29 de junio de 2014 17:34

La derrota más cruel de la 'generación de oro' de Chile

Las selecciones de Chile y Brasil durante el partido de hoy, sábado 28 de junio. Brasil pasó a cuartos de final. Foto: AFP

Las selecciones de Chile y Brasil durante el partido de hoy, sábado 28 de junio. Brasil pasó a cuartos de final. Foto: AFP

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EFE
Belo Horizonte, Brasil
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El llanto desconsolado de Gary Medel al término del partido contra Brasil es un fiel reflejo de la frustración de Chile, que el sábado encajó la derrota más cruel, un golpe bajo que corta de cuajo las ansias de hacer historia de la generación de oro del fútbol chileno.

Esta camada de futbolistas, curtidos en las ligas más competitivas del mundo, llegaba al Mundial con la necesidad de dar un golpe sobre la mesa y demostrar al mundo que no tenían nada que envidiarle a Argentina, Brasil, Alemania o quien sea.

Era su momento. Con el argentino Jorge Sampaoli en el cargo de seleccionador, el plantel adquirió un grado óptimo de madurez.

Se consiguió una mezcla de experiencia y juventud. Los galones del arquero y capitán Claudio Bravo, el desparpajo de Alexis Sánchez, la garra de Gary Medel y el liderazgo de Arturo Vidal.

Sampaoli tenía todos los ingredientes para una receta triunfadora en Brasil. De cara a la opinión pública, el principal objetivo era superar la fase de grupos, pero en privado todos los jugadores querían más y se sentían capacitados para alcanzar cotas mayores. El sorteo no invitaba al optimismo.

Chile quedó encasillado en el Grupo B junto a Australia, España y Holanda; es decir, con el campeón y el subcampeón en Sudáfrica 2010.

Cuando el balón echó a rodar quedó claro que los favoritismos solo sirven para llenar horas de debates radiofónicos. Los de Sampaoli derrotaron a España (0-2) en el Maracaná, un resultado que certificó la carta de defunción del equipo de Vicente del Bosque.

Chile fundió con sus armas -presión e intensidad- a una España desahuciada, una sombra de lo que fue en estos últimos años, y mandó el primer aviso para navegantes.

Luego cayó frente a Holanda (2-0) en un duelo extraño en el que Louis van Gaal le ganó la partida táctica a Sampaoli. Chile entendió ese día que tener más el balón no implica generar peligro, ante un muro de cinco defensas inabordable para los arietes de la Roja.

Con el primer objetivo en el saco, Brasil se cruzó en el camino de Chile en octavos. No era un rival cualquiera, y no solo por el hecho de ser el anfitrión del torneo.

La Canarinha se ha convertido con el paso de los años en la 'bestia negra' de Chile. Cada vez que los chilenos han superado la fase de grupos en un Mundial -Chile'62, Francia'98, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014- ha aparecido el gigante para mandarlos a casa.

Esta vez, sin embargo, la plantilla chilena tenía una corazonada. Sentían que este era el momento justo y preciso para echar al traste la estadística y dar un golpe de efecto al Mundial.

El partido fue colosal, un duelo por todo lo alto en el que no fueron suficientes los 90 minutos reglamentarios y la media hora de prórroga.

Tuvo que decidirse en la fatídica tanda de penaltis. Los nervios traicionaron a Chile al comienzo, especialmente en defensa, ante un rival que ya hace tiempo que se ha olvidado del 'jogo bonito' y que ahora apuesta por una fórmula resultadista.

David Luiz adelantó a Brasil en una jugada a balón parado y Alexis empató con un sutil disparo fuera del alcance de Julio César. A partir de ahí, Chile se adueñó del partido y se mostró más sólido que su rival.

Hulk mantuvo el tipo para Brasil con alguna jugada, pero las ocasiones más claras de gol fueron chilenas. Charles Aránguiz la tuvo a media hora del final y Mauricio Pinilla mandó un trallazo al larguero en el minuto 119 que, de haber entrado, lo hubiera convertido en héroe nacional.

Pero a Chile le faltó el instinto asesino para cerrar el partido y lo pagó muy caro. En la lotería de los penaltis, surgió la figura de Julio César, que paró los tiros de Pinilla y Alexis.

Brasil mostró más aplomo en esos instantes decisivos y todo acabó con el disparo de Gonzalo Jara que se estrelló contra el palo izquierdo del arco de Julio César. Claudio Bravo y Sampaoli destacaron el "orgullo" con el que llegan a Chile por haber estado a la altura de las circunstancias.

Seguramente tienen razón, pero a estas alturas dar guerra y acariciar el triunfo contra Brasil no es un consuelo. Chile tenía una oportunidad de oro para hacer historia y la desperdició. Y estas oportunidades cada vez son más escasas.

Los jugadores hablaban ayer de la Copa América que se jugará en Chile en 2015. Probablemente será el último torneo de Sampaoli al frente de la Roja y la última ocasión de la generación dorada de Chile para dejar un título como legado o de ser simplemente recordada como un grupo de excelentes jugadores.

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