2 de April de 2012 00:05

‘La manzana podrida es solo un mito’

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alejandro-ribadeneira

El veterano volante Wellington Sánchez reflexiona sobre la indisciplina de algunos jugadores y da pistas sobre su larga carrera

Como suele ocurrir cada cierto tiempo, la indisciplina de los futbolistas vuelve a generar polémica. ¿El jugador ecuatoriano carece de disciplina o estamos ante una generalización?

Creo que, a diferencia de lo que mucha gente puede opinar, los jugadores exhiben ahora un profesionalismo más marcado que antes, cuando no había tantas exigencias físicas. Ahora un profesional debe prepararse físicamente y cuidarse para rendir. Si no hubiera habido disciplina, el fútbol nacional no habría experimentado el crecimiento que le llevó a dos mundiales y a exportar valores a Europa.

En un equipo de 25 jugadores no todos pueden ser iguales. Así como hay jugadores serios, hay algunos más informales. Pero ¿por qué el indisciplinado destaca más que los otros?

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Lamentablemente, en nuestro país se da más espacio al que se destaca por sus errores que a quien acierta pero pasa desapercibido. Eso no solo pasa en el fútbol sino en todos los ámbitos.

Pero en este año han ocurrido algunos escándalos con jugadores de recorrido, que tienen títulos y experiencia...

Yo no soy nadie para juzgar, pero es obvio que los jugadores somos personajes públicos y estamos expuestos ante la gente. Los jugadores somos mayores de edad; cada uno es responsable de sus actos y debe asumir las consecuencias de sus errores. Pero es injusto que se deje de lado el rigor y el sacrificio de los jugadores por unos pocos ejemplos de inmadurez.

El futbolista es humano y también tiene derecho a divertirse, pero por su oficio, que requiere de un estado físico óptimos debe tener un límite. ¿O no?

Los excesos son inconvenientes. Los jugadores también necesitan diversión para dejar escapar el estrés. Necesitamos salir a un restaurante, al cine, a visitas sociales, a desarrollar vida privada. Obviamente, un profesional sí debe marcarse un límite porque los excesos afectan su rendimiento. También debe tener cuidado sobre todo cuando está en un lugar público, pues hay miradas que lo juzgan. Tener un equilibrio para la diversión es la clave.

Usted ha sido capitán. ¿Le ha tocado aconsejar a jugadores jóvenes que dieron muestras de actos de indisciplina?

Lo he hecho varias veces, pero es complicado. Hay chicos que aceptan de buena manera el consejo, pero otros no y se enojan. He procurado acercarme a los que están dispuestos a recibir una orientación, pero no siempre se encuentra esa disposición en todos.

Algunos jugadores suben muy rápido y ganan mucho dinero de golpe. Eso genera derroche y puede llevar a los excesos...

Ese es un tema complejo, sobre todo si el jugador joven viene de otra ciudad y no tiene una guía familiar cerca que lo oriente. Si el padre o la madre permanecen cerca, el jugador podrá aprovechar la oportunidad de hacer una carrera larga en el fútbol. El tiempo en la cancha es muy corto.

Entonces es mejor apelar a la fuerza del ejemplo...

Yo primero soy un ejemplo para mis hijos. Pienso que Dios me dio una facultad para jugar y por eso me cuido. Pero no creo que por eso ya soy un ejemplo para todos los niños. Luego, si uno marcha bien, hace su vida ordenada y termina como reflejo para otras personas, bienvenido sea.

Suele decirse que un jugador determinado es una ‘manzana podrida’ que puede contagiar a sus compañeros. Pero, ¿en verdad un plantel puede dejarse arrastrar por la inmadurez de una sola persona?

Eso es un mito. Ahora los equipos son más profesionales y no es posible que una ‘manzana podrida’ se vaya llevando a cuatro jugadores. La mayoría de jugadores llega a la Serie A con sus objetivos claros, que no se dejan de lado aunque sean amigos de la ‘manzana podrida’. El mal elemento se porta mal pero no le siguen los demás.

¿Qué tan útiles son las concentraciones de jugadores antes de los partidos?¿Funcionan o se convierten en un tormento?

Los técnicos aplican las concentraciones para que el equipo esté bien, para que el grupo descanse lo suficiente y coma con horarios precisos. Para que realmente sirva para el propósito de rendir en la cancha, la concentración debe prestar todas las comodidades para los jugadores porque, cuando no hay facilidades, el deportista no descansa adecuadamente. Para estar incómodo, mejor me quedo en la casa.

Algunos entrenadores crean cárceles en las concentraciones...

En mi carrera he tenido que asumir diversos estilos de concentración, algunos demasiado rígidos y otros más flexibles, según la filosofía del entrenador; pero al final los objetivos que se alcanzan en la cancha no se deben a la concentración sino al funcionamiento del grupo. La concentración es excelente en una pretemporada para que los jugadores se conozcan, bromeen, generen familiaridad; pero después ya no es tan necesaria. Un profesional ya sabe cuándo debe descansar.

¿Cómo se cuida usted?

Yo hago lo normal, como cualquier padre con esposa e hijos. Yo no trato de inventar cosas que sé que pueden hacerme daño. Después de una práctica sumamente intensa no me voy de farra sino que, para el resto del día, me limito a un baño polar, a descansar y a nada más. Uno siente sus piernas, conoce su cuerpo, es algo de sentido común saber cuidarse de los excesos.

HOJA DE VIDA
Wellington Eduardo

Sánchez Luzuriaga  nació el 19 de junio de 1974, en Ambato. Debutó en 1992 en Técnico Universitario.    

Ha jugado en   El Nacional (campeón en 1996, 2005 y  2006), Emelec (campeón en el 2001 y el 2002), Católica, Independiente del Valle y en la MLS de Estados Unidos. Ahora es capitán en Aucas.
 
Con la Tricolorjugó las Copas América de 1995, 1997, 1999 y 2001.

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