12 de July de 2010 00:00

José María Minaño celebró con sangría

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Luis Cheme. Guayaquil

El español José María Minaño, estudiante de 29 años, besó a su novia la brasileña Ester Melo, profesora de música, cuando el delantero Andrés Iniesta anotó el gol que le dio a España el título de la Copa del Mundo de Sudáfrica.

Minaño llevaba envuelto en su cuello una bandera española, pero en lugar del escudo de ese país, en el centro, tenía dibujada la silueta de un toro de lidia.

Era su segundo día en Guayaquil. El sábado pasado por la tarde empezó a buscar a la comunidad de españoles para ver la final del Mundial sudafricano.

En un buscador de Internet, por la noche, mientras estaba en el hotel Nueve de Octubre, puso la frase “españoles en Guayaquil” y encontró una nota de prensa sobre cómo habían visto sus compatriotas el partido de semifinales contra Alemania, el pasado martes 6 de julio.

Se enteró de que se habían reunido en el club de campo de la Sociedad Española de Beneficencia, ubicado en el kilómetro 3 de la vía a Samborondón. Con esa referencia, llamó por teléfono al Consulado español y una recepcionista lo invitó a ir a ese lugar.

Para ver el partido, se puso camiseta roja con el número 7 sobre su espalda. Ester tenía la misma camiseta pero en color blanco y una gorra verde con la bandera de Brasil bordada en la visera.

A más de los españoles y sus familias, en el lugar había también 30 ecuatorianos, socios del club, que apoyaban a la Selección española con camisetas y pulseras rojas y grandes abanicos.

Fuera del salón, donde estaban instalados dos televisores de 32 pulgadas, un fogón humeaba. Ahí se preparaba el asado que se servirían los invitados. Mientras, de entrada, tomaron sangría, una bebida tradicional española.

Al minuto 11 del segundo tiempo adicional, cuando Iniesta marcó el gol del título mundial, José María había consumido ya cinco jarras de sangría pero no estaba mareado. Cuando el árbitro ingles Howard Webb pitó el final del partido pidió dos jarras más. Ester lo miró sin parpadear por cinco segundos, pero después sonrió y le devolvió el beso que le había dado cuatro minutos atrás.

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