26 de julio de 2014 00:00

Víctor Estupiñan se alejó de su novia por la crisis del Deportivo Quito

Imagen de archivo de Víctor Estupiñán jugador del Deportivo Quito. EL COMERCIO

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Paola Gavilanes. Redactora   pgavilanes@elcomercio.com
Quito

Víctor Estupiñán envió a su novia Manuela Jiménez de regreso a Esmeraldas hace dos meses. Lo hizo para asegurar su bienestar y el de su segundo bebé que está “a punto de nacer”. Su primer hijo tiene 5 años.

La crisis económica por la que atraviesa el fútbol local y en especial Deportivo Quito obligó al delantero del equipo azulgrana a separarse de su pareja, después de ser desalojado del departamento que arrendaba en USD 400

“La verdad que es muy duro”, contó después de la práctica en el complejo de Carcelén.  Su novia era su refugio, pero las condiciones le impidieron conservarla a su lado. Ahora no sabe si podrá ver nacer a su hijo, pero está tranquilo porque Jiménez recibe los cuidados de su suegra, en Esmeraldas.

Moviendo sus manos y su cabeza de un lado a otro, el delantero de 26 años cuenta que esa fue la única solución que encontró al no recibir su sueldo desde marzo.

El pasado jueves 17 de julio, un grupo de supuestos exdirectivos canceló a los chullas la segunda quincena de marzo, pero la directiva aún les adeuda el salario de abril, mayo, junio y la primera quincena de julio.

Trascendió que ese dinero fue producto de un préstamo que realizó la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) a nombre de Patricio Salazar

“La única solución es la plata y eso no hay”, señaló el jugador que suma tres goles en la tabla de goleadores del Campeonato Nacional.

Tras desalojar el departamento, donde todavía están sus cosas personales, Estupiñán pidió a Wladimir Ortiz, gerente deportivo, permiso para dormir en una de las habitaciones del complejo Ney Mancheno.

El directivo accedió y el jugador vive allí desde hace dos meses. Lo hace junto a Daniel Loor, Washington España, Gregory González y Jonathan Borja, futbolistas que atraviesan una situación similar.

Ellos también fueron obligados a desalojar los departamentos por falta de pago.  El jugador que sonríe a pesar de los problemas dice que permanecerá ahí, porque al “menos” tiene donde pasar la noche hasta que los directivos le cancelen su dinero.

Con ello espera pagar los cuatro meses de arriendo que le adeuda a la dueña del departamento. Según el jugador, no pagó con la segunda quincena de marzo porque la utilizó para cancelar otros pendientes. Otra parte del dinero la envió a sus familiares.

“Mi familia depende de mí. Y yo sigo aquí porque es más fácil que uno pase hambre y que no se sean dos (refiriéndose a su novia)”.
Solo el día que cancele los meses de arriendo atrasado podrá retirar su ropa y objetos personales .

“Encargué las cosas ahí, Por suerte estos dos meses no corren. Si me pagan espera regresar a ese departamento”. En el complejo de Carcelén, Estupiñán y sus cuatro compañeros tienen asegurado un lugar para dormir, pero la alimentación depende de ellos.

Los futbolistas se preparan los alimentos. A veces almuerzan afuera y en ocasiones simplemente no comen.  Pero aunque la crisis los agobia, el jugador dice que en la residencia conversan, miran televisión y hasta hacen bromas para mantener el buen humor.

También mantiene la energía positiva porque a pesar de la crisis que golpea a la mayoría de los clubes del país, continúa marcando goles.

Su último tanto lo anotó en el partido frente al Olmedo, cuando el técnico Juan Carlos Garay decidió ausentarse del banquillo como una forma de protesta contra la directiva por los incumplimientos en el tema del pago de los salarios a sus jugadores. Incluso llegó a decir que dará un paso al costado.

Garay, por ejemplo, es uno de los trabajadores del Quito que apenas recibió el pago de dos mensualidades en la temporada 2013.

A ellos se suman jugadores como Santiago Morales y el defensa Geovanny Caicedo, ahora jugador de El Nacional.

Los futbolistas esperaban el pago de una mensualidad en el transcurso de estos días, pero tras el anuncio de renuncia de Esteban Pacheco, presidente, vuelven a trabajar en un ambiente de incertidumbre. Ellos ahora piden que alguna persona tome las riendas del equipo.

Gregory González, su compañero en la residencia, evitó hablar sobre el tema económica y su permanencia en el complejo de Carcelén.

Se limitó a decir: “Solo espero que las soluciones lleguen pronto por el bien de todos. Nosotros seguiremos trabajando como siempre”.

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