16 de June de 2013 18:24

Gases lacrimógenos y balas de goma contra manifestantes frente al Maracaná

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Unos 3 000 manifestantes que protestaban frente al Maracaná contra el precio del transporte público y los gastos del Mundial fueron dispersados por la policía con gases lacrimógenos y balas de goma, en el primer juego de la Copa Confederaciones en el mítico estadio entre Italia y México (2-1).

Al menos ocho personas fueron detenidas y no había todavía un saldo de heridos, según la policía militar de Rio.

Armados hasta los dientes, cientos de integrantes del batallón de choque, de la policía montada y de la fuerza nacional cercaron a los manifestantes, que protestaban pacíficamente entre hinchas que llegaban al juego, gritando “ Sin violencia ” , “ La Copa no me importa, yo quiero salud y educación ” y “ El Maracaná es nuestro".

La protesta tiene lugar en el marco de otras manifestaciones en Sao Paulo, Rio de Janeiro, Brasilia y otras ciudades brasileñas, convocadas en las redes sociales (#ogiganteacorda, el gigante se despierta) contra el alza del precio del transporte público y los 15.000 millones de dólares en inversiones públicas para el Mundial-2014.

"Brasil resolvió despertarse. No estamos acá por 20 centavos de aumento" del precio del billete de autobús, que subió de 2,75 a 2,95 reales en Rio, dijo a la AFP Camila Mesquita, una estudiante de teatro de 23 años.

" Esa fue la gota que colmó el vaso. La Copa es para los de afuera, y para los brasileños no hay nada", se quejó, mientras se escondía en una estación de combustible de los gases lacrimógenos.

Brasil atraviesa un periodo de débil crecimiento (0,6% en el primer trimestre, en relación al periodo anterior), con una inflación de 6,5% anual, en el techo de la meta oficial, que ha afectado la popularidad del gobierno de Dilma Rousseff.

Otros dos jóvenes llevaban un enorme cartel que leía “ Copa FIFA: 33.000 millones de reales. Olimpíadas: 26.000 millones de reales. Corrupción: 50.000 millones de reales. Salarío mínimo: 678 reales (330 dólares). ¿Y ustedes creen que esto es por 20 centavos de real? ” .

En grupos más pequeños, los manifestantes siguieron protestando en el entorno del estadio durante el juego. A 80 metros del Maracaná, que estuvo en obras durante más de dos años y fue remodelado a un costo de 600 millones de dólares para la Copa Confederaciones y el Mundial, un grupo de 130 personas gritaba consignas, vigilados por unos 100 policías.

"En los hospitales públicos no hay una atención básica decente, la educación pública es muy mala, y encima quieren hacer la Copa aquí", se quejó Fabio Gomes, un productor cultural de 33 años, mientras corría y se enjuagaba los ojos del efecto irritante de los gases.

Muchos de los manifestantes, en su mayoría jóvenes, portaban banderas de Brasil a modo de capa, así como pañuelos en la cara o máscaras y hasta lentes de soldar para protegerse de los gases.

Varios transeúntes quedaron atrapados entre manifestantes y policías. Agachada bajo un kiosco en una esquina, una niña de ocho años lloraba asustada con los ojos en compota por los gases lacrimógenos.

A pocos pasos, una madre intentaba enjuagar los ojos de su hijo de tres años con agua, mientras un policía le gritaba que no lo hiciera porque era peor.

Algunos manifestantes llevaban vinagre para limpiarse los ojos, y uno de ellos reclamaba en un cartel la “ legalización del vinagre ” , luego de que policías confiscaran el líquido en otras manifestaciones.

Dos policías consultados en la protesta estimaron que los manifestantes eran más de 3.000 y que la expectativa era de 5 000 en total. No obstante, la policía militar dijo que la cifra oficial de manifestantes es de 300.

El sábado, en la inauguración de la Copa Confederaciones en Brasilia con el partido Brasil-Japón, la policía dispersó con gases lacrimógenos y balas de goma a los manifestantes, con un saldo de 33 heridos y 20 detenidos.

"Brasil le ganó ayer a Japón 3-0 en la apertura de la Copa Confederaciones, pero Japón está mucho más avanzado que Brasil en tecnología, en salud y educación", se lamentó Julia, una estudiante de 21 años que no quiere dar su apellido.

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