24 de June de 2010 00:00

Una voluntaria alemana festejó el triunfo sin descuidar su trabajo

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Manuel Quizhpe. Red. Cuenca

La alemana Paula Schomerus está rodeada de niños y niñas cuencanos, todos de escasos recursos económicos. Ellos son su prioridad, por eso ayer no miró la jugada del único gol que marcó su selección a los 60 minutos a través de Mesut Özil en la portería de Ghana.

En ese instante, con el televisor a colores de 21 pulgadas al frente, Schomerus indicaba a Carolina Ruales cómo hacer un deber de matemáticas y ordenaba una tarea de dibujo a Jessica Naula. Otros 20 niños eran atendidos por Patricia Blakey y los esposos Guillermo y Valery Lacey. Todos de Estados Unidos.

Schomerus, de 21 años y oriunda de la ciudad de Bremen, festejó la anotación de Özil cuando pasaron las repeticiones. Levantó sus brazos y se lanzó sobre su compatriota Astrid Zumstein, de 29 años. Luego recibió las felicitaciones de unos 15 alumnos, menos de Freddy Ruales, de 12 años.

Las dos alemanas llegaron hace 10 meses a Cuenca con una beca de su Gobierno para ayudar en desarrollo social. Antes de iniciar el juego, Freddy apostó USD 1 con su profesora (así la llaman) por el triunfo de Ghana.

Él puso en tensión a la alemana. Aprovechaba de sus ajetreos para gritar los supuestos goles de Ghana. “Es verdad”, decía con su ceño fruncido. Luego pidió que se destacara que Özil es delantero de Werder Bremen, su equipo favorito. Es una hincha del fútbol.

Ayer vestía la camiseta oficial del número 9 del Bremen, Markus Rosenberg, quien en el 2004 fue seleccionado de Alemania. En el comedor de la Feria Libre de El Arenal, ella se diferenciaba del resto por su cabello rubio y porque al lado izquierdo de su rostro se pintó una bandera con los colores de su país (amarillo, rojo y negro) y al derecho una flor.

A la hora del inicio del cotejo (13:30), esta alemana recogía platos, cucharas y vasos. Con un mandil blanco recorría a prisa por las mesas en donde 150 niños se sirven los alimentos a diario. Su ropa envejecida reflejaban la pobreza, pero todos estaban felices.

Se jugaban 12 minutos del partido cuando Schomerus dejó el local. Cruzó los puestos de ventas de frutas recibiendo el saludo de los vendedores. Llegó al puesto de Rebeca Loja, quien instaló un televisor para ver el fútbol. Miró hasta el minuto 33.

Lo único que Schomerus dijo es que “Alemania no está jugando bien”. Su otra actividad: ayudar a los niños en los deberes, cuidarles, curarles cuando se lastiman, comenzaba a las 14:00.

Para llegar a la Fundación El Arenal recorrió seis cuadras. En donde había un televisor se detenía para mirar las acciones. Al final ganó la apuesta que no la cobró. Estaba feliz porque su equipo está en octavos de final y jugará el domingo ante Inglaterra.

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