9 de January de 2011 00:00

El futbolista cuencano es relegado en el equipo de su ciudad natal

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A finales de abril del 2010, el volante Christian Cordero recién firmó su contrato para jugar la temporada de ese año en el Deportivo Cuenca. Lo hizo tras destacarse en la Copa Libertadores.Ese acuerdo económico tardío es una muestra del trato que reciben los futbolistas cuencanos en el club que lleva el nombre de su ciudad. Quienes militan en otros clubes del país sintetizan sus vivencias con conocida una frase: nadie es profeta en su tierra.

Entre los argumentos dirigenciales para no arreglarles un buen contrato están que no pagan arriendo, sus padres cancelan la alimentación y vestimenta' Esas excusas se repiten y por eso hoy Cordero, Pablo Arévalo e Israel Álvarez quedaron fuera del plantel para esta temporada.

Por primera vez y luego de 12 años de ser parte del ‘Expreso Austral’, Cordero dejará su ciudad natal para vincularse al Técnico Universitario de Ambato. Irá a préstamo por un año para jugar en la Serie B. “Es una revancha y espero volver al Deportivo Cuenca en el 2012”, dice.

‘El Corcho’, como lo llaman sus compañeros, está consciente de que a veces los cuencanos no responden en la cancha por la presión de los hinchas. Con ese pretexto, los DT dudan para ponerlos en la titularidad. A su criterio, los futbolistas de otras ciudades y extranjeros tienen más oportunidades.

Por ese trato, los padres prefieren que sus hijos prioricen el estudio. Esa exigencia tiene un saldo positivo: todos los futbolistas cuencanos mayores de 18 años son bachilleres. Otros son universitarios, como Cordero, quien aprobó el quinto ciclo de sicología en la Universidad de Cuenca.

El defensa del Independiente del Valle, Vinicio Durazno, es otro ejemplo de que el fútbol con el estudio son compatibles. Es licenciado en turismo y estudia ingeniería en ecoturismo y medio ambiente en la Universidad Autónoma de Quito.

Durazno jugó hasta el 2000 en el Dep. Cuenca. Por falta de pagos dejó el club y viajó a trabajar en Milán, Italia. Allí, hasta el 2004, entregaba guías de teléfono y en las horas libres jugaba en equipos de Segunda Categoría. También estudió italiano y francés. Luego volvió a Ecuador y retomó la actividad futbolística.

Según Durazno, el cambio de mentalidad de la dirigencia ayudaría a los futbolistas. “En Cuenca hay gran talento. Uno no es profeta en su propia tierra”. Él asegura que cuando jugó en el equipo colorado recibió un sueldo irrisorio, pero no especificó el monto.

Por eso sugiere a sus coterráneos que si quieren triunfar busquen nuevos rumbos. Sin embargo, reconoce que los cuencanos son conservadores, cuyo núcleo principal es la familia y por eso piensa dos veces para emigrar. En cambio, los jugadores costeños no tiene problema en ese sentido.

Julio León, presidente del Cuenca, sostiene que el futbolista azuayo no debe jugar en el equipo por ser de la ciudad sino porque tiene calidad. A su criterio, el cuencano posee una capacidad económica solvente y no sufre las necesidades que sí las tienen personas de otras ciudades.

Además, comparte el criterio de que la prioridad es el estudio. El dirigente anota que “los chicos que llegan de fuera ni siquiera son bachilleres y son la cabeza de la familia en el tema económico”. Por eso se esfuerzan más.

El directivo, en cambio, desmiente que a los jugadores que son de la localidad se les paga un salario inferior. “No me parece pertinente que tenga o no dinero para negociar el sueldo”. Él califica al cuencano como un futbolista aburguesado, cómodo.

Otros futbolistas que volverán a salir de su ciudad natal son José Granda y Raúl Alvarado, quienes jugarán en Liga de Loja y Técnico Universitario. Ellos coinciden en que en otras ciudades son valorados y los tratan mejor.

Granda, de 26 años, emigró por primera vez en el 2008 para vincularse al Técnico U. y volvió a jugar en el equipo ambateño el segundo semestre del 2010.

Alvarado, soltero y de 24 años, se imaginó que luego de pasar todas las categorías inferiores del Cuenca tenía asegurado un puesto en el plantel principal. Pero, en el 2008 tuvo que jugar en Técnico, volvió en el 2009 y fue ratificado para este año. Alvarado estudia sicología en la modalidad a distancia en la Universidad de Loja.

Uno de los referentes del fútbol cuencano por más de una década, Pablo Arévalo, también dejó a su familia para incorporarse en Liga de Loja. Su salida fue sorpresiva. El volante de 32 años asegura que “la ingratitud con los cuencanos no es nueva”.

También hace una crítica al sugerir que debe existir más esfuerzo de los futbolistas azuayos.

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