2 de noviembre de 2014 15:31

Ojalá no seamos tan brutos

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Alejandro Ribadeneira, Comentarista, @guapodelabarra

El inefable partido entre Independiente y Barcelona debía ser el choque frontal y decisivo de dos maneras de entender el fútbol en nuestro país: era el duelo entre el proyecto pacientemente pensado, irrigado y cuidado enfrentado a la urgencia de ganar porque la meta, el triunfo, el ingrediente que sostiene la idolatría, es más importante que el camino. Pero gracias a Máximo Banguera, Damián Lanza y Vinicio Espinel, el partido se convirtió en un show de los Hermanos Gasca, con pista de césped.

Todo lo que pasó será inolvidable. Por supuesto, lo de los arqueros de Barcelona se lleva las palmas, con Espinel cruzado de brazos, serísimo, listo para convertirse en blanco de críticas y, ¡horror!, memes que lo consagran como el nuevo Byron Moreno de su mitología, en la que aún añoran a Don Elías. Pero otras imágenes también valen la pena. La inmolación de Ismael Blanco al tapar (¡arqueZORRazo!), descolgando la pelota mejor que Banguera.

La redención de Azcona, que regaló el primer gol pero que tapó el penal y salió en hombros, como lo hacía Manzanares. La tragedia de Pineida, la verdadera víctima del partido, que ya no jugará hasta el próximo año. Las caras de Israel, desconcertado (¿él mandó a su arquero a quemar tiempo de esa manera?, ¿y a jugar tan brusco?).

La desdicha de Oyola, que pagó con un penal equivocado su generosa repartición de patadas y manotazos y no pudo ser el héroe a pesar de que Espinel le regaló la oportunidad. Y el cierre de Angulo, brillante en los goles pero descriteriado al exclamar que los rivales eran unos brutos.

Ya en frío, sería bueno apuntar a lo importante y dejar de lado lo secundario. Es urgente analizar el desempeño de Espinel, pues el juez no solo debe apegarse al Reglamento e impartir justicia (que no es lo mismo que ‘compensar’) sino que debe asegurar el espectáculo. Luego, es conveniente una discusión profesional sobre el estadio de Rumiñahui, que debe ser convertido en un escenario de primera línea. Ojalá que no prosperen otras aristas, como que estamos ante una conspiración del chiriboguismo para sacar al ídolo de la final. Ojalá no seamos, nosotros sí, tan brutos para caer en ese facilismo.

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