8 de July de 2010 00:00

El cotejo no alteró el trabajo en el Consulado

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Liliana Mugliza. Redactora

Cuando el jugador de España Carles Puyol marcó el gol al minuto 73 con un cabezazo y consiguió la clasificación a la final del Mundial, en las calles aledañas al Consulado de España, en la Amazonas y La Pinta, no hubo festejo.

Adentro sí. Ahí se encontraba Antonio González Zavala, cónsul de España, con sus colaboradores observando el cotejo.

Ayer, en el ingreso de la casona de bien arreglados jardines, en la Amazonas y La Pinta, dos guardias vestidos de negro solicitaban los documentos de identificación a las personas que estaban en la fila. En el edificio, en la segunda planta, flameaba la bandera ibérica, roja y amarilla.

La quiteña Rosa Guerrero llegó a las 12:00 con sus padres y se encolumnó. Ellos tenían una entrevista para solicitar la visa, a las 13:00. “Ayer me llamaron para decirme que la cita se adelantaba una hora. Me parece que fue por el fútbol”, dijo Guerrero, mientras se dirigía al portón plomo de la puerta principal. Sus padres ingresaron y ella se sentó en la vereda a esperar; ocupó su tiempo tejiendo una bufanda.

En la misma fila estaba Diego Morales. El joven vestía una camiseta negra y un ‘jean’ azul y caminaba de un lado a otro. “Tengo que viajar, no me puedo quedar más tiempo”, dijo. A él no le interesaba el partido de semifinales. “Ya no es lo mismo, no hay un equipo de Sudamérica”, expresó, y veía impaciente la hora en su reloj. En ese instante pasó el betunero Walter Caiza, quien ofreció lustrar los zapatos a las personas que estaban junto a Morales. Nadie aceptó. “Hay poca gente, no es como otros días que ocupan dos cuadras”, dijo, y se retiró.

A las 13:00 algunos empleados salieron a comprar gaseosas y aperitivos y retornaron sin demora. Ellos eran altos, de ojos verdes, y tez blanca. No hablaron con nadie e ingresaron por el portón plomo.

“Faltan 30 minutos para el partido”, anunció uno de los guardias. La gente no se interesó. Ángela Mullo llegó a esa hora con su nieta Gabriela Guamán. Quería un turno para obtener la visa de Gabriela. “Mi hija, que está en España, quiere que ella vaya de vacaciones”.

A las 13:30, Walter volvió y se aproximó a una tienda que está junto al Consulado. El propietario instaló un televisor de 14 pulgadas para que la gente observara el partido, pocos lo hicieron. Pasadas las 14:00, los padres de Guerrero salieron con malas noticias. “Nos negaron la visa”, le dijeron a Rosa. Ella se quedó intranquila y en el Consulado le sugirieron que enviara una apelación. Los tres se retiraron y Diego, a quien le urgía viajar, sí accedió a la visa para estudiar. “Estoy contento”, confesó a sus amigos y les comentó que adentro sí veían el fútbol. “Decían que la Selección de España es la mejor”.

A las 14:30 no había nadie en la puerta de ingreso. Los guardias guardaron las vallas y dejaron abierta una pequeña puerta.

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