3 de September de 2012 00:01

Ellos gambetean los obstáculos sobre una cancha sintética

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Sube, baja y no se cansa de perseguir el balón. Sobre el gramado sintético de la cancha de la Universidad de las Américas, Dylan escabulle la marca de seis compañeros.

Lo hace bien, igual que cuando gambetea las quimioterapias para vencer a su leucemia.

Dylan cumplió 13 años y forma parte del grupo de los 22 niños y adolescentes que se entrenan con el técnico Diego Coral, como parte de un convenio entre la UDLA, la Fundación Cecilia Rivadeneira y la Fundación del Real Madrid, donde milita Cristiano Ronaldo.

Dylan sigue corriendo. Su parte favorita de la cancha es el medio campo, aunque cuando hace falta un arquero, él es uno de los primeros en alzar la mano para ubicarse bajo los tres palos.

El pequeño de tez negra y de cabello ensortijado usualmente se transforma en las ‘Manos del Ecuador’ cuando está cansado. Las medicinas que los médicos le inyectan en su cuerpo son fuertes, a veces siente que le queman la piel.

Dylan se unió hace unos tres meses al proyecto deportivo que busca estrechar los lazos entre los familiares de un niño que lidia con el cáncer. Por esa razón, a la sintética también son bienvenidos los hermanos y allegados de quienes sufren dicha enfermedad.

Antes de llegar a la cancha de la UDLA, integrantes de la Fundación Cecilia Rivadeneira se comunicaron con Dylan y él aceptó ir.

Entrenar el lunes y jueves, y poner en práctica los conocimientos todos los domingos le hace feliz.

El estado de ánimo de Dylan se percibe cuando, desde una banca de madera, un visitante fija la mirada sobre él, por detrás de las delgadas mallas.

Desde ese sector se mira su sonrisa. Eso precisamente se vio ayer en el entrenamiento.

Para Dylan no hay mejor desestresante que patear una pelota y compartir con sus nuevos amigos. El resto de la semana se dedica a estudiar. Hoy, precisamente, empieza su nuevo reto escolar, en la Academia Naval Almirante Nelson, en el sur de Quito.

Ya ha transcurrido una hora de juego, los niños corrieron, se abrazaron en grupos de dos y de tres personas, y Dylan se ve fresco como el amanecer.

Ya descansará en la noche, dice. Pues con su enfermedad cree que es mejor disfrutar hoy, sin pensar en el mañana.

Según el DT, de 33 años, Dylan ha progresado en el manejo del balón. El niño opina que eso se debe a la dedicación de Coral y a las clases que le da Antonio Valencia. Él toma notas del crack a través de la TV. “Me encantan sus centros”.

Después de hablar también de Michael Jordan, ex jugador de la NBA, y de su plato preferido (arroz con lenteja) se frota las manos, deja la banca de madera y se va. Hoy volverá a sortear las trabas en la cancha y en la sala de un hospital.

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