24 de September de 2012 00:01

Los títulos se ganan con la palabra

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Al jugador de fútbol hay que enseñarle primero a perder y luego a ganar. Así lo expresa sin tapujos el psicólogo Víctor Guamán, especialista que labora en el Independiente del Valle desde este año.

Con 36 años y graduado en la Universidad Central, el profesional no se reprime al afirmar que para motivar a los chicos y a los jugadores del primer plantel del club de Sangolquí utiliza también metodologías ya probadas en el todo ganador Barcelona de España y en el Uruguay.

No usa mandil. Por el contrario, se camufla con el calentador deportivo del club y parece uno más de los que allí colaboran con los entrenamientos. Y de hecho, para él la parte motivacional es tan importante como entrenarse física y tácticamente. Así, si un deportista se lesiona, falla un penal o malogra solo frente a la portería un tanto que parecía fácil, el jugador tendrá mejores opciones de superar ese mal momento.

Al principio, Guamán, de tez trigueña y con una voz que parece sacada de los manuales de motivación, sentía que muchos de los jugadores del primer plantel iban obligados a dialogar con él. Ahora, tras nueve meses de charlas grupales e individuales, incluso hay futbolistas que van voluntaria y periódicamente a su consulta. Él recalca que la psicología no es para personas que tengan problemas mentales o estén “locas”. “Esa idea aún se mantiene pero poco a poco ha ido cambiando”, dice detrás del escritorio en su pequeña oficina que, aunque caben solo un par de sillas se denomina ‘departamento de salud mental’.

Por el momento trabaja solo, pero espera contar con más colaboradores en un futuro.

Uno los jugadores que más acude a dialogar voluntariamente con él es Leonel Ramírez, oriundo de Santo Domingo y de 18 años. El jugador ha encontrado en el psicólogo una persona a quien pedirle consejos. “Muchos de los futbolistas no están preparados para la fama, el éxito y el dinero. Ramírez, en cambio, medita bien sus decisiones y a más de ser un gran jugador tiene un proyecto de vida serio”, asegura Guamán, quien añade que también hay otros futbolistas que conversan con él sobre diversos aspectos de la vida, desde inversiones económicas hasta temas del ‘corazón’.

Para captar la atención de los jugadores se ha valido de múltiples plataformas audiovisuales. Por ejemplo, las canciones de salsa y de hip hop han sido útiles para captar el interés de los más jóvenes. En el Independiente, entre el equipo de primera y las formativas hay unos 150 deportistas.

Sus charlas no pasan de los 25 minutos, que es el tiempo de atención que tienen los más jóvenes en el club. Y para aprovechar mejor ese tiempo, él se vale también de fragmentos de escenas impactantes de películas como ‘Rocky’, ‘Gladiador’ y otras. “Hay diversas formas de entender y de llegar. El psicólogo trata de conocer la realidad de cada jugador y a partir de eso encontrar soluciones a los problemas de cada uno”, asegura.

En su paso por el club de Sangolquí siente que ya ha logrado cambios positivos. Por ejemplo, recalca que el trabajo psicológico en un equipo debe ser un proceso en el que se debe mejorar la actitud del jugador. Ese proceso es preferible empezarlo desde edades tempranas.

Asad logró títulos con entrenamiento y motivación

Julio Asad ha sido exitoso en el fútbol ecuatoriano. Con el Olmedo y el Deportivo Cuenca logró los títulos del 2000 y el 2004, en ese orden. Esos, hasta el momento, son los únicos campeonatos que ostentan clubes que no sean de Quito ni de Guayaquil.

En su época como jugador se destacó en el Vélez Sarfield de la Primera División argentina y como entrenador ha sabido sacar lo mejor de cada vivencia, dentro y fuera de la cancha, para transmitirlas a sus jugadores.

Por eso él es de los técnicos que conversa permanentemente y trata de que sus pupilos ingresen al campo de juego con el ánimo en alto. Sus charlas “dependen del momento”. Pero en ocasiones también se ha valido de otras personas para sus propósitos. Fue el caso en el título cuencano.

En la liguilla del 2004 el ‘Turco’ invitó a Jefferson Pérez para que conversara con sus jugadores. El campeón mundial y olímpico de marcha acudió a la cita. Asad recuerda que las frases del marchista azuayo, como no rendirse ante las adversidades y continuar a pesar de todo, calaron hondo en su grupo y eso también contribuyó a la campaña que les permitió conseguir el campeonato.

Con el Olmedo, en cambio, la táctica fue diferente. En ese 2000 el ‘Turco’ se valió de la idea de “alcanzar los sueños”. En los entrenamientos, sobre todo en la liguilla final, el DT argentino les recalcaba a sus jugadores que “todo puede ser posible con trabajo y entrenamiento”. Ese grupo también se coronó campeón.

Luego, el ‘Turco’ también tomó a la Liga de Quito en la Serie B y retornó con los albos a la A. Y ahora está al frente del Aucas, en la Segunda categoría. Asad sabe que es un reto, porque en esa serie las canchas no son de las mejores y sus rivales dan todo para derrotar a los orientales.

