5 de July de 2010 00:00

Löw pasó de fracasado DT de Segunda a genio de la táctica

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Redacción Deportes

No tiene pinta de un entrenador de fútbol ni, mucho menos, de técnico alemán. Parece más bien uno de los Beatles, de la época del cerquillo, cuando cantaban ‘Love Me Do’. Pero Joachim Löw es el entrenador más revolucionario de la historia de Alemania.

Löw ha conseguido lo que hace décadas era imposible de imaginarse, cuando Karl-Heinz Rumnenigge y Lothar Matthäus eran los capitanes de unos voluntariosos pero rígidos equipos alemanes, famosos por su resistencia y su escasa picardía. Jugaban las finales, pero no enamoraban.La Alemania de este Mundial es más brasileña que Brasil, donde el picapedrero Dunga se esmeró en cambiar al talento por el orden. Löw ha hecho lo contrario, al sumar a la impecable condición física de los germanos una gran dosis de manejo de la pelota, abanico de pases, precisión en la entrega y sincronización de movimientos.

Un defecto notable de este equipo era que, por su inexperiencia (el promedio es de 24,8 años, el segundo más bajo de Alemania en los mundiales), no administraba bien la presión. Perdió con Serbia en la primera fase pese a que tuvo un penal a su favor. Con Inglaterra, en los octavos de final, los germanos se descompusieron cuando los británicos descontaron una ventaja de dos goles y estuvieron a punto de empatar. Luego vino el gol de Frank Lampard que no subió al marcador.

Löw, al parecer, ha logrado controlar esta ansiedad. Ante Argentina, sus pupilos fueron una máquina de pases, desbordes y goles, pero con una jerarquía que no había sido vista. Era el ingrediente que le faltaba a este equipo para acercarse a la perfección.

También es un mérito de Löw la gran armonía en el camerino, conformado por 11 jugadores extranjeros o descendientes de migrantes. Es un equipo que Adolf Hitler, el despiadado líder nazi, jamás hubiera soñado.

Para la canciller de Alemania, Angela Merkel, la unidad de los jugadores, que contrasta con la división que mostró Francia, es un ejemplo para la integración de los migrantes.

Esta obra de arte, para sorpresa general, la firma un técnico que, hace 10 años, era tan fracasado que envió a un equipo de Segunda división a Tercera. Löw, que como DT del Stuttgart ganó la Copa de Alemania y perdió la final de la Recopa de Europa de 1998, fracasó en todo lo que hizo luego.

Llegó a la selección alemana gracias a Jurgen Klinsmann, su compañero de clases de la infancia, nombrado DT de la ‘Mannschaft’ en el 2004.

Klinsmann, delantero que jugó 108 veces con la selección y ganó el título en 1990, acudió a Löw porque, aunque sus logros no eran abundantes, tenía reputación de estudioso de tácticas en el campo, así que le pidió que fuera su asistente técnico. Klinsmann se hacía cargo de la motivación y el físico, Löw de la estrategia. Trato hecho.

Hay que recordar el contexto: la selección alemana vivía un bajón desde el Mundial de 1994, cuando Bulgaria (¿alguien puede citar a sus estrellas de hoy?) cortó una impresionante racha germana de tres finales seguidas. Los búlgaros de Hristo Stoichkov ganaron a los alemanes por 2-1 en cuartos.

En 1998, Croacia eliminó a Alemania, otra vez en cuartos. El DT Rudi Völler logró colocar a Alemania en la final del 2002, ya con Michael Ballack en la nómina; pero las angustias volvieron en la Eurocopa del 2004, con Alemania eliminada en primera fase.

Con el Mundial del 2006 muy cerca, la dirigencia alemana entró en pánico ante la posibilidad de hacer un papelón en su propio país. Técnicos de experiencia como Otto Rehhagel (campeón de Europa con Grecia en el 2004) y Ottmar Hitzfeld rechazaron la oferta de dirigir a Alemania.

Así, Klinsmann ganó la vacante con su promesa de formar un equipo decente y alcanzó las semifinales, aunque sus métodos poco ortodoxos, con asesores estadounidenses de gimnasia y entrenamientos a ritmo de rap, generaron polémica. Además, Klinsmann no dejó de vivir en California con su esposa, nativa de EE.UU., por lo que Löw fue clave para que el proyecto del 2006 fuera exitoso.

Klinsmann dejó el puesto después del Mundial y lo sucedió Löw, famoso por haber estudiado detalladamente a los argentinos para el cotejo de cuartos de final del 2006, definido en penales. La minuciosidad de Löw llegó al punto de que el arquero Jens Lehmann recibió un papelito con instrucciones precisas de hacia dónde debía lanzarse en caso de definición por penales. Con eso, Alemania ganó.

Desde entonces, Löw ha puesto énfasis en rejuvenecer al equipo y en depurar los movimientos tácticos. Ya no hay rap ni extravagancias sino estudio y trabajo. Alemania llegó a la final de la Eurocopa del 2008,que ganó España.

En el camino hacia Sudáfrica, Löw superó muchos problemas, como el suicidio del arqueo titular Robert Enke y la lesión de última hora del astro Michael Ballack y de Simon Rolfes y Heiko Westermann. Además, decidió descartar a Torsten Frings, Christoph Metzelder y Kevin Kuranyi.

Dos años después, Löw acaba de alcanzar a las semifinales con una gran exhibición táctica, en la que el argentino Lionel Messi fue anulado sin que apenas recibiera faltas. Ese detalle muestra que Löw ha logrado un fútbol bello, limpio y funcional. No es tan descabellado compararlo con un Beatle: Löw le ha dado ritmo a jugadores con cintura de refrigerador.

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