24 de March de 2012 00:04

Los clubes son su segundo hogar

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Detrás del Complejo de Liga de Quito, en Pomasqui, hay 10 casas color naranja y blanco. Es usual ver jugar en sus alrededores, a chicos entre 11 y 18 años.

Más de la mitad de los jugadores pertenecen a la Sub 12 y Sub 14. Ellos, 25 de los 50, llegaron desde Guayas, Manabí y Esmeraldas con el anhelo de ser profesionales. Estos preadolescentes fueron recomendados por ojeadores y escuelas de fútbol. Ellos ahora residen en ese complejo deportivo.

Esta tendencia de reclutar a tempranas edades a los deportistas toma forma en el país. Ahora los llevan entre los 10 y 12 años para convertirlos en futbolistas.

Liga tiene contacto con cazatalentos y ex jugadores como Luis González, en Esmeraldas, y Alfonso Obregón, en Manabí, los cuales informan al club del desempeño de estos prospectos.

Un miembro del cuerpo técnico es el encargado de seleccionar al jugador, si este cumple con las condiciones y el perfil adecuado, El club se encarga de contactar con sus familiares y estos ceden un poder legal que otorga la tutoría a los encargados de las formativas. “Ellos ven el fútbol como una forma para mejorar su calidad de vida”, admite Bolívar Moreano, vicepresidente de las divisiones menores de Liga de Quito.

La FIFA, en su reglamento sobre la Transferencia de Jugadores, prohíbe el traspaso de jugadores menores de 18 años, pero no les impide formarse en las instalaciones de los clubes mientras se respeten las normativas legales.

El centro de alto rendimiento del cuadro azucena empezó en 1997. La primera casa estaba en la calle Robles y Juan León Mera. Después se trasladaron a Calderón y ahora están en Pomasqui.

En 2005, la directiva asumió el reto de trabajar con niños desde los 11 años. Bolívar Moreano asegura que el club sigue un proceso semejante al de los equipos europeos, en los cuales se forman jugadores desde tempranas edades. Los deportistas tienen la obligación de estudiar y tener buenas calificaciones. No todos los jugadores estudian en el colegio de Liga. Algunos acuden a escuelas fiscales del sector para nivelarse.

Luis Bolaños, Diego Hurtado y Richard Calderón hicieron este proceso.

Daniel Llanos, docente de la Maestría en Política Social para la Infancia y Adolescencia de la Universidad Politécnica Salesiana, cuestiona el proceso que realizan los clubes en el reclutamiento. “La mayoría de niños llegan con la ilusión de ser futbolistas, pero no todos consiguen ser profesionales. Los clubes tienen la obligación de informar y no dar falsas expectativas a los familiares de los jugadores”, sentenció.

Otro de los que sigue esta tendencia es el Independiente del Valle. Allí Joao, de 13 años, es uno de ellos. Él nació en Esmeraldas y no teme el reto que implica salir de su hogar para ser futbolista.

Él es uno de los 18 chicos de entre 11 y 13 años que viven en el complejo del Independiente y que buscan ser profesionales, lejos de su hogar. En la experiencia, estos preadolescentes adquieren responsabilidades y tratan de madurar mentalmente.

Esto quedó en evidencia con Joao. “Salí de mi casa con autorización de mis padres, pero por decisión mía. En el complejo aprendí a defenderme”, indicó el chico, quien lleva un año en Sangolquí.

Allí, estos chicos reciben clases a través de la escuela 15 de noviembre, que tiene un convenio con el Independiente.

Los clubes se encargan de entregarles alimentación, vivienda, educación y una remuneración para sus gastos personales. Independiente les da USD 50 mensuales, según Santiago Morales. Además, deben rendir pruebas de aptitud. La llegada de los niños es complicada. Algunos lloraron los primeros días e incluso se negaron a comer.

Independiente y la ‘U’ dan ayuda psicológica a los chicos. También tienen contactos permanentes con sus padres, tíos, abuelos o tutores. Además, en las concentraciones tratan de integrarlos y hacerlos sentir en familia, ya que ellos en su mayoría vienen de hogares disfuncionales.

Otros clubes como Deportivo Quito y El Nacional tienen a jugadores a partir de los 15 años residiendo en sus complejos.

Aucas ve como un salvoconducto seguir el proceso de reclutar niños. Así lo confirmó Ramiro Gordón, directivo del cuadro oriental. El inicio está previsto para junio e intentará convocar a niños desde los 10 años de Pichincha y fuera de la provincia.

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