13 de May de 2012 00:00

Barcelona se hace fuerte de la mano del DT Gustavo Costas

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Gustavo Costas llegó e impulsó a Barcelona. En una entrevista publicada por este Diario ayer, el estratega aseguró: “Llegar a ser campeón es difícil, pero no es imposible”. Con esa intención, su equipo hoy está a un solo punto del líder Independiente.

El estratega argentino está invicto al frente de los canarios. Él reemplazó en el cargo a su compatriota Luis Zubeldía y dirigió desde el clásico del Astillero contra Emelec (1-1). Luego igualó en casa con Deportivo Quito (0-0) y con Liga de Quito (2-2) en la Capital. Su primer triunfo fue sobre el Manta (4-0) y ayer se impuso de visitante 2-0 al Olmedo.

Pero, más allá de los resultados que ha conseguido Costas, lo que motiva a soñar con esa posibilidad de llegar a la final a los hinchas canarios, es el rendimiento colectivo del equipo.

Cuando Costas asumió la dirección del plantel, Barcelona venía de una goleada (4-0) ante los chullas con imprecisiones y sin espíritu combativo, quizá golpeado por la salida de Zubeldía. Ayer, el cuadro canario se mostró compacto, solidario y con ambición ofensiva cuando el Olmedo se descuidó en las marcas.

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Barcelona jugó con un esquema similar al que Costas plantó en el gramado del estadio de Liga (Q) en la fecha 13, con tres zagueros, dos laterales, dos volantes de recuperación, dos creativos y un delantero. Esto permitió que pudiera controlar a su rival en el medio campo y salir al ataque con las rápidas proyecciones de Michael Quiñónez, Damián Díaz y el potente Narciso Mina.

Quiñónez abrió el marcador a los seis minutos, aprovechando ese instante de superioridad. Se convirtió nuevamente en ese jugador desequilibrante por su talento. Díaz, en cambio, fue quien manejó los tiempos, acelerando o frenando las jugadas cuando lo consideraba necesario.

Olmedo, tras el tanto, no tuvo los argumentos tácticos para penetrar el orden de los visitantes. Héctor González, técnico interino de los riobambeños, tras la salida del argentino Juan Amador Sánchez, motivó a sus dirigidos para llegar al arco de Máximo Banguera con actitud y constantes remates desde fuera el área.

Jacob Murillo, Andrés Vinueza y el ingresado Vinicio Romero empujaron a sus compañeros con su talento, sobre todo en los minutos finales. Esto también fue producto del repliegue canario, satisfecho por la ventaja en el marcador y porque los locales controlaron el esférico sin tener la profundidad necesaria.

De eso se aprovechó Barcelona. El segundo gol lo marcó Mina en uno de esos contragolpes (82’), por orden de Costas, quien resaltó también la actitud y entrega de sus pupilos. Esa fue la diferencia entre un club canario en franco ascenso y un Olmedo que teme al descenso a la Serie B.

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