23 de noviembre de 2017 20:30

El rugby fortalece al ‘Nacho’ 

Eduardo Favaro (izq.) durante un entrenamiento de El Nacional en el complejo deportivo El Sauce, ubicado en Tumbaco. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Eduardo Favaro (izq.) durante un entrenamiento de El Nacional en el complejo deportivo El Sauce, ubicado en Tumbaco. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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David Paredes

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En el complejo de Tumbaco cada 15 días cambian el fútbol por el rugby. Los jugadores dicen que les sirve para la precisión y para no fingir faltas. 

Eduardo Favaro, entrenador de El Nacional, entra al cuarto de utilería del complejo El Sauce para buscar su tesoro más preciado: una pelota de rugby que se trajo desde Uruguay.

Con ella busca -desde el año pasado- enseñar a sus pupilos algunos de los valores que este deporte tiene. Además le sirve para evaluar algunos aspectos tácticos.

El ovoide del DT está un poco desinflado, las letras de la marca se están borrando por el uso, pero a pesar de ello, este instrumento es de una utilidad enorme para el ‘profe’ charrúa. Él logró que una de sus pasiones se acoplara a la perfección a su trabajo.

Cada 15 días, el DT le pide a Diego ‘Chavo’ Proaño, utilero principal del club, que infle la pelota y que tenga todo listo para practicar rugby en Tumbaco. Los jugadores han asimilado bien esta práctica. Dicen que para ellos es útil, porque pierden el miedo al contacto brusco.

Captura de pantalla. DT Eduardo Favaro

“Es divertido jugarlo. Favaro nos hace practicar el rugby para que aprendamos algunos valores. Además, nos vuelve más precisos y ágiles”, dice Félix Borja, uno de los delanteros del ‘Bitri’.

Según César Benalcázar, preparador físico, esta sana actividad permite distraer al futbolista antes de los partidos. Además, se hace un trabajo fisiológico global.

“Jugamos al rugby de forma recreativa. Esto nos permite trabajar en la reacción. La pelota es diferente a la de fútbol y cuando golpea el suelo no se sabe adónde va a llegar”, dice el ‘Capi’, que ha visto con buenos ojos la implementación de este deporte en las prácticas criollas.

Para el ‘Lolo’ Favaro, este deporte rudo está en su sangre. El ‘profe’ fue seleccionado de Uruguay en esta disciplina. Por eso cree que hay similitudes con el fútbol.

“Todos los deportes colectivos tienen una semejanza. Acá lo más importante es que no haya individualidades. No permitimos egoísmos. El rugby es un deporte inclusivo. Lo juegan los gordos, los flacos, los chiquitos, los grandes”, dice el ‘yorugua’, que desde hace unos días no se saca una gorra del Old Christians, equipo charrúa del que es fanático y donde jugó cuando era guambrito.

Édder Fuertes, lateral izquierdo, es uno de los más entusiasmados con el rugby. Para él, jugarlo es de utilidad a la hora de chocar con sus compañeros. “De las cosas positivas es que perdemos el miedo a chocar y nos permite tener precisión con una pelota que es más complicada. Cuando volvemos a la de fútbol, se nos hace más fácil dominar las jugadas”, dice el defensor oriundo de Los Ríos.

El objetivo de Favaro, además de que sus muchachos aprendan a recibir golpes, a esquivar los tacles del rival y a perfeccionar la precisión de pases, es dejarles algunas lecciones de vida. “Es un deporte que no te permite fingir faltas. El juego nunca se detiene cuando hay alguien lesionado en la cancha.

Como entrenador, quiero darle ritmo al juego y mis jugadores se están acostumbrando a eso cuando practican rugby y a sobrellevar el dolor”, explica el uruguayo.

El año pasado, el cuerpo técnico invitó a Gustavo Zerbino -un jugador de rugby que sobrevivió a la famosa tragedia aérea llamada ‘Milagro de los Andes’- para que motivara a sus muchachos.
Por eso, Michael y Leodán Chalá ya están familiarizados con los términos. Para esta nota, el DT les pidió que hicieran una jugada y ellos, sin más indicaciones, la ejecutaron.

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