27 de July de 2010 00:00

A Hidalgo nadie le gana en el atletismo

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Carlos Rojas Acevedo. Redactor

Edmundo Hidalgo no tiene fecha ni calendario cuando tiene que entrenar a sus pupilas. Tampoco una gripe, la lluvia o el fuerte sol le impiden llegar a tiempo a sus jornadas diarias de ejercitación en el estadio Atahualpa.

Esa dedicación a su trabajo, asegura, es una de las razones por las cuales ha ganado los últimos 35 años el torneo Intercolegial de atletismo de Quito con la categoría Juvenil del 24 de Mayo. “He roto el récord Guinness”, dice, esboza una sonrisa, y saca sutilmente el pecho.Su éxito lo enorgullece, aunque en realidad el récord no lo ha legalizado. “Me he comunicado con la gente del Guinness, pero los veedores deben venir a comprobarlo y para eso se necesita dinero. No lo he tenido”, añade con un dejo de resignación.

Hidalgo, de 65 años, ingresó al colegio como profesor de Ciencias Sociales en 1974. “Las autoridades de ese entonces conocieron que también me dedicaba al deporte y me propusieron a la par preparar a las atletas”. Desde entonces también entrena a las ‘Chivas’, como se conoce a las estudiantes del 24 de Mayo.

Ese primer año las seleccionadas del colegio Alemán ganaron el título en atletismo. Pero desde 1975 las ‘Chivas’ han sido imparables en la categoría juvenil, en la que participan estudiantes menores de 19 años.

Hidalgo atribuye sus 35 años de triunfos, sobre todo, al esfuerzo de sus pupilas. También, a su planificación deportiva pues se define como un autodidacta.

En estas tres décadas y media, Hidalgo calcula que unas 6 000 chicas se han entrenado con él.

De estas –dice- 1000 han obtenido éxitos nacionales y unas 100 lograron medallas en el extranjero. Entre sus atletas más destacadas están Mercy Colorado, vicecampeona sudamericana en 800 metros; Íngrid Rosero, campeona bolivariana en 800 metros; y las campeonas sudamericanas Liliana Chalá y Laura Méndez, quien falleció tres años atrás, entre muchas otras.

Hidalgo está a un costado de la pista atlética del estadio Olímpico Atahualpa, sitio en el cual entrena, de lunes a sábado, a un grupo de unos 40 deportistas del colegio, de la UTE y de la Selección de Pichincha. El silencio del escenario deportivo se rompe desde las 07:30, cada vez que el entrenador, con su voz grave, empieza con las indicaciones para sus deportistas.

Es la segunda semana de julio y las chicas ya han finalizado el año lectivo. Sin embargo, el entrenamiento no puede detenerse. “Es muy estricto en las prácticas, pero me ha enseñado a confiar en mí misma”, asegura Pamela Chalá, de 18 años, quien finalizó el sexto curso este año.

Las deportistas coinciden en que su entrenador es estricto y que en ocasiones se enoja con facilidad. Él lo reconoce, lo acepta. “Me molesto cuando no hay esfuerzo. En eso tengo mal genio”.

Hidalgo viste un pantalón de dril, zapatos negros de suela, camisa y un saco con cuello en V. Para protegerse del sol utiliza un sombrero de estilo pescador y tiene lentes oscuros, que impiden verle los ojos. En la mano sostiene un cronómetro y con un grito de ‘¡fuera!’ da la señal de partida a ocho corredoras. Las muchachas parten y recorren 100 metros. Cuando las chicas cruzan la meta él se toma la cabeza con las manos, se quita el sombrero y dice, emocionado: ¡son diamantes en bruto!

Al finalizar la jornada, a eso de las 09:30, reúne al grupo. Ese día llegaron 29 deportistas. Cinco son de la UTE y el resto del 24 de Mayo. Ya sin gritos las felicita: “'confíen en ustedes porque son tan buenas como las argentinas o las brasileñas'”.

Hidalgo solicitó este año la jubilación del magisterio y de la Concentración Deportiva de Pichincha, lugar en el cual también es entrenador. No obstante, continuará con las prácticas porque como él mismo dice, “uno de sus vicios es el trabajo”.

Y fue por esa entrega al deporte, que en lo familiar tuvo traspiés. Con resignación comenta que fracasó en sus dos primeros matrimonios. Del primero son sus dos hijos, Pablo y Romina.

La familia es un tema del cual prefiere no hablar y se limita a decir que le dedicó demasiado tiempo a los entrenamientos, a los viajes, a las planificaciones...

En la actualidad está casado con la psicóloga deportiva Irma Ortiz, de 40 años, a quien conoció en las pistas cinco años atrás.

Edmundo Hidalgo nació en Pujilí el 24 de septiembre de 1944. Es el mayor de cinco hermanos y se inició en el atletismo a los 10 años, motivado por sus padres Jorge Hidalgo y Angelina Vega, quienes eran maestros en la escuela Humbolt de San Antonio de Pichincha. En esa escuela cursó el quinto y el sexto grados. Y fue por esa época que empezó a utilizar los lentes oscuros, pues le detectaron fotofobia.

En su adolescencia integró la Selección del colegio Mejía. Allí fue el “eterno vicecampeón de los 100 y 200 metros planos”. El primero siempre fue Edmundo Garrido, su compañero de equipo a quien nunca pudo ganar en los intercolegiales. “A los dos nos conocían como los chingolos, que es algo así como decir los hermanos, los amigos”, sostiene.

Ingresó a la Universidad Central, a la Facultad de Filosofía. Continuó con el atletismo. Desde el primer año de universidad, Hidalgo empezó a trabajar en la Academia Militar Patria. En el segundo año se integró también en los colegios Intisana y luego en Los Pinos. “Allí aprendí y me desarrollé como maestro y empecé a conocer a la juventud”.

Su camino como entrenador empezó en 1968. Ese año consiguió un primer libro de entrenamiento, sobre procedimientos técnicos del atletismo. Desde entonces no ha parado de investigar y en su biblioteca reposan unos 1200 libros sobre deporte. Se define como un autodidacta.

Homero Salazar, entrenador del colegio Simón Bolívar y uno de sus principales rivales en los torneos colegiales, elogia la metodología de Hidalgo. “Es un técnico exigente, que siempre nos sorprende”, comenta.

Una a una las ‘Chivas’ dejan el Atahualpa. Todas o casi todas se despiden con afecto de su entrenador. Mientas lo hacen, en son de broma él les dice que se vayan directo a la casa. Las adolescentes sonríen, lo abrazan y se van.

En el escenario solo queda el entrenador, con sus lentes oscuros y su cronómetro en la mano. La jornada ha terminado, pero solo para retomarse al día siguiente. Hidalgo es de aquellos convencidos que “para lograr el éxito hay que ser constante”.

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