9 de July de 2010 00:00

En Quito también se jugará la final

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Carlos Rojas Acevedo.

La riobambeña Geomar Zambrano nunca estuvo tan excedida de trabajo, como ayer, en sus 10 años de labores en el Centro Español y de las Comunidades. Y todo por la inédita final del Mundial de fútbol que la jugarán el domingo las selecciones de España y Holanda.

Zambrano es la asistente del Directorio y su despacho está en el segundo piso de las instalaciones del Centro, ubicadas en las calles Vancouver e Italia, en el norte. En el sitio hay un escritorio de madera, una computadora, una impresora y el teléfono. Ayer, al mediodía, Zambrano estaba ya agotada por contestar a cada rato el aparato.

La mayoría de llamadas era de ciudadanos españoles residentes en Quito, quienes querían confirmar un lugar para ver el fútbol y alentar por ‘la Furia’ al calor de su ambiente.

Solo ayer Zambrano confirmó 80 reservaciones. Con eso, la capacidad del centro quedó desbordada. El auditorio, donde se han transmitido en pantalla gigante todos los partidos que España ha jugado en Sudáfrica, tiene un aforo para 120 personas. A esto, se suman los 30 puestos del Bar-Restaurante-Tasca, que está en la planta baja del Centro, al igual que el auditorio.

El teléfono continuaba sonando. Por eso, Zambrano bajó hasta el restaurante. Allí se encontraba Marcy Álvarez, administradora del local, Zoila Camacho, miembro del Directorio, y Vicente Mas, agregado cultural de la Embajada española.

A ellos les comentó que ya no había cupos. Pero estas personas no se hicieron problema. Lo importante para ellos será alentar a sus jugadores, el domingo, y luego celebrar a la española, con flamenco, vino Ribera del Duero y pierna de cordero asada al romero.

Por eso, Mas, quien está en el país hace un año, dijo en son de broma que colocarán pantallas para ver el partido en la calle. Y no estaba del todo errado. Para el domingo fijarán al menos otra pantalla, en el hall de entrada.

Hace dos años, cuando España se coronó campeona de Europa, el madrileño trabajaba en Camerún. Y allí, en el único restaurante en el cual preparaban paella, vio aquella final. Ahora estará entre decenas de sus compatriotas en el Centro Español.

Se despidieron. Zambrano retornó a sus labores. El teléfono continuaba sonando y no importaba por qué, aunque apretados, los españoles harán fuerza por su seleccionado en la final.

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