30 de June de 2011 08:47

La deuda de Messi: ganarse el corazón de Argentina

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Leo Messi nunca jugó seis partidos seguidos en Argentina. A partir del viernes, en la Copa América, se expondrá durante casi un mes seguido ante sus compatriotas, algunos de los cuales aún lo miran con escepticismo pese a tratarse del mejor jugador del mundo. "Es un pecho frío", le achacan sus detractores. Son pocos, pero que haya sólo uno suena a herejía en Barcelona. "Me gustaría verlo con los defensas de acá. Lo que necesitamos es alguien como Riquelme", espeta un vendedor en el barrio de La Boca, cegado por su pasión "xeneize".

Por todo eso, la madre de Messi vivirá días tensos en el invierno austral. Su hijo estará en el punto de mira y si las cosas fueran mal, las dudas se multiplicarían, se agrandaría el debate del "Messi de acá" y el "Messi de allá". "Siempre fui discutido en la selección por cómo se dieron las cosas", es consciente el jugador de 24 años. Messi, que dejó su país a los 13, no tiene afición local que lo defienda. No fue de Boca, ni de River, ni de San Lorenzo, ni de Estudiantes, ni de Independiente... Está huérfano de "barra", el vínculo más fuerte que une al jugador con un país que vive el fútbol de forma más visceral que cerebral.

De ahí que Carlos Tevez sea más querido que Messi. No es una cuestión de talentos. Dos hechos juegan en contra del mejor jugador del mundo. El primero es que Messi no juega igual con la albiceleste que con la azulgrana. La obviedad de que sus compañeros no son los mismos no es entendida por muchos. Que se fuera del Mundial de Sudáfrica 2010 sin marcar tampoco ayudó. Y el segundo no es un dato, es un sentimiento: su escaso carisma fuera de la cancha le impide conectar.

"Es una ocasión única para que Leo entre en el corazón del hincha argentino", asegura la revista "El Gráfico", que afirma que el país está compuesto "de incorformistas crónicos y cuestionadores permanentes". Mal panorama entonces para Messi, que ya ganó con Argentina el Mundial sub 20 en 2005 y el oro de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, donde Sergio Batista, el seleccionador, se ganó a la "Pulga".

Batista, mejor gestor de grupos que estratega, ha seguido el ejemplo de su colega en el Barcelona, Josep Guardiola. Todo debe girar en torno a Messi, que jugará de "delantero mentiroso" como lo hace de azulgrana. Junto a él, dos atacantes. Mucha posesión y toque. Y sus amigos Gabi Milito y Javier Mascherano, muy cerca. Quizás incluso pueda llevar en algún momento la cinta de capitán. "Messi debería tener otro reconocimiento por lo que hace por el equipo, pero creo que se lo va a ganar dentro de la cancha.

Me parece que Messi va a hacer una gran Copa América", destaca Batista, cercano a la estrella, pero sin caer en la extralimitación de Diego Maradona durante Sudáfrica 2010. "Tuve la suerte de ganar todo con Barcelona e individualmente, y ahora mi objetivo es conseguir la Copa América con Argentina", asegura Messi, al que le repiten que la selección mayor albiceleste no gana nada desde hace 18 años. En España conocen que cada vez que se marca un reto, lo supera.

Pero a Batista no le vale con ganar, quiere jugar como el Barcelona. Messi es casi siempre brillante y desequilibrante, por lo que la clave para el éxito quizás esté en sus compañeros.

"Solo no va a poder, no tenemos que esperar a que nos salve", pide Mascherano, que en el centro del campo deberá crear fútbol junto a Esteban Cambiasso y Ever Banega, buenos peloteros pero lejos del nivel de Xavi y Andrés Iniesta. Nunca jugó -ni por tanto ganó- un Apertura ni un Clausura. Messi dispone ahora de un máximo de seis partidos en la Copa América para celebrar su primer título en y con Argentina. Y el premio no acaba ahí: ilusionar de cara al Mundial de Brasil 2014 y ganarse el corazón de un país llegarán de la mano del trofeo.

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