen sus barras, hacen bulla con platillos y redoblantes y hasta se enfurecen como ocurre en tantas otras hinchadas, en el país y en el mundo, con la diferencia que son pocos.

Este 11 de agosto llegaron 614 personas al partido por la Copa Sudamericana ante Deportivo La Guaira, de Venezuela, pero el murmullo y los rituales futboleros estuvieron presentes para encender la fiesta en los graderíos.

Dos platillos, un redoblante y una vuvuzela acompañaron los gritos desde el Palco en una jornada más de fútbol internacional en la capital ecuatoriana. "Católica, Católica, Universidad. Católica, Católica, Universidad...", gritaron constantemente los aficionados para alentar a los jugadores del DT Jorge Célico.

En la hinchada universitaria también se escucharon insultos y frases subidas de tono como ocurre con otros equipos. "Somos pocos, nos podrán decir lo que sea, pero somos los mejores. Jamás abandonamos al equipo, no nos pueden decir noveleros ni triunfalistas porque siempre estamos los mismos, aunque algunos no han venido hoy", dijo Juan Francisco Simone, aficionado que se ubica en la Tribuna y quien coloca, junto con tres amigos más, una bandera grande con la leyenda 'vamos los pibes'. "Soy hincha de Católica porque mi papá era hincha... recuerdo partidos en segunda categoría", contó Simone, visiblemente satisfecho por su pertenencia a este club.

Al igual que en otros equipos sin tanto raigambre popular, el sentimiento por el equipo 'católico' se transmite de padres a hijos. Sidney Aguirre, el incansable hincha de la vuvuzela, llegó con su primo Brandon (ambos de 17 años) y con su padre Iván. "Recuerdo un viaje a Manta con mi papá, por el ascenso en el 2006 y perdimos cuando tenía ocho años. Ahí ya empezó este sentimiento", dijo el adolescente que en su colegio era el único hincha de la 'Chatoleí'.

“Ser hincha de la Católica es bastante pasional, porque somos pocos. Es una pasión diferente, muy de familia. Los jugadores nos conocen porque somos pocos”, explicó Iván Aguirre.

De ese gusto por el elenco camaratta también da fe Miguel Vivanco, de 15 años, quien fue al estadio con su padre y su abuelo. "Mi tío me trajo al estadio desde bebé y hasta ahora sigue el amor por el equipo", explicó el adolescente que portaba una bandera azul de poco más de un metro. Su abuelo, Gonzalo Raza, inició en la familia el gusto por la Universidad Católica. “Soy hincha desde el ascenso al profesionalismo en 1965. Desde ahí sufriendo y disfrutando", añadió el hombre de 72 años, quien cuenta que cuatro de sus cinco hijos son seguidores camarattas al igual que la mayoría de sus nietos. "Nosotros vivimos estos partidos internacionales con ilusión, con esperanza... Me da nostalgia que antes llenamos estadios como en 1979 (los hinchas católicos siempre afirman que ese año debieron ser campeones), pero aquí seguimos firmes", explicó mientras fumaba un cigarrillo.

La mayoría de aficionados del Trencito Azul dejó en silencio el estadio capitalino tras el empate 1-1 ante los venezolanos. Uno que otro salió molesto y hasta se escucharon un par de insultos. Sin embargo, de seguro estos persistentes hinchas volverán a acompañar al equipo en sus próximos encuentros.

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