12 de noviembre de 2014 00:00

Aucas usa agua bendita en sus camerinos

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Quito

Santiago Mallitasig, el capitán de Aucas, el paraguayo Lauro Cazal, el argentino-ecuatoriano Jerónimo Costa y el local Jesús Solís son los encargados de juntar al plantel minutos antes de cada cotejo para orar.

En la plegaria, todos piden, principalmente, salir ilesos al final del partido; luego desean ganar a su rival y que Dios mantenga con salud a sus familiares, mientras ellos juegan.

Esta ha sido la rutina de los integrantes del cuadro oriental a lo largo de este campeonato, que tiene al conjunto que dirige el técnico Juan Ramón Silva en la cima de la tabla de posiciones de la Serie B, con 80 puntos.

El tercero en la tabla es Técnico Universitario, con 71 unidades. Así, solo requieren de un empate para confirmar su retorno a la llamada ‘serie de privilegio’.

Otra práctica que se ha mantenido ha sido la de rociar agua bendita en el camerino del estadio Gonzalo Pozo y en los escenarios en los cuales ha actuado de visitante. La reciben, incluso, los utileros.

Ramiro Gordón, administrador del club, es quien lo ha hecho. Y si él no está, el capitán es el encargado de esa nueva tradición. La mejor noticia para ellos es que no han tenido lesiones de gravedad, con fracturas que lamentar, indicó Mallitasig ayer, al final del entrenamiento auquista, en su estadio.

Las manifestaciones dogmáticas son distintas. El capitán, por ejemplo, es católico. No porta consigo alguna imagen en particular, pero eventualmente suele asistir a la iglesia junto con su familia. No importa si está en el norte o en el sur de la ciudad.

Pero cuando está con el resto de jugadores, los reúne para ese rito previo a los cotejos. Junto al camerino, hay una pequeña capilla con imágenes de Jesús, del Divino Niño y de la Virgen María. Allí hacen una parada para persignarse.

Entrenamiento de Aucas en el estadio Gonzalo Pozo Ripalda. Foto: Paul Rivas Bravo/ EL COMERCIO

Entrenamiento de Aucas en el estadio Gonzalo Pozo Ripalda. Foto: Paul Rivas Bravo/ EL COMERCIO

No es una práctica nueva en el plantel oriental, pues es una costumbre, pero como Costa refiere, el ritual ha adquirido mayor trascendencia este año porque están cerca de conseguir el ansiado propósito. Al inicio de la temporada, todo el plantel participó en una misa dentro del estadio.

“El tener fe ha sido una parte importante de nosotros como grupo”, aseveró el golero que se adueñó de la titularidad en el segundo semestre del año. El otro meta que tuvo regularidad fue Carlos Ortiz. Con ellos en el pórtico, Aucas es el equipo menos vencido a lo largo del año, con solo 29 goles recibidos.

Costa reza al levantarse y al acostarse, junto con su esposa. En esos momentos íntimos, asegura que pide por el bienestar suyo, de sus familiares, amigos y del equipo que defiende desde el inicio del año.

Él, cuando pasa por la capilla, hace la señal de la cruz, justamente ante un crucifijo que cuelga en la entrada.
Pero hay otros futbolistas que llevan la fe religiosa tatuada en la piel. El volante paraguayo Víctor Manuel Gómez tiene la imagen del Divino Niño en la parte lateral externa de su pantorrilla izquierda, que se la tatuó el año pasado en su país, como parte de una promesa al ganar un partido local.

Para el guaraní de 31 años, encontrar la figura en esa capilla fue un aliciente. Ante ella se encomienda antes y después de los partidos. Además, es devoto de la Virgen de Caacupé. Esa fe la mantendrá para el partido de este domingo ante Liga de Portoviejo, en Quito.

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