Desde que llegó al Aucas ha intentado conocer a sus jugadores. No los obliga a conversar con él pero sí intenta que ellos sepan que pueden encontrar en él a un amigo y hasta a un padre. “Intento escuchar a los futbolistas y si es el caso hasta darles un consejo”, se sinceró el DT que en el 2008 superó una enfermedad cerebrovascular.

En el ‘Ídolo del Pueblo’ también se hizo cercano de Jaime Kaviedes, el habilidoso jugador que constantemente ha tenido problemas personales y de disciplina. Para Asad, el ‘Nine’ es uno de los mejores futbolistas que ha tenido el país y desde el inicio le llamó la atención su “humildad y sencillez”. “A un jugador como él siempre tratas de darle una mano”, aseguró.

Otro entrenador que se la jugó por un deportista con un pasado problemático fue Rubén Darío Insúa, actual técnico del Deportivo Quito. En el 2009, en su primer ciclo al frente del club chulla, le ofrecieron a Michael Arroyo, deportista que en ese entonces estuvo suspendido algunos meses por consumir drogas. Entonces, Insúa asumió la decisión de contratar al volante que contribuyó en el bicampeonato de la AKD, que luego pasó por México y que hoy se destaca en el Barcelona. “Lo importante no es recuperar al jugador como sí recuperar a la persona”, sostiene el entrenador.


sus decisiones  y a  más de ser un  gran jugador tiene un proyecto de vida serio”, asegura Guamán, quien  añade  que también hay otros   futbolistas   que  conversan con  él sobre diversos   aspectos de la vida, desde      inversiones económicas hasta temas          del ‘corazón’.  
Para  captar la atención   de   los  jugadores   se ha valido de múltiples plataformas audiovisuales.  Por ejemplo,  las canciones de salsa y de hip hop han sido útiles para  captar el interés   de  los  más jóvenes. En el Independiente, entre el equipo de primera y las formativas hay unos 150 deportistas.

Sus charlas no pasan de los 25 minutos,  que es el tiempo  de atención que tienen los    más jóvenes en el club.  Y  para aprovechar mejor ese tiempo, él  se vale    también de fragmentos de  escenas impactantes de películas como ‘Rocky’, ‘Gladiador’ y otras.  “Hay  diversas   formas de entender y de llegar. El psicólogo trata de conocer la realidad de cada jugador y a partir de eso encontrar soluciones a los problemas de cada  uno”,  asegura. 

En  su paso   por el  club de Sangolquí   siente que  ya  ha  logrado cambios positivos. Por ejemplo, recalca que   el trabajo psicológico en un equipo debe ser un proceso en el que se debe mejorar la actitud del jugador. Ese  proceso   es preferible empezarlo  desde edades tempranas.  
 
Asad logró títulos con    entrenamiento y motivación

Julio Asad ha sido exitoso  en el fútbol ecuatoriano.  Con el Olmedo y el Deportivo Cuenca logró los títulos del 2000 y el 2004, en ese orden. Esos,  hasta el momento, son los únicos campeonatos que ostentan clubes que no sean de Quito ni de Guayaquil.

En su época como jugador se destacó   en el Vélez Sarfield de la Primera División argentina y   como entrenador ha  sabido sacar lo mejor de cada vivencia, dentro y fuera de la cancha,   para   transmitirlas  a sus jugadores.
 
Por eso  él  es de los técnicos  que   conversa     permanentemente y trata de  que sus pupilos   ingresen  al campo de juego  con el ánimo en alto. Sus charlas “dependen del momento”.  Pero en ocasiones también se  ha valido  de otras  personas para sus propósitos.     Fue el caso  en el título cuencano.  
 
En la  liguilla del 2004    el ‘Turco’ invitó  a  Jefferson Pérez  para que conversara   con  sus jugadores. El campeón mundial y olímpico de marcha acudió a la cita. Asad recuerda que las  frases    del marchista azuayo, como no rendirse ante las adversidades y continuar a pesar de todo,  calaron  hondo en su grupo   y eso también contribuyó   a la campaña que les permitió conseguir el campeonato.  
Con el Olmedo, en cambio, la táctica fue diferente.  En  ese  2000 el ‘Turco’ se valió de la idea de  “alcanzar los sueños”. En los entrenamientos, sobre todo en la liguilla final, el DT argentino   les recalcaba a sus jugadores que “todo  puede ser posible con  trabajo  y entrenamiento”.  Ese   grupo también se coronó campeón.    
 
Luego, el ‘Turco’ también  tomó a la Liga de  Quito en la Serie B y retornó con los albos a la A.   Y ahora está al frente del Aucas,   en la Segunda  categoría.  Asad sabe  que es un reto, porque en  esa  serie  las canchas no son de las mejores y sus rivales  dan todo para derrotar a los orientales.    

