13 de February de 2013 13:11

Osses se parece mucho a Amarilla

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¿Qué tienen en común el paraguayo Carlos Amarilla y el chileno Enrique Osses? Varias cosas: los dos son árbitros que gozan de la bendición de la Confederación Sudamericana de Fútbol y son permanentemente designados para dirigir los torneos más importantes que se juegan en Sudamérica: eliminatorias al Mundial, Copa Libertadores y Copa Sudamericana.

Amarilla, por ejemplo, pitó la final de ida de la Libertadores 2011. Osses, en cambio, fue el juez de la final de la Libertadores 2012 y además, la Conmebol le dejó ser el árbitro de la accidentada final de la Sudamericana del año pasado entre Sao Paulo y Tigre.

Pero ¿qué más tienen en común? Que los dos entraron a la historia del fútbol ecuatoriano como protagonistas de hechos bochornosos, que su acción determinó la suerte de los partidos que dirigieron, casualmente en la misma ciudad: Montevideo y en un mismo día del mes: el 12. (Amarilla, el 12 de septiembre del 2012 en el partido Uruguay vs. Ecuador y Osses, el pasado martes 12 de febrero en el duelo entre Nacional y Barcelona).

Osses y Amarilla son antihéroes para el fútbol ecuatoriano. Las acciones de ambos fueron determinantes en el resultado final de los dos partidos anteriormente citados. Incluso su tipo de error o falta es similar: Amarilla no pitó un penal claro de Sebastián Muslera sobre Christian Benítez en ese gran partido de la Selección y ayer Osses se hizo el loco y no decretó la falta clara sobre Damián Díaz en el penúltimo minuto del partido de Barcelona. Eso sin contar con el papelón que hizo en la expulsión de Alejandro Lembo. ¿Cómo un árbitro profesional puede olvidarse que ya sancionó con dos amarillas a un jugador?

Hay que decir que, tanto en el partido de ayer como en el de la Selección, nuestros equipos también gozaron de opciones para rematar el partido sin depender del árbitro, pero errores como los citados no pueden pasar por alto.

Lo que acaba de suceder con Barcelona debe encender las alertas del fútbol ecuatoriano en vísperas a un año clave en el cual, además de las copas de clubes, el balompié local se juega el chance de acceder al tercer Mundial. Ecuador debe competir contra los rivales, pero también contra los Osses y los Amarillas.

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