7 de abril de 2017 12:37

Ser futbolista en un suburbio de Kenia por un puñado de chelines

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Agencia AFP

A sus 20 años, Henry Eshiboko se considera un privilegiado. Vive con su mujer y su bebé en una vivienda humilde sin ventanas de nueve metros cuadrados, que dispone de un enchufe y de un acceso a agua a menos de 10 metros de la puerta de entrada.

Mejor aún: los muros y el techo de lona, mantenidos por sólidas vigas de madera, no dejan pasar el agua cuando llueve.

"Todo esto es gracias al fútbol", explica este joven habitante de Kibera, uno de los mayores suburbios del mundo, en el corazón de la capital keniana Nairobi. "Con la prima de entrenamiento, 250 chelines (2,25 euros), cuatro veces por semana, alimento a mi familia y pago una parte del alquiler" .

"Las primas por partido - 2 500 chelines (USD 23,84 al cambio actual) por una victoria fuera de casa, 2 000 a domicilio -, nos permiten comprar ropa, utensilios de cocina o algunos extras. Ahora mismo, mi esposa está en el peluquero", sonríe este tipo alto, cuyo rostro marcado se ilumina cuando habla de fútbol o de su familia.

En Kibera, verdadero océano de viviendas humildes esparcidas entre calles llenas de basura y con un olor nauseabundo, la vida de Eshiboko podría asimilarse al lujo: el 80% de la población no tiene acceso a la electricidad y muchos son los que malviven con menos de USD 1,05 diario.

La vida de Henry ha mejorado con las primas. Con tres ascensos consecutivos, los Black Stars (Estrellas Negras) son ahora el mejor equipo del suburbio. Esta temporada disputarán la National Super League (segunda división del fútbol keniano).

El equipo vegetaba hace unos años en las categorías inferiores, pero el club se reestructuró y ha encontrado la manera de poder pagar primas, según explica el entrenador Godfrey Otieno, exjugador profesional que ha decidido quedarse a vivir en su Kibera natal "para ayudar a los jóvenes".

"Antes, no había más de 6 o 7 jugadores en el entrenamiento", recuerda el técnico, destacando que pedir disponibilidad cuatro días por semana para entrenar y los fines de semana para jugar sin compensación financiera "es difícil". "Pero, ahora, todo el mundo viene y puntualmente".

Revancha contra el destino

Los jugadores viven el ascenso de los Black Stars como una revancha contra el destino.

"No porque seamos de Kibera estamos incapaces de realizar cosas o que no podamos tener ambiciones", asegura Henry. "Cuando se habla de Kibera, se habla generalmente de criminalidad, droga, pobreza. No lo negamos, tenemos nuestros problemas, pero gracias al fútbol demostramos que Kibera es más que todo eso".

El capitán del equipo Esan Karani añade que "es como si la luz apareciese de la oscuridad". "Nos gusta el espíritu de este equipo, son gente de Kibera que juega y que nos representan", asegura Bildad Ilondounga, un enfervorecido hincha de los Black Stars.
"Cuando miramos al terreno de juego, vemos jugar a nuestros vecinos".

Esta popularidad del club tiene también una dimensión social. Los jugadores visiten regularmente a familias necesitadas para darles ropa y alimentos y una parte del escaso presupuesto de los Black Stars se destina a un equipo de niños del suburbio, los Slum Soka, que sirve también para forjar a jóvenes futbolistas.

"A veces me ocurre que tomo el bus y no tengo que pagar el trayecto porque la gente me dice: 'Es un Black Star'", dice Eddy Odhiambo, delantero de 21 años.

Pero, los jugadores se benefician también de esta dimensión social, que por ejemplo pueden aprender francés gracias a un convenio con la Alianza Francesa (organismo que difunde la lengua y cultura francesa por todo el mundo) .

Henry sueña desde entonces con jugar en el AS Mónaco, mientras que Eddy se contentaría con jugar "en cualquier club de Francia o Inglaterra, porque allá se habla idiomas que hablo y entiendo". "Si uno o dos jugadores de este equipo pueden ir un día a jugar en Europa, el objetivo se habrá alcanzado", completa el entrenador.

Demasiado caro para los aficionados

El éxito acarrea no pocos desafíos. El club, cuyos colores son el rojo y el negro, debe ahora financiar desplazamientos cada vez más lejanos por todo el país, mantener un terreno de juego ajustado a las normas de la segunda división y continuar con la vía hacia la profesionalización.

En los últimos años, el club ha estado financiado casi exclusivamente por un maestro francés de Nairobi, que se hizo cargo del desarrollo de la entidad. Pero su ayuda y la de los patrocinadores que se han ido uniendo al proyecto no bastarán para cubrir el presupuesto de esta temporada, estimado en 7 millones de chelines (USD 67 803 al cambio actual). "Queremos ofrecer contratos a los jugadores, como los otros equipos de la National Super League, pero no es posible", lamenta Godfrey, que destaca que las Black Stars en enfrentarán este año a equipos con presupuestos mucho mayores.

Los hinchas también están sufriendo las consecuencias del éxito del club. Hace unos años, los partidos atraían a 4.000 espectadores que llenaban el estadio situado en el corazón de Kibera. Ahora, la entidad teme que solo puedan acudir algunos cientos, al tener que disputar los encuentros al otro lado del suburbio, en un terreno adaptado a las normas.

"La ida y vuelta en bus cuesta unos 200 chelines (USD 1,91 al cambio actual), es una cantidad que la mayoría de los aficionados no pueden permitirse", lamenta Godfrey.

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