12 de July de 2010 00:00

Los españoles festejaron en las calles el triunfo de su Selección

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Roxana Cazco. Corresponsal en Madrid

A la diosa de Madrid, Cibeles, le cubre los hombros una bandera de España. El lugar más emblemático de la capital española acogió a más de 250 000 aficionados de ‘La Roja’, ayer. Cuatro pantallas gigantes se instalaron a lo largo del Paseo de Recoletos para transmitir la final del Mundial.

Un tramo grande, entre la fuente de Cibeles y la Plaza de Colón, se cerró al tráfico. Nunca antes se vieron tantas banderas rojiamarillas juntas.

La bandera en España no es un símbolo de uso común entre la población ibérica. El identificativo patrio se ha ligado históricamente a un capítulo amargo de la historia de este pueblo: la dictadura franquista, así como a los grupos de derecha y ultraderecha. Esta vez, el equipo rojo unió a los pueblos. Desde Cataluña hasta Extremadura y de País Vasco a Madrid, vibraron con el triunfo en Sudáfrica.

40 grados marcaba el termómetro de una parada de bus a la sombra, junto a la Cibeles. La euforia no logra ocultar en los rostro de los hinchas la sensación de bochorno y cansancio.

Rosa Pizarro llegó a las 13:00 a la fuente. Buscaba un buen sitio frente a la pantalla mayor, pero el sol le doblegó media hora antes del cotejo.

“Me voy a casa, es imposible seguir aquí. Demasiado calor y empujones”, comenta esta peruana cajera de un supermercado. Ella lleva el cuerpo cubierto, a modo de vestido, con la bandera de España. “Vivo 14 años en este país y me siento española”, dice.

Rosa tiene la doble nacionalidad y una vida organizada aquí. Está segura del triunfo de su equipo y volverá a la Cibeles a festejar aunque a las 07:00 del lunes deba estar en el trabajo. “Soy capaz de irme directo de aquí”, dice con una carcajada.

La mayoría de quienes están en Recoletos son adolescentes y jóvenes. Las vuvuzelas apenas dejan escuchar la narración del partido. Igual tarea cumplen los cánticos en honor a los 11 de la cancha. “Villa maravilla”, “A por ellos oé, a por ellos oé”, “yo soy español, español, español”.

Unas cuantas camisetas de colores desentonan la gran marea roja apiñada en el centro de la ciudad. Y no pocos lucen la bandera bicolor en el rostro. Un breve silencio se apodera de la hinchada en el minuto 63, cuando el holandés Robben se ubica frente a Casillas y pierde la anotación. ‘San Casillas’, como le llaman en la Península, desvía con el pie derecho.

Manos a la cabeza, alegría después. Las vuvuzelas regresan con más fuerza luego de la hazaña.

Nerea Arnau, madrileña de 25 años, no le teme a la ‘Naranja Mecánica’. El fútbol no le había gustado hasta hoy (ayer). “Lo estoy viviendo con ilusión, es una sensación de entusiasmo”, dice esta chica que trabaja como imagen de una discoteca y modelo de la marca Calvin Klein. “España se hunde con Zapatero y esta es una alegría en medio de este naufragio”, añade.

Aunque menos crítica con el Gobierno, la boliviana Patricia Aguilera cree que tanto vuelco hacia el fútbol es una medida de evasión más que eficaz frente a la crisis. “Lo malo es que cuando se acabe la euforia del Mundial volvemos a la realidad de la crisis”, afirma esta mujer con cuatro años en España y dedicada al servicio doméstico.

“Ese es el poder del fútbol”, asegura el quiteño Ricardo Pantoja. Liguista confeso, aclara que lo que a él le gusta es el buen fútbol. “Si gana España mejor, pero ante todo quiero ver un buen partido”, señala este también hincha del Real Madrid. Aunque su trabajo como mensajero le obliga a estar a las 08:00 de hoy en sus labores.

El tiempo adicional genera desesperación. Demasiados balones que no llegan a la red. Iniesta lo cambia todo. Alcanza la portería naranja. Euforia, lágrimas, gritos. “Iniesta a La Moncloa (despacho presidencial)”, gritan los más emocionados frente a los aplausos de los demás. Pitazo final. El grupo de amigos de Juan, un madrileño de 20 años, no se separa. Están abrazados, cantan, ríen, alguno llora, igual que los 11 de ‘La Roja’ en Sudáfrica.

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