Desde que llegó al Aucas ha intentado conocer a sus jugadores.    No los obliga a conversar con él pero  sí  intenta que ellos sepan  que  pueden  encontrar en él a   un amigo y hasta a    un padre.  “Intento escuchar a los  futbolistas  y si es el caso hasta darles un consejo”, se sinceró el DT que  en el 2008  superó  una enfermedad cerebrovascular.    
 
En el ‘Ídolo del Pueblo’ también  se hizo  cercano de Jaime Kaviedes, el  habilidoso jugador que  constantemente ha tenido problemas  personales y de disciplina.  Para Asad, el ‘Nine’ es uno de los mejores  futbolistas que ha tenido el país y desde el inicio le llamó la atención su “humildad y sencillez”.     “A un jugador como él siempre tratas de darle una mano”, aseguró.  
 
Otro entrenador que se la jugó por un deportista con un pasado problemático fue Rubén Darío Insúa, actual técnico del Deportivo Quito.  En el 2009, en su primer ciclo al frente del club chulla,  le ofrecieron  a Michael Arroyo, deportista que en ese entonces estuvo suspendido algunos meses por consumir  drogas.    Entonces,    Insúa   asumió la decisión  de  contratar  al    volante  que contribuyó en el bicampeonato de la AKD, que luego  pasó por México y  que hoy se destaca en el Barcelona.  “Lo importante no es recuperar  al jugador como sí recuperar a  la persona”,  sostiene  el   entrenador.

Los  criterios  de los especialistas

El psicólogo    debe ser parte del cuerpo técnico y trabajar coordinadamente con los entrenadores. Eso sostiene Víctor Guamán, en el Independiente del Valle.  

El deporte  y el fútbol son  disciplinas  donde prima la cabeza. El cuerpo hace lo que le dice la cabeza. Así lo asegura  el especialista en psicología   Oswaldo Salazar.  

El psicólogo  debe buscar la empatía con los deportistas. Así se genera la confianza para que los chicos se acerquen al especialista, según Salazar,  experto  desde  los 70.  

En  Liga  de Quito  también hay dos personas especializadas en   Psicología. Allí también trabajan     con los chicos de  las divisiones formativas y los profesionales.   

En    El  Nacional,  de  momento, no hay un especialista que esté a cargo  de la parte  emotiva y afectiva.  Hace un  par de años,  de eso se encargaba Patricio Cevallos.     
Algo   común   en los clubes  de la Primera División son las charlas  de motivación. Cada cierto tiempo llegan  motivadores que tratan de elevar el ánimo de los futbolistas. 


 Entrevista
Rubén  Darío Insúa / DT del Deportivo Quito

 ‘En fútbol, disciplina no es castigo’

Cuando el  grupo  pasa por un mal momento o   algún jugador está alicaído, ¿qué  hace para levantar al  equipo  ?
Eso depende de múltiples factores. Primero de las  características del conductor (DT),   de su forma de ser,  de lo que busque dentro y fuera de la cancha en cuanto a las normas de convivencia.  Cuando un jugador está en   un equipo grande como el  Quito,   su autoestima  casi siempre debería  estar alta,  porque está en un lugar de privilegio,  donde cualquier futbolista quisiera permanecer.  Después depende  de otros factores.  Conocer los problemas, la idiosincrasia,  rasgos culturales, saber por qué no ha  rendido...    
 ¿Cómo encontró al grupo en  esta nueva etapa?
Cuando  llegué el equipo venía de una crisis que había durado tres meses. De haber  perdido  un partido de la  Libertadores por seis goles de diferencia, que es un marcador  atípico,   y  eso -generalmente-    destruye  la confianza,   modifica los objetivos.   
El entrenador es también un psicólogo... ¿cómo se llega a un jugador ?
Depende del momento y del conductor, que en este caso soy yo. A veces es el diálogo, a veces   con  gestos y, en ocasiones,  a través de decisiones. Al jugador hay que mandarle  mensajes permanentemente.  Si un futbolista no se entrena bien,   no juega. En un club grande se necesitan jugadores   profesionales.  Después  también hay normas de conducta, de convivencia, de trabajo.
 ¿Observa   a  sus dirigidos dentro y fuera de la cancha?
Sí,  mucho.  Cuando hice el curso de técnico la psicología fue la materia que más me interesó.   La psicología no es ni más ni menos entender la conducta humana;   tengo un amigo   sociólogo con el que   intercambio ideas. También   leo y estudio sobre el tema.     
 ¿Cómo aplica  esos conocimientos?
Trato de meterme en la cabeza de cada jugador, para saber qué cosas buenas  puedo sacar de él y en qué   corregirlo. La palabra disciplina  a veces es mal utilizada.  Disciplina  significa   la suma de cosas bien hechas  todos los días.  No significa castigo. Me gusta hacer docencia.  Desde que soy técnico jamás     puse una multa a un futbolista.  Prefiero herirlo (recalca la palabra y vuelve a repetirla)  excluyéndolo    del equipo. Así  el  jugador   aprende a  valorar    que es   para lo que está el  futbolista.

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