27 de May de 2011 00:03

Antonio Valencia encontró amigos que lo cuidaron y protegieron

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Antonio Valencia era un delgado e introvertido futbolista de 17 años. Estaba en el equipo profesional de El Nacional y vivía en el complejo del club, en Tumbaco.

Un día, a inicios del 2001 golpeó la puerta de la oficina de Wilson Villarreal, entonces administrador del complejo del Sauce. “Don Wilson quería decirle que ya no me siento cómodo en la pensión. Los chicos entran y salen y no puedo descansar bien. Me quiero ir a vivir a Tumbaco”.

Villarreal le tomó por el hombro y le habló de forma paternal. “No es conveniente que te vayas aún. Es mejor que estés aquí, en donde te podemos proteger”.

El jugador decidió quedarse, pero el administrador tomó correctivos. Para que la futura estrella se sintiera cómoda decidió sacarle de la vivienda en donde compartía con el resto de jugadores y le ubicó en un pequeño cuarto, en la zona de concentración del equipo profesional.

Valencia tampoco se sintió a gusto. Entonces, nuevamente el militar en servicio pasivo, le dio una opción: adecuar el camerino de mujeres del complejo, que estaba subutilizado. “Este sí está chévere, don Wilson”, le dijo el jugador mostrando su sonrisa.

Luego empezó la tarea de llenar aquel espacio de 60 metros cuadrados. Paula Panchana, jefa de la cocina de El Nacional, recuerda que por esos días era común ver desfilar a Valencia y a Villarreal cargando un colchón, una cama, maderas y electrodomésticos. El futbolista empezaba a tener sus propios bienes.

Al ex administrador del complejo, de pelo cano y piel trigueña, le brillan los ojos cuando recuerda dichas vivencias.

Su oficina está en el norte de Quito. Es miércoles y se acomoda el nudo de la corbata morada. En su despacho, según dice, atiende un negocio familiar. Pero, además, desde el año pasado, él maneja los derechos de imagen del ‘Toño’ en Ecuador. Cualquier empresa que deseara contactar al jugador o utilizar su imagen, deberá dirigirse primero con él.

Pero más que amigos o ‘socios’, Villarreal dice que el ahora musculoso jugador del Manchester United “es como un hijo para mí”. Valencia vivió hasta 2003 en el complejo del Sauce y posteriormente, junto al jugador Sisney Nazareno se trasladó a vivir a un acogedor departamento en Tumbaco.

El nexo entre Valencia y el ex militar continuó cuando ‘Toño’ se fue al exterior. Los diálogos con el jugador son permanentes: a través de teléfono, correo y también de Skype. Villarreal muestra con orgullo las camisetas del Villarreal, Wigan, Recreativo, Manchester y la Selección que el ‘Toño’ le ha dado.

Curipoma ayudó en dos procesos de rehabilitación

Sixto Curipoma fue fisioterapeuta de la Selección en el Mundial de Alemania 2006. Hoy trabaja en la Universidad Católica y en Fisiodeport, un centro de rehabilitación que gerencia junto con su esposa Verónica.

En el sitio hay camisetas que recuerdan su relación con los jugadores. Hay elásticas de Agustín Delgado, Ulises de la Cruz... Pero la más apreciada por el profesional nacido en Loja hace 35 años es una camiseta del Manchester United, entregada por el propio Luis Antonio Valencia.

“Para mis amigos Sixto y Verónica con cariño. Los mejores fisios del Ecuador”, dice la dedicatoria escrita por el jugador y mostrada con orgullo por Curipoma.

El nexo entre el fisioterapeuta y el jugador empezó en el 2005, cuando Curipoma le ayudó en la rehabilitación de su lesión de rodilla. Volvieron a trabajar juntos en mayo del 2010 cuando el jugador se lesionó el tobillo derecho. Luego, el jugador volvió a lesionarse, en octubre, pero esta vez la rehabilitación estuvo a cargo del cuerpo médico del Manchester.

El especialista comenta que por la gran popularidad del ‘Toño’, él le propuso trabajar en las madrugadas en el estadio Atahualpa, para evitar interrupciones. Y fue así: durante dos semanas, el trabajo se realizó en las frías madrugadas quiteñas. En ocasiones, Zoila Meneses, la pareja de Valencia, acompañaba los trabajos dirigidos por Curipoma y por su esposa Verónica Rojas.

“Antonio es un profesional que vive para lo que hace. Lo comprobé durante la convivencia en la Selección y luego en la fisioterapia. Siempre llegaba 20 minutos antes. Su humildad y su perseverancia son la clave de su éxito”, asegura Curipoma.

Tinoco y Panchana cuidaron su dieta en Tumbaco

Paula Panchana y Graciela Tinoco cocinan a diario para los juveniles y el primer equipo de El Nacional. Aún recuerdan con cariño al volante del Manchester. “Era educadito, calladito y flaquito”, relata Tinoco, mientras lava naranjas en la cocina.

Ese espacio de la cocina del complejo, según confiesa Panchana, le sirvió muchas veces a Valencia para escapar de la continua marca de los periodistas. “Se escapaba de ustedes por aquí por la cocina. Mandaba a traer el auto y se iba. Con nosotros siempre fue educado. Siempre que viene acá, entra y nos abraza”.

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