28 de May de 2010 00:00

Bielsa, angustiado por el juego de su equipo

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Santiago de Chile.

La selección chilena de fútbol y su entrenador, el argentino Marcelo Bielsa, parecían ayer carcomidos por las dudas y sus fantasmas, a casi dos semanas del Mundial de Sudáfrica.

Las lesiones de algunos, el agotamiento de otros y la imposibilidad de encontrar el juego que el equipo alcanzó en las eliminatorias parecen indignar a Bielsa.

“¡(Marco) Estrada, qué carajo te creés!”, “¡Gonzalo (Fierro), hacé un pase!”, bramó Bielsa en el último amistoso de Chile, en que sus pupilos golearon 3-0 a Zambia, pero sin mostrar buen nivel.

El rosarino exhibió su enojo ante un equipo que no logra exhibir el juego de ataque continuo que le permitió ganar con autoridad en las eliminatorias a Argentina, Paraguay y Colombia.

Sin embargo, Bielsa matizó sus críticas, en parte compartidas por los medios. “El equipo tuvo altibajos, no fue una producción pareja. El comienzo del partido fue suficiente, pero rápidamente empezamos a perder precisión en el área rival con las situaciones de gol. Necesitamos que la producción sea estable y pareja”, afirmó.

Pero los fantasmas de un fracaso mayor no solo son aprehensión de Bielsa. De a poco, la prensa local evoca el proceso de 1982, cuando Chile clasificó invicto al Mundial de España, para luego solo conocer derrotas, ante Austria, Alemania y Argelia.

En esa época, el equipo era dirigido por otro entrenador admirado por en el mundo del fútbol, el chileno Luis Santibáñez, pero además contaba con figuras de mayor jerarquía que las actuales.

Entre ellos, Elías Figueroa, elegido tres veces el mejor de América, cuando Pelé aún jugaba, y Carlos Caszely, el mayor goleador de la historia del balompié chileno.

Hoy, Chile depende de otros jugadores. Pero varios de ellos llegan deteriorados.

Los centrodelanteros Humberto Suazo y Esteban Paredes están lesionados. El armador Matías Fernández no tiene continuidad y fracasa cuando vista de rojo.

Así, la revolución bielsista voceada por los hinchas parece estar en duda, a diferencia del 2009, cuando los fanáticos no dudaban en pedir incluso la canonización del técnico argentino.

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