18 de December de 2011 00:04

La hinchada azul alentó siempre

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De principio a fin. Aún sabiendo que el equipo tenía un gol en contra, los hinchas de Emelec no dejaron de alentar a sus ídolos. Tampoco lo hicieron cuando Matías Alustiza condenó a los azules a su segundo vicecampeonato seguido, con una anotación al minuto 88.

El gol del argentino, en vez de silenciar a los seguidores eléctricos, hizo que se desataran y elevaran su voz, al punto de anular los gritos de la hinchada contraria.

Los bombos, palmadas y las gargantas fueron los instrumentos que utilizó la afición para decir presente en el estadio Olímpico Atahualpa, un escenario colmado por hinchas del plantel chulla.

Cuando los jugadores saltaron a la cancha, algunos hinchas flamearon sus banderas y camisetas en señal de apoyo. Otros elevaron los rosarios que tenían atados al cuello, los que besaron con lágrimas cuando el árbitro Alfredo Intriago dio el pitazo final.

Para ver el último cotejo del torneo nacional de la Serie A, los seguidores de Emelec llegaron de Santo Domingo, Guayaquil, Manabí… También hubo aficionados de Quito. Todos ellos se ubicaron en la general noroccidental para entonar las barras al ritmo que imponían los ‘directores musicales’ de la Boca del Pozo.

Estos jamás dejaron de golpear el bombo, ni en el descanso. Se despidieron del Atahualpa con la promesa de alcanzar la undécima estrella en el 2012 y de seguir apoyando al plantel azul con la misma intensidad.

Desde la noroccidental, la afición cantó el tradicional ‘Solo le pido a Dios’. Una decena de jóvenes con el torso descubierto fue la encargada de animar a los cerca de 5000 seguidores.

El ‘Negro’ fue uno de ellos. El hincha, de cabello largo, contextura delgada y estatura media, llegó a la capital desde Guayaquil. Lo hizo en un bus contratado, por el que pagó USD 12. Salió del Puerto a las 24:00 del viernes y llegó al estadio a las 08:00 de ayer. Junto a ese bus salieron 39 más.

Él, al igual que sus amigos, tenía los ojos rojos. ‘El Negro’ admitió que no pegaron el ojo en toda la noche porque venían cantando y tomando “una que otra copita”.

El rojo de sus ojos se intensificó cuando los jugadores de Emelec salieron de la cancha. Está vez fue a causa de su llanto, ocasionado por la caída de Emelec en Quito.

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