6 de December de 2010 00:00

Los hinchas y los revendedores madrugaron

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Álex Puruncajas.

Las puertas de acceso a la Casa Blanca se abrieron a las 09.00, pero a esa hora Luis Heredia no tenía boleto. El portovejense llegó a Quito el viernes por la noche para alentar a su equipo Emelec, en la primera final del Campeonato.

Heredia no encontró boletos el sábado. Por eso, ayer acudió temprano a las ventanillas del escenario quiteño. Quería comprar una entrada, pero solo los revendedores ofrecían boletos para los aficionados que llegaban desde Quito, Guayaquil, Ambato y Portoviejo e, incluso, de Estados Unidos.

Los revendedores se apostaron en la calles John Kennedy y Hermens Van Risn Rembrandt. Ahí vendían las localidades hasta el doble del precio. La general se ofrecía en USD 35, pese a que su precio original fue de USD 12 y la tribuna de USD 40.

En la calle Rembrandt también habían objetos de albos y azules. “Viaje con el Rey de Copas”, gritaba un vendedor y mostraba aviones con colores de la U. Junto a él, otra persona gritaba: “Lleve las vuvuzelas de Liga. ¡Varón! Lleva tu vuvuzela”. En el sector también había gorras, llaveros, bufandas, camisetas, peluches y vasos con distintivos del conjunto universitario. Esteban Verdezoto compró una bufanda a USD 2, pese a que esa hora el sol pegaba fuerte.

Pero los revendedores eran quienes más se destacaban por sus gritos. Un grupo de siete guayaquileños llegó ayer en la mañana, con entradas que adquirieron en su ciudad , porque ahí también se expendieron las localidades.

Marta Macías, quien lucía una camiseta blanca, intentaba convencer a los hinchas para que le compraran boletos de tribuna. “Mejor compren tribuna, que está solo a USD 40. La general la están vendiendo a USD 35, pero ahí van a estar ajustados y se pueden maltratar”, decía la guayaquileña a un hincha de LDU.

Entre tanto, Heredia seguía preocupado porque no conseguía generales a menos de USD 35. El manabita, quien tenía una camiseta de Emelec y una gorra negra, aguardaba a dos hermanas en la puerta de acceso a la general norte. Ahí, dos policías revisaban a los hinchas. Por eso, James Cevallos no pudo ingresar con una camiseta del conjunto eléctrico.

Heredia finalmente compró tres boletos para la general sur a USD 33. Por eso debió desplazarse hasta otro sector para ingresar al escenario quiteño. En ese momento, los seguidores de la Muerte Blanca caminaban por las calles con tambores y coreaban cánticos del plantel albo.

En un costado, la estadounidense Rachel Brown también estaba preocupada porque su amiga no llegaba al escenario para ver a Liga de Quito. Brown llegó al país hace un mes para aprender y practicar el idioma español.

En los exteriores del estadio se escuchaban más los cánticos del cuadro universitario. Eso sí, en la general sur alta y en la tribuna occidental había espectadores con camisetas azules. Ellos encendieron luces rojas antes de la salida del equipo guayaquileño a la cancha. En la general, los hinchas de la Boca del Pozo desplegaron una bandera gigante con los colores celeste, azul y gris.

Los hinchas blancos, en cambio, lanzaron rollos blancos y bengalas para alentar al equipo dirigido por el entrenador argentino Edgardo Bauza.

Esa euforia se mantuvo hasta el final con el apoyo a los dos equipos. Después del partido, los aficionados azules salieron del estadio con mensajes de que en Guayaquil tendrían la revancha.